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Ariel Topo Raiman: "La época del Stud marcó un quiebre"

Topo Raiman

Entrevista: Luis Mojoli

Con un groove firme y a la vez relajado, hace más de treinta años que empuja el ritmo en Los Pericos, la banda argentina que llevó al reggae nacional a las grandes ligas.

Hoy, muchos discos y kilómetros más tarde, este baterista que empezó escuchando vinilos de Rush y AC/DC, prepara el nuevo disco de su banda, un compilado de covers del cancionero hispanoamericano. Pero además de su actividad con el combo liderado por Juanchi Baleirón, Ariel "Topo" Raiman tiene otras facetas. Una de ellas es la de realizador audiovisual, carrera que comenzó a cursar en la época del surgimiento de Los Pericos

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Después de que el productor Damián Originario le acercara la idea de reconstruir la historia del mítico Stud, un reducto que funcionó entre 1982 y 1985 en Avenida Del Libertador 5665, Raiman se puso manos a las obras y parió Stud Free Pub (Una buena historia), un documental sobre el legendario recinto.

Dicho registro cuenta con testimonios de personajes de la talla del Indio Solari, Charly García, Ricardo Mollo, Germán Daffunchio, Timmy McKern, Zeta Bosio, Richard Coleman, Sergio Rotman, Rubén Rada, Pipo Cipollati, Miguel Zavaleta, Fernando Samalea, Daniel Melingo, Diego Frenkel, Claudia Puyó, Willy Crook, Viuda e Hijas de Roque Enroll, César Banana Pueyrredón, Alfredo Rosso, Claudio Kleiman y Lalo Mir, entre otros.

Convocado por REC Or Play, el Topo Raiman habló sobre la difícil tarea de reconstruir la historia del mítico Stud para este rockumental, su actualidad con Los Pericos, la pandemia, inicios con la batería, el afianzamiento del grupo tras la salida de su anterior vocalista y más. Esto es lo que nos dijo:

¿Cómo se sintieron realizando los primeros autoshows con Los Pericos en medio de la pandemia? Es una modalidad muy distinta a la habitual.
Fue muy raro, nos estamos profesionalizando en la materia de tocar para autos (risas). Pero la gente sale por la ventana o se sube al techo. Algunos bajan del auto y permanecen al lado. Eso se puede. Terminan siendo unos shows buenos, pero con bocinazos. Teníamos miedo de que fuera algo frío, pero los conciertos están buenísimos. No es lo mismo, pero se disfruta. Los shows que venimos realizando son bajo esta modalidad, salvo uno que hicimos en Obras al aire libre.

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Previo a la pandemia, venían girando mucho.
Sí, somos una banda que laburamos un montón. Ya son 34 años desde que arrancamos. Nunca paramos de trabajar, sean años mejores o peores. En 2020 teníamos programados un montón de shows, incluso uno de cierre en el Auditorio Nacional de México. Veníamos de una gran gira por USA y México. Recuerdo que cuando salimos ya había rumores de que el COVID-19 se estaba esparciendo y los promotores de los shows nos comentaban que ya no se estaban vendiendo tantos tickets. Cuando llegamos a Chicago, directamente nos dijeron que nadie estaba comprando entradas. Eso era sobre el final de la gira. Luego, el ahora ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que se cerraban los aeropuertos. Nosotros justo nos estábamos yendo a México. Ahí empezó a complicarse todo y Ana Poluyán, nuestra mánager, cambió aviones y gestionó todo para que volvamos a casa. Ezeiza se cerró un martes y nosotros justo llegamos el martes. Hicimos cuarentena en la casa de Juanchi. Llegamos justo.

Los Pericos están trabajando en un nuevo disco que quedó en stand by por la pandemia. ¿Podés adelantar algo?
Sí, es un álbum de covers de canciones en habla hispana. Tomamos temas de Roberto Carlos, Caetano Veloso o Julio Iglesias, por ejemplo, y los llevamos al formato de Los Pericos. Empezamos a escuchar cosas que quizás no conocíamos tanto; buscamos temas antiguos de música mexicana y otros. Todavía estamos armando el repertorio en nuestra sala en Núñez, aún es muy pronto para definirlo.

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Además de tu rol como baterista en Los Pericos, has dirigido varios videos. ¿Cómo surgió esa faceta?
Siempre soñé con ser baterista y director de cine, esas eran mis grandes aspiraciones. Comencé a estudiar las dos cosas y luego surgió la carrera con Los Pericos. Con la banda generalmente estuve metido en los videos y diseños de tapas de algunos discos.

¿Cómo empezaste con la música? ¿Por qué te iniciaste con la batería?
Mi papá, neurocirujano de profesión, era muy copado y en casa la música era algo importantísimo. Él mandó a construir un equipo de música para que sonara muy bien. Recuerdo cuando escuchamos el Made In Japan de Deep Purple. El solo de batería de Ian Paice en “The Mule” nos copó como familia. Así que un día mi viejo compró una batería Rex. La armamos como pudimos, mi papá tocó un poco y la dejó ahí. Yo me subí y no me bajé nunca más.

¿Tomaste lecciones?
A los 10 años llamé a un profesor a través de los clasificados de Segunda Mano. Tuve la suerte de que la persona que vino era Oscar D´Auria. Es un groso total. Él básicamente me enseñó a tocar.

Y después de la Rex, ¿qué baterías tuviste?
Con el tiempo pude acceder a una batería Colombo y más tarde le compré a Kike Gentile Pont una bata que era una imitación de la que Neil Peart de Rush usaba en ese momento. Era alucinante. Después me metí más en el palo new wave y le fui sacando cosas. Esa fue la primera batería con la que grabé discos de Los Pericos: una Tama. Más tarde, me compré una Remo y posteriormente fui endorser de Tama. Hasta que en 2001 empecé a utilizar baterías Solidrums, una firma importante argentina, y sigo con ellos.

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¿Qué te llevó a utilizar estas baterías?
Están muy bien hechas. Walter, el dueño, le pone un amor increíble a lo que hace. Tienen un gran sonido y además una interacción directa con la fábrica; podés ir y solicitar lo que querés ahí in situ. Yo soy de la generación que creció pensando que todo lo importado era lo mejor, hasta que me di cuenta que hay una industria nacional que realmente está buena. Hay mucho talento. A pesar de que sea un país difícil, realmente hay grandes cosas. También se están haciendo muy buenos platillos. Los Terrapiano son uno de ellos. Ahora voy a empezar a hacer una serie de programas web mostrando productos nacionales.

¿Qué marca de platillos usás?
Utilizo platos Zildjian, pedales Tama Iron Cobra, palillos DT Music, banquetas El Peñón, y generalmente voy intercambiando entre parches Evans y Remo.

¿Qué cambios notás con respecto a cómo se grababan baterías hace algunos años atrás y cómo se hace actualmente?
Hay una parte que es igual a como se grababa antes: es necesario que cada cuerpo tenga su micrófono, que el tambor tenga dos y más cosas. Sí cambió mucho el tema de la performance. Antes tenías que tocar todo el tema sí o sí, por la cuestión de la cinta. Igual, se podía cortar. Pero el hecho de la grabación digital, que a veces está bueno o no tanto, permite que puedas intercambiar fragmentos de tomas y además parar y volver a regrabarlo cuantas veces quieras. A mí, de todas formas, me gusta seguir tocando el tema entero y que quede. Medio a la manera old school. Ahora podés tocar con una batería de baja calidad y quizás ponés el Addictive Drums, elegís un tambor que te guste y cambia totalmente el sonido. Son herramientas, no reniego de ellas.

¿Cuál fue tu primer vinilo?
Mirá, en realidad primero me regalaron uno de Hendrix. Pero recuerdo que después me compré Let There Be Rock de AC/DC y Exit… Stage Left de Rush. Esos fueron mis primeros dos vinilos.

¿Cómo llegaste al reggae?
Con Juanchi Baleirón nos conocimos y comenzamos a tocar rock, heavy metal y otras cosas. Luego nos metimos en el punk y después en el new wave. Fijate que The Police tocaba reggae, The Clash también.

De alguna manera el reggae y el punk fueron la voz de esa época.
Sí, aparecieron los Ramones, Sex Pistols, The Police y nosotros metimos a todo en el mismo lugar. Así fuimos entrando al reggae.

Hablemos sobre los años de oro del Stud Bar.
 Recuerdo de haberme cruzado allí a Calamaro, a Gustavo Cerati. Todas las bandas nuevas de los 80, venían con una onda new wave. Y en estos lugares se les daba cabida y tocaban. En el Stud los viernes y sábados tocaban algunos artistas consagrados y los domingos se lo dejaban a bandas nuevas. Entonces, quizás un domingo escuchabas a Clap y Fricción y los otros días a Miguel Mateos, Suéter y otros grupos. La época del Stud marcó un quiebre, empezó a aparecer mucha gente nueva y coincidió con el tema de que los sellos discográficos salieron a buscar grupos, porque en 1982 estaba prohibida la música en inglés por la Guerra de Malvinas, y se encontraron con bandas como Soda Stereo, Sumo y, más tarde, Los Fabulosos Cadillacs. Se armó una nueva generación.

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¿Cómo fue la génesis de “Stud Free Pub”, el documental?
Damián Originario, que es uno de los socios de la película, trabajaba con el dueño del Stud. Se juntaron y luego se armó una página de Facebook del Stud. Y bueno, de repente surgió la idea de hacer el documental y comenzamos a reunirnos para ver cómo llevarlo a cabo.

Me imagino que fue muy difícil, porque no hay muchas fotos de la época.
Es que no estaba el concepto de tomar fotos a la noche, vos ibas a ver un show. Había pocos registros. Así que hicimos un trabajo de hormiga con Damián y se fue armando de a poco. Ahora que se estrenó me llaman y me dicen: “Che, yo tengo el flyer de esto y tal video de tal noche”.  A todo el mundo le digo lo mismo: la película no la terminé.

Quizás venga la segunda parte…
Sí, si hay material, bienvenido sea.

Hay toda una generación que pasó por allí y por el Einstein, Zero Bar, Palladium y otros. Estaría bueno que hicieras algo sobre todos los reductos.
Sinceramente la idea se me cruzó muchas veces por la cabeza. Por otra parte, ya veníamos avanzados con esto del Stud. Pero sí, surgió el tema de reflejar cómo era la noche porteña de los 80´. Fue cambiando todo: en esa época las cosas eran muy diferentes. La película se encarga de recordar justamente cómo era todo y recordar.

¿Cuál fue tu propósito con respecto a la edición?
Mi idea era lograr que casi todas y todos los que estuvimos en esa época charláramos y recordemos aquellos años. La intención era esa, que sea como una única charla, en la que todos contáramos lo que pasó ahí. A mí el Stud me quedaba más o cerca, yo vivía en Núñez y trataba de ir a los lugares más a mano o en los que podía entrar gratis.  Ibas al Stud y si no veías a Los Fabulosos Cadillacs, a Los Violadores u otra banda así en algún reducto. Siempre alguien estaba tocando, si no era en Stud era en La Esquina del Sol u otro lado.

El público era muy distinto. El rock luego se masificó y dejó de ser algo rebelde contra el establishment.
Si bien en el rock había algo contra el establishment, también por otra parte había bronca por no estar metido en él. Vos lo que querías era tocar delante de mucha gente. Y para eso tenías que estar con Grinbank y estar en un sello como EMI, por ejemplo.

Pero eso implicaba, por ejemplo, no ser muy punks…
La actitud punk venía más por el lado la rebeldía hacia  todo. No te olvides que los Sex Pistols fueron gestionados por el dueño de una marca de ropa. Todos estábamos en esa…

Queríamos ser escuchados.
Si no eras escuchado y no te pasaban por la radio, te enojabas. Pero después cuando la radio te daba bola, era eso justamente lo que querías. Entonces creo que ahí se mezclan un poco las cosas. Después, muchos fuimos llegando a las radios y a los sellos grandes e hicimos lo que queríamos hacer: tocar. Yo en realidad lo que quiero es tocar. Para eso necesito ganar plata, ser popular. Y antes para ser popular necesitabas un sello. Agradezco el hecho de poder hacer lo que me gusta.

Lo bueno es poder mantenerse en esto y poder vivir de la música como profesión después de tanto tiempo.
Los chicos de la banda y yo mantenemos el mismo espíritu. Estamos muy agradecidos.

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Los Pericos se adaptó al cambio que implicó la salida del Bahiano y el surgimiento de Juanchi Baleirón como nuevo frontman. ¿Un grupo va más allá de un líder?
No sé, depende de los grupos. Cada banda es un universo. Nosotros no teníamos un líder. La gente a veces piensa que el líder es el cantante y no siempre es así. En Los Pericos todos componíamos, era y es un equipo. Tuvimos que transmitirle al público que seguíamos igual, pero pudimos rearmar el equipo. Siempre fuimos un team. Recuerdo el primer show que tuvimos, en Perú, luego de la salida del Bahiano. Nos llamaron y les advertimos que se había ido el cantante y nos dijeron: “¿Y?”. Es como que afuera del país se adaptaron más rápidamente, acá costó un poco más.

Juanchi Baleirón no tuvo problemas con el rol de frontman…
Hizo un gran laburo, tuvo mucha actitud y fuimos para adelante. Ese proceso llevó unos cinco o seis meses. Después de lo de Perú había un Quilmes Rock y tocamos en plan: “si te gusta bien y si no también”. Y a la gente le agradó. Están los que les gusta igual y están los que nos siguen puteando. Ahora somos esto y vamos para este lado. Es así.

¿Tienen algo programado para febrero?
Hay muchísima incertidumbre. Imaginate que en circunstancias normales ya tendríamos casi todo el año programado. Un año sin trabajar realmente es duro. Por ahora venimos surfeando, pero estamos ahí. Necesitamos que la situación se revierta.

Mencioname dos estudios, uno nacional y otro internacional, a los que te gustaría volver para grabar.
Panda es uno de ellos. Y de afuera me gustaron mucho Russ de Los Angeles y Mystic de New York, donde grabamos a fines de los 90. No sé si ambos seguirán existiendo. Los estudios lo que tienen de bueno es que tienen su mística. Vas a una de esas salas y ves que ahí grabó Kiss o Billy Idol. Es genial.

¿Cómo te manejás por el lado de la afinación? ¿Llamás a algún drum doctor?
Me gusta afinar yo, pero estamos laburando codo a codo con Enzo Gullo que también es nuestro stage manager y drum doctor. Hay una interacción muy copada y sabe qué es lo que me gusta y necesito.

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