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Alejandro Taranto: "Por LFC he puesto el pecho ante armas de fuego más de una vez"

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Entrevista: Luis Mojoli

Frontal, directo, sin vueltas. Alejandro Taranto es uno de los nombres de referencia a la hora de hablar de los grandes managers y productores artísticos en la historia del rock argentino desde los años 80´ a esta parte. Bajista de origen, sus seis décadas de vida lo encuentran en activo, siempre listo para el siguiente paso.

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Riff, Los Abuelos De La Nada, GIT, Los Fabulosos Cadillacs y Los Guarros fueron sólo algunos de los grupos que managereó. Vivió las buenas épocas, las malas y se convirtió en una autoridad de peso en la industria musical argentina e incluso del exterior. En 1991, luego de desvincularse de LFC, Taranto creó Tommy Gun Records, uno de los primeros sellos discográficos independientes de la Argentina. Con esa compañía editó a bandas como Attaque 77, Hermética, Infierno 18, La Mississippi, Massacre, Nonpalidece, Timmy O'Tool y hasta a los británicos U.K Subs. Taranto también puso al heavy metal argentino en un nivel altísimo con la grabación y producción de Fin de Un Mundo Enfermo de A.N.I.M.A.L, banda que luego llegaría a grabar en USA junto a músicos de Pantera, Fear Factory y Megadeth, entre otros.

Taranto, el Rick Rubin criollo, el mismo tipo que en 2019 fue declarado Personalidad Destacada en el Ámbito de la Cultura, por la Legislatura de CABA, sigue a paso firme en 2022: compuso la música de Acariciando el Golpe, documental sobre el fallecido baterista Martín Carrizo que está dirigido por Fernando y Diego Dachdje; es representante de la compañia Blind Sound Immersive Audio, compañía líder en mezclas de sonido en formato Dolby Atmos y se encuentra abocado a diversos proyectos.

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A continuación, la primera parte de la charla que REC Or Play mantuvo con Taranto en el bar y vinoteca Las Divines durante el mes de junio. Una entrevista picante, en la que Taranto va al grano y no se calla nada:

¿Cómo se dio tu aproximación hacia la música?
Empecé en la casa de mi abuela materna. Había piano, música clásica y balcánica. A los 6 años vi a Sandro y los del Fuego en el programa de Pipo Mancera y dije: “Yo quiero esto, quiero rock”. Lo definí a muy temprana edad. También descubrí a Creedence Clearwater Revival.

¿Y en qué me momento arrancaste con el bajo?
A los 13 años, luego de ver a Chris Squire con Yes pensé que el bajo se tenía que poder tocar de otra de manera, no como McCartney. El bajo era un instrumento subestimado. Me pasó lo mismo con el disco Machine Head de Deep Purple: me partió la cabeza el audio de bajo que tenía Roger Glover. Era un bajo Rickenbacker al cual le decían “el bajo roto”. Sin ningún pedal de distorsión ya sonaba con tanta ganancia, bien característico de Rickenbacker.
Así fue que tuve mi primera banda con la que tocamos en el Colegio La Salle en 1976. Eso fue en un concurso de bandas de rock. La banda se llamaba Paseo. Seguimos en contacto con esos amigos, uno de ellos es contador y el otro veterinario. Todo eso fue gracias a la música.

¿Cuál fue tu primer bajo?
Mi viejo vino un sábado a la tarde de un remate y me dio una guitarra que no tenía hardware, micrófonos y clavijas. Yo me tuve que armar esa guitarra y aprendí cómo funcionaba un instrumento eléctrico. No había muchos luthiers en aquella época: había uno que se llamaba Amorín, que hacía réplicas de Gibson Les Paul, de SG y de bajos Rickenbacker. El tipo mandaba a traer todos los elementos de afuera. Ahí lo vi por primera vez al pelado Héctor Starc, que le llevó una Les Paul negra. Yo tenía trece años más o menos. Hice un canje y me quedé con un bajo SG. El primer riff que saqué fue el de “Jeremías Pies de Plomo” de Vox Dei.

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Del bajo pasaste al mundo del management. ¿Cómo se dio ese proceso y en qué momento terminaste volviendo a tu instrumento?
En aquella época Isa Portugheis me dijo “¿Por qué querés tener una banda? ¿Con toda la creatividad que tenés, por qué no trabajás con varias bandas? Y añadió: “O sos mánager o sos músico”. Así que decidí ser manager. Durante los 30 años en los que fui representarte de artistas, productor y talent development, nunca toqué el bajo, salvo algunas zapadas con A.N.I.M.A.L. Hasta que, en 2012, cuando dejé de trabajar con Infierno 18, volví al bajo. De alguna manera lo que les trasmití a algunos músicos y lo que aprendí de ellos, lo apliqué en lo que hago, que es tocar el bajo. Si me preguntan si soy bajista respondo que a mí me gusta tocar el bajo. Tengo mi audio y lo toco de una manera troglodita, diferente a bajistas que admiro mucho como Titi Lapolla. Yo he grabado a Robert Trujillo y Titi no tiene nada que envidiarle a él. No sé tocar slapping, tampoco sé tocar reggae. Mi maestro fue Eduardo Frezza, el bajista de El Reloj. Él me dijo: “Vos querés tocar rock and roll, ¿no? Bueno el bajo de rock se toca con púa.”

En una época trabajaste en una fábrica de ropa llamada Little Stone. Sucedió un hecho particular allí. ¿Podés contarnos esa anécdota?
Ahí conocí a todos los de la nueva movida: Virus, el Conejo Jolivet, Néstor Vetere de Dulces 16, etcétera. A la tarde, cuando hacía un break para comer iba al bar La Calesita de la Galería del Este. Me sentaba lo más cerca de la mesa donde estaban Federico Peralta Ramos, Marta Minujín, Javier Martínez, todos egresados del Di Tella. Eran las 5 de la tarde y estaban hablando de metafísica. Yo escuchaba sus reflexiones y quedaba alucinado. En esa época también iba al Agujerito, la disquería, donde quizás llegaba el Zennyatta Mondata de The Police y te decían “Tomá, después me lo pagás”. Luego me pasaron de la Galería del Este a Álvarez Jonte entre Campana y Lavallol, a la fábrica de Little Stone. Así que un día viene el dueño y me dice “Che, está Pappo con uno que se llama Michel. Atendelos vos”. Ya había salido Ruedas de Metal, disco que había escuchado y me partía la cabeza. Efectivamente Pappo y Michel Peyronel vinieron y pidieron que le armemos un vestuario. Nunca me voy a olvidar de ese primer encuentro. Pappo tenía un traje de vestir celeste, con una camisa blanca con el cuello a lo John Travolta y peinado con gomina para atrás, algo insólito en él. Se ve que Michel le habrá dicho “Vestite bien que tenemos que dar una buena imagen”. Y Michel, que venía de Europa, llegó con sus ojos de neón y un sobretodo de cuero negro. Fueron los primeros que me mostraron cómo se vestían los Judas Priest, Accept, esas bandas. Ellos querían eso. Tuve la suerte de decir que el primero tipo que le hizo un vestuario a los Riff fui yo. Lo hice desde Little Stone. Después esa marca les auspició un Obras. Más tarde me terminé yendo de la empresa.

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¿Existía el merchandising en el país durante esos años?
No, y me di cuenta que la veta era esa.  A partir de un amigo, Hugo Scolnik, conozco a Bolita Scheffer, manager del Dúo Fantasía. En esa empresa estaba Rubén Rada, Zas a punto de explotar y Claudia Puyó. Un día le caigo a Bolita a vender remeras y me dijo que eso acá no funcionaba. Así que me fui a Rodríguez Peña y Santa Fe a verlo a Daniel Grinbank. Le dije que sabía que él hacía remeras de Serú Girán y yo fui a ofrecerle las mías. Él vio todo y me dijo: “OK, si yo llego a ver una remera por la calle de Serú Girán, sé que las hiciste vos así que te voy a ir a buscar”. Esto fue en la época post Malvinas. Antes de la guerra, conozco a los V8 en la proyección de la película Rock hasta que se ponga el sol. Los tipos eran unos demonios, yo me identificaba con ellos. Ahí me encuentro con Ricardo Iorio y él me muestra por primera vez lo que era Judas Priest. Iorio tenía una remera de Rob Halford roja con estampado negro. Me dijo que si me gustaba Black Sabbath tenía que sí o sí conocer a Judas Priest, a Accept y a Saxon. A mí eso me marcó mucho.
Después me di cuenta que no iba a entrar en el negocio de las remeras y me fui a verlo de nuevo a Bolita y le dije que quería ser manager. Me dijo: “Nunca vas a poder ser manager, porque es muy cerrado el ambiente”. Me fui más fuerte de ahí. Pensé: “Voy a ser capitán”. Pero mi vieja me enseñó que para ser capitán primero hay que ser marinero.

¿Ya estabas vinculado con algunos managers, ¿cierto?
Sí, ya ese verano yo estuve en contacto con el mánager de Miguel Mateos, Willy Bosso. Lo conocí también a Alejandro Bértoli, el plomo de la banda, en el Teatro Roxy de Mar del Plata. Era el año 1984. Me dijo: “¿Qué me mirás? ¿Te debo algo? ¿Qué querés?”. “Quiero entrar gratis”, le repliqué. “Bueno, vení. Ayudame a bajar el piano Kawai.” Ahí empezó la relación con él. Yo empecé como plomo del grupo GIT. Después vino el Rock in Bali, ahí lo conocí a Mundy Epifanio. Termina ese verano y me llaman para ser el mánager de Súper 8. “¿Qué onda hacen?”, pregunté. Me respondieron “Algo tipo Talking Heads”. Yo entendí “Motörhead”. Cuando voy a ver al grupo me di cuenta que tocaban algo re elaborado tipo Adrián Belew, King Crimson, toda esa data. Les dije: “Che, tienen que cambiar todo, incluso el nombre. El nombre es de cuarta.” Yo me puedo jactar de que a todos los músicos que produje, incluso hasta el día de hoy, nunca les dije lo que querían escuchar.

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¡Estilo Taranto!
Jaja, sí. Incluso hasta el día de hoy. Les aclaro: yo no te voy a decir lo que vos querés escuchar. Te voy a decir todo lo que no querés escuchar. Fui formado por tipos como Mundy Epifanio o Carlos Rodríguez Ares que me decían “O sos manager o sos secretario de músicos”. Isa Portugheis me decía: “Está el manager que le sirve whisky al artista, el que le peina las rayas y el que les dice que no”. Nunca le chupé las medias a ningún artista. Los artistas que quisieron dejar de trabajar conmigo, cuando pasaron del barro al asfalto; de comer paté con galletitas a bifes de chorizo y se creyeron que podían con todo y no querían repartir el dinero… Te quisiste ir, OK, andate. Que Dios te bendiga. Nunca le inicié ningún juicio ni le trabé ninguna ventanilla a ningún artista. Por eso llego a los 60 años y la Legislatura porteña me declara Personalidad Destacada de la Cultura de nuestro país.

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Lindo y merecido reconocimiento.
Sí, aparte aparecieron mis maestros ahí: Isa Portugheis y Carlos Rodríguez Ares.

En una época trabajabas con la banda Marte Ataca y el disco finalmente no editó. ¿Qué pasó?. Hay un tipo, que se llamaba Tejeiro, que laburaba en CBS, y le dijo a Rodríguez Ares: “¿Para qué vas a firmar a Marte Ataca? Si ya tenemos fabricado el disco de La Sobrecarga. Son la misma mierda con distinto olor. Echalos a esos”. Así de corta fue. Y borraron el máster de lo que estábamos grabando con Marte Ataca. Carlos me dijo: “Te devuelvo el contrato de Marte Ataca. Aunque el día de mañana sean los Beatles resucitados, no me interesa. Lo que me interesa es el manager. Si querés quedarte a laburar con nosotros, sos bienvenido.” Ahí empecé a ser asistente de producción de Isa Portugheis. En una noche de esas, en las que estaba Vitico, Lalo Mir y Carlos, me llamaron y me dijeron: “Vení, pendejo. Ya estás preparado para ser manager. Acá tenés el rooster de artistas. Elegí uno”. Estaban Los Twist, Los Abuelos de la Nada, La Sobrecarga, Cosméticos, Suéter y, debajo de todo, Los Fabulosos Cadillacs. Yo elegí a Los Cadillacs. Me dijeron que era un boludo. Lalo Mir, con lucidez, expresó: “A ver, pará. ¿Por qué los elegiste a ellos?”. Le respondí con firmeza: “Voy a hacer de esta banda algo mucho más grande de lo que fueron Los Twist en Argentina y los voy a sacar al exterior”. Al sábado siguiente tocaban en vivo.

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Pero vos ahí todavía no eras el manager, ¿cierto?
No, era Poppy Manzanedo, que también era manager de L Sobrecarga. El público de Los Cadillacs rompía butacas bailando ska, así que Flavio Cianciarulo me dijo: “¿No querés ser manager nuestro?”. Vino Poppy, que era mi amigo y le digo: “Mira, me pidieron que sea yo el manager. ¿Qué hacemos?”. Me dijo: “Sí, no me los banco más a estos soretes. Haceme un favor, vos tenés influencia con Rodríguez Ares, liberame a La Sobrecarga y yo te doy el contrato de Los Fabulosos Cadillacs”. Ahí empezó mi historia con ellos.

Empezaste con Yo te avisé, disco que trabajaron junto a Andrés Calamaro.
Sí, en esa época te ponían como manager en los créditos pero uno coordinaba todo, era como un productor ejecutivo. Y los A&R de las compañías se quedaban con esos puntos y te cagaban.

En esa época no habías hecho ninguna producción artística todavía…
No, para nada. Yo me asumo como productor artístico de estudio después de los 40 años, luego de haber ganado varios discos de Oro y Platino. Después de eso dije: “Yo soy productor artístico, loco”. Porque siempre figuraba como productor ejecutivo y también era manager. Yo me creía integrante de las bandas y por eso los grupos se rayaban conmigo. Me decían “Pará, flaco. Vos sos el manager”. Sí, pero había ideas que eran mías que surtían efecto y los aplausos de la gente se los llevaban ellos. No lo digo desde un lugar resentimiento: cuento la verdadera historia. Los managers muchas veces hemos sido vistos como el gordo que se fuma un habano en un asiento forrado de piel de músicos.

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Se los veía como los cagadores de los músicos, digamos…
Conozco y te puedo enumerar varias decenas de músicos muy cagadores. Pero no tengo por qué mandarlos al frente. El ambiente nuestro es muy chico y todos sabemos quiénes somos todos. El tiempo siempre muestra la verdad. Todos los artistas con lo que trabajé pasaron desde cosas como tener cuerdas oxidadas o no tener un instrumento profesional a llegar a hacer un Obras, viajar por el exterior, firmar con compañías multinacionales y tener gran difusión a no querer trabajar más conmigo. ¿Por qué? Porque lograba demasiado protagonismo con las bandas. Sin querer hacerlo, porque lo que pasaba es que en estos 35 años me dediqué mucho más a lo artístico y musical, que a la venta de entradas y las finanzas. Eso no significa que yo no sea un ejecutivo.

¿Cuánto tiempo trabajaste con Los Fabulosos Cadillacs?
Trabajé en tres álbumes icónicos de ellos: Yo Te Avisé,  El Ritmo Mundial y el Satánico Dr. Cadillac. El Ritmo Mundial es el que incluye a Celia Cruz. Más de uno de los integrantes no sabía quién carajo era Celia Cruz. El mérito de que Celia venga a la Argentina es de Bernardo Bergeret, que fue quien llamó en persona delante mío a Jerry Masucci, dueño del sello Fania-All Stars, compañía con sede en New York que agrupaba a todos los artistas de salsa. Bernardo pidió a Willy Colón y a Celia Cruz para que vinieran a grabar como invitados en Ritmo Mundial. Colón no podía y Celia arregló para sumarse, porque no venía a la Argentina desde 1966. Dijo: “Ok, yo voy y grabo con estos chicos. Pero quiero una rueda de prensa y televisión en Argentina”. Eso fue parte de mi responsabilidad. Se cerró el deal y la fui a buscar a ella y su esposo. Él tenía diabetes, así que había que conseguirle un back up de insulina, tener una heladera con mate a baja temperatura y otras cosas.

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¿En qué momento finalmente se conocieron los Cadillacs y Celia?
Recién se encontraron al momento de grabar. Esa medianoche, antes de llegar al Estudio Panda, fuimos a comer a La Estancia, en Entre Ríos y Belgrano. Estábamos Henry Masucci, una amiga, Bernardo y Kleiman, pero no el periodista, sino otra persona.De repente, Celia ve que me traen mis papas fritas con sal y me dice: “No, Alejandro. No podés comer eso. Te va a hacer mal”. E hizo que me trajeran otras sin sal. Muy maternal todo. Luego llega el momento de ir a grabar y dijimos: “¿En qué vamos?”. Fuimos en el auto de Henry y a mí Kleiman me dice: “Tomá, llevate mi Mercedes”. Llegamos a Panda, les presentamos a los chicos y Celia pidió su té. Estaban Mario Breuer y Walter Chacón de asistente. Le pasamos música y la letra de “Vasos Vacíos” a ella. Fuimos muy prolijos, todo estaba impreso en A4, pero con máquina de escribir. Recordá que no existían las impresoras en esa época. Celia no la veía, así que nos pidió que le pasáramos la letra con fibrón. Esa noche fue muy importante en mi vida, no sólo por grabar a Celia Cruz. Además, estaban presentes Andrés Calamaro y Ariel Rot, quienes estaban muy emocionados de verla a Celia. Por otro lado, durante esa grabación me traen un sobre con unos análisis del Sanatorio Otamendi. Me enteré que iba a ser padre. Ahí nos pusimos todos a festejar, fue un gran momento.

¿Por qué compañía se editó el disco?
Por CBS. No vendió lo esperado, aunque era de avanzada. La gente pedía los temas de Yo Te Avisé en vivo.  Igual, la banda laburaba a rolete. Imaginate que yo me casé un miércoles, el jueves no fui a trabajar; pero viernes, sábado, domingo y lunes estuve de gira.

Los Cadillacs fueron una parte muy importante de tu carrera y tu vida.
¡Por supuesto! Crecimos juntos. Yo los quise mucho, me sentía el hermano mayor de los diez que éramos. Me lo dijo Juan José Cerati en 1989, cuando me vino a buscar para ser manager de Soda Stereo. Fuimos a tomar café a Clásica y Moderna y me dijo: “Usted es una persona muy noble, Alejandro. Pero lo veo muy arraigado a Los Fabulosos Cadillacs. Me habla de ellos como si fueran sus hermanos. Entonces, yo no me quedaría tranquilo sacándole el mánager de la banda”.

¿Qué etapa fue esa?
La época en la que se va Alberto Ohanian e ingresa finalmente Daniel Kon, quien era el editor del Suplemento Sí del Diario Clarín, como manager de Soda. Esto fue en el año 1989.

Antes me decías que Ritmo Mundial no vendió lo esperado. ¿Qué pasó en ese entonces?
La compañía CBS me empieza a apretar para que rápidamente les dé otro disco. Con ese tercer álbum concluía la primera parte del contrato. Así que se entra a grabar El Satánico Dr. Cadillac. En ese momento, año 1989, nació mi hijo y dejé absolutamente todos los vicios. No tomé más cocaína desde esa época. Ya no me interesaba más eso, me sentaba bien el sol, me corté el pelo, empecé a usar saco. Ya está, cuando te convertís en papá tomás mayor conciencia de todo.

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La época era complicada, ¿no?
Sí y las cosas dentro de Los Fabulosos Cadillacs no estaban funcionando muy bien, dado que le estábamos haciendo perder dinero a muchos contratantes del interior del país. Fue la época de los retiros voluntarios de los empleos: si vos renunciabas te indemnizaban por todo el tiempo que habías trabajado ahí. Mucha gente agarró el dinero de ese retiro y quería contratar a Los Cadillacs. Y el tipo que quería llevar a LFC nunca había hecho un espectáculo, por lo cual creía que, poniendo un cartelito en la puerta del gimnasio o lugar del show, iba a venir público automáticamente. Hubo una cantidad de sapos correlativos… Yo me estresaba porque tenía que sacarle la guita a los tipos esos.

Tuviste anécdotas pesadas en esa época.
Sí, hubo cosas muy heavy. En Catamarca, una en Temperley… Me ponían una máquina acá arriba y me decían: “¿Qué? ¿Querés cobrar? SI no trajeron a nadie.” Yo por los Fabulosos Cadillacs puse el pecho ante armas de fuego más de una vez. Repito: más de una vez.

¿Qué pasó después?
Llegó un momento en el que parte de la banda ya estaba muy enrollada con el tema de la cocaína. Como dice David Lebón: “El porro te roba las ganas y la cocaína te roba el alma”. El disco no fluía, estábamos en Del Cielito y no salían las letras. De hecho, en ese álbum hay dos temas instrumentales. Se acabó la creatividad. Por otro lado, me empujaban para que entregara el disco. Era una presión tremenda. Mario Breuer lo trabajó en Del Cielito y Jorge Da Silva lo mezcló en ION. En un break Mario me dice: “Che, todo mal. Se están peleando adentro del estudio”. Era de tarde. Yo le dije: “Veo que estamos metidos en un macadam, no salimos de este pantano. ¿Sabés cómo se debería llamar este disco? “Estoy desesperado por volver a pegar un tema como “Mi novia se cayó en un pozo ciego, pero no se me cae una puta idea”. Breuer me dijo “Tenés razón” y se metió adentro del estudio. Tiempo después me enteré, por uno de los integrantes de la banda, que Breuer entró, lo agarró al líder del grupo, que estaba pasado de merca, y le dijo: “Che, ¿sabés lo que me dijo Taranto?”. Eso fue la cruz para conmigo. Lo peor que le podés decir a un tipo que es inteligente, pero que está pasado de cocaína, es que está haciendo las cosas mal y que está fracasando. Fui el mejor chivo expiatorio. Llegué hasta la mezcla y pensé “Che, el Satánico Dr. Cadillac me lo hicieron a mí. Dejate de joder”. En determinado momento Flavio dijo: “Uh, loco. Sonamos como Soda Stereo”. Y Vicentico sacado le dice: “¡Nosotros somos más grosos que Soda Stereo! ¡Entendelo!”. Lo miré a mi hermano, Da Silva me miró y me fui del estudio. Llamé y Osvaldo Acedo me dijo que terminaron la mezcla como pudieron, que no estaban bien. Yo a todo esto tenía que entregar los masters, tenía 27 años. Fui a llevarle los cuatro masters de dos pulgadas al capo de la discográfica y le dije: “Yo me bajo de este barco, porque se hunde”. Y él me preguntó: ¿Estás seguro, pibe?”. Le respondí que sí, y que iba a cumplir con lo pactado con la compañía. Ahí mismo, me retrucó: “¿No querés ser el manager de Los Pimpinela?”

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Con Jimmy Page y Robert Plant de Led Zeppelin

¿Cómo reaccionaste?
Le dije: “No sé, acabo de tener un hijo”. El me comentó que lo de Pimpinela era por seis meses, que había mucho dinero involucrado y que el grupo hacía base en España. Lo consulté con mi esposa y decidimos que no.

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