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A440 / Mis verdades: Ástor Piazzolla

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Uno puede estudiar mucha música, pero lo único que realmente vale es la intuición. No es que esté en contra de la cultura ni de los intelectuales, pero yo tengo un 99,9 por ciento de intuitivo y con eso me arreglo sin problemas. La técnica te ayuda a usar mejor lo que vos tenés y nada más. (...) Hay guitarristas que tocan de oído, como Atahualpa Yupanqui, y nadie puede tocar como él. Reconozco que haber estudiado con (Alberto) Ginastera, (Raúl) Spivak y (Herman) Scherchen me ayudó mucho; pero será un diez por ciento del total. Todo lo hice con entusiasmo, porque nunca estaba conforme conmigo mismo y ensayaba y ensayaba, era un goce personal.

Ir a escucharme sale caro. Me gustaría ser millonario y poner un boliche para que los estudiantes vengan a escucharme por cien mangos la copa; pero eso es imposible, tengo que rebuscármelas de algún modo, todo está difícil ahora, no pasa nada. (...) He actuado en

Goyo, donde cuesta cinco lucas la comida. Es un lugar de ejecutivos, y yo he actuado haciendo música de fondo mientras ellos comían sus lomitos con champignons. He hecho un montón de cosas para tirar, porque ayer, sin ir más lejos, tenía mil pesos en el bolsillo, mil pesos, y eso era todo lo que tenía.

Soy pisiciano, es decir inquieto y empren- dedor.

Yo no pregunto qué prejuicios tienen los que escuchan mi música, sólo pretendo que me escuchen y se liberen de ellos, que sean objetivos. Claro, todos los ojos están puestos en mí y eso me coloca en posición desfavorable, como de víctima. Tengo que ser tan fuerte como todos los que me enfrentan e ir a la televisión y hacer ¡grrrr! para frenar a los demás. (...) En una mesa redonda sobre tango en televisión, (el cantor) Jorge Vidal había citado a los fotógrafos de La Razón porque decía que me iba a dar un tortazo. Entonces, en un momento en que yo estaba hablando, él me interrumpió y me dijo que no siguiera hablando porque yo no sabía lo que era el tango. Yo le pedí a él que se callara la boca porque desafinaba hasta cuando hablaba. No nos agarramos a trompadas porque nos separaron los que estaban allí.

No es que le de demasiada bolilla a la crítica pero por supuesto que me afecta lo que me pueden llegara a decir. En verdad, creo que no respeto demasiado a ningún crítico musical; hay muy pocos que conocen su oficio. Yo reconozco los actos fallidos que puedo tener en mi vida, en mi carrera, pero reconozco más si un amigo mío viene y me dice “esto está mal”. Lo considero más y trato de entender qué es lo que quiere decirme. Lo que pasa es que la gente me identifica con un ogro.

Empecé a tocar el bandoneón en los Estados Unidos; allá yo no conocía el tango, me gustaba el jazz. El tango explotó en mí cuando estuve de regreso, me empezó a gustar el bandoneón y traté de cambiar sus sonidos. Yo lo toco distinto, no mejor o peor que los demás, pero lo toco distinto, o lo exploto más armónicamente. Eso es algo que los demás no hacen, lo tocan siempre de la misma manera. A mi me gusta que el bandoneón sea también un órgano, un armonio.

No me gusta acostarme tarde, ni me gusta la cama en general. Me gusta levantarme temprano y escribir. Yo soy lo anti-noche, soy metódico. (...) Trabajo hasta el mediodía con el piano y bajo a comer a algún boliche. (...)

Cuando regreso camino un poco por aquí y miro la gente, la ciudad, qué se yo; son cosas que me gustan. A veces cuando estoy muy molido, me tiro un poco en la cama, pero no para dormir, porque no me gusta la cama, me parece tiempo que se pierde. (...) No me gusta dormir en la cama sino pensar. La mayoría de las ideas importantes se me ocurren en la cama, acostado con los ojos abiertos. Así que estoy pensando, se me ocurre algo, y paff, voy corriendo al piano a ver qué pasa. Además duermo mal, por etapas, dos o tres horas por noche. Me levanto mil veces para comer algo, fruta por ejemplo. No puedo vivir sin fruta, siempre tengo la heladera llena.

El cine me gusta muchísimo. Películas de todo tipo. (...) En general no me gusta el cine muy intelectual, de todos modos me gusta Antonioni, Visconti, Fellini y Elia Kazan. Pero soy evasivo al entrar al cine y reconozco que prefiero

a James Bond o un buen western, por ejemplo. Los western son buenísimos, perfectos, soy joyitas.

Leí Para vivir un gran amor, el libro de Vinicius, que me pareció encantador. En una época me la agarré con Miguel Hernández, porque poesía es lo que más me gusta leer. También Lorca, Vallejo, los clásicos de este siglo. Me encantan los poemas, lo demás cada vez me interesa menos, salvo biografías de músicos, que te diré que es lo que más he leído. Soy incapaz de leer una novela. Antes que la literatura para mí está la pintura.

Para todo el mundo he sido comunista siempre. Yo de comunista no tengo nada, aunque, a lo mejor, soy el más comunista de todos, porque los comunistas no hacen lo que he hecho yo. Cuando he tenido un conjunto ha sido siempre en cooperativa y nunca le robé un centavo a nadie. Siempre quise que mis músicos fueran felices, porque ese es el único motivo de que toquen como deben. Conozco ese tema, he estado en muchas orquestas, y cuando uno sabe que el director gana diez veces más que los músicos, nace un odio que se trasluce en lo que se hace con la música.

Mi política es mi música. (...) Si a mi me dicen: “Piazzolla, ¿mañana quiere tocar en Rusia?”, yo digo que sí, cómo no, mañana mismo salgo. Y lo mismo en Cuba o en donde sea. Eso sí, me dejan tocar lo que yo quiero y nos pagan como corresponde.

Jamás pude escribir con el bandoneón. Estudié instrumentación, composición y armonía con Spivak en el piano, pero a los tres años tuve que dejar, porque yo tengo los pulgares salidos para afuera, descoyuntados. Pero igual me sirvió, porque el piano lo uso como orquesta, hago los arreglos ahí.

Con respecto a mi música lo único que yo quiero es que se la respete. Por eso me molesta que digan que soy no sé qué cosa, y me molesta cuando dicen que soy un genio. Eso me jode. Yo no creo tener un valor tan grande. Hice lo que sentí y nada más.

Me quiero largar con Luis Alberto Spinetta... quiero armar revuelo.

Textos extraídos del libro Con Piazzolla de Alberto Speratti, publicado por Editorial Galerna en 1969, y de la edición No 362 de la revista Gente de junio de 1972, la crónica de un diálogo compartido por Piazzolla, Billy Bond, Alejandro Medina, Jorge Álvarez, Amelita Baltar, Oscar López Ruiz y Donna Carol. La nota se tituló “La noche en que atacaron la música argentina” y fue firmada por Alfredo Serra.

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