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Botafogo: Siento que estoy empezando

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Por Matías Martínez

Tu debut en la música fue a los 17 años con Pappo’s Blues. ¿Qué recuerdos tenés de eso? De mi debut en Pappo’s Blues, el 28 de diciembre de 1973, recuerdo los ensayos previos en el sótano de la peluquería de mi viejo, el debut en el viejo cine-teatro Flores de Lanús, donde en un momento dado se cortó la luz y entonces... riguroso solo de batería interminable y un Fiat 600 en el pasillo iluminando el escenario. También recuerdo el cruce del río a Montevideo en el 33 Orientales, un viejo barco que tenia un piano humedecido y desvencijado en un pasillo de la cubierta, donde Norberto y Charlie se pasaron la noche tocando y cantando: íbamos Sui Generis y Pappo’s Blues a tocar a Bu-Tan-Tan en la Avda. Gorlero de Punta del Este. Para mí era como estar en ácido, alucinaba todo el tiempo con estos quías; yo con mis 17 años recuerdo que apareció Vitico en el hotel y me dio vuelta la cama conmigo encima (ése fue mi amanecer en Punta), estaba celoso porque Pappo lo había llamado a él en primera instancia y luego me probó a mi y quedé yo.

¿Por qué creés que el blues, teniendo un origen afroamericano, es una música de la que se apropia todo el mundo? La música pertenece a este Planeta Pachamama. Fue encontrada una flauta que según el análisis de carbono 14, tiene aproximadamente 30000 años y tiene 5 agujeritos. Quiero decir: la pentafonía es muy antigua en este planetita, y el blues y sus derivados, (jazz, rock and roll, funky, soul, hip hop, etc.) tienen esta escala como esqueleto principal. Entonces, ¿qué es foráneo? ¿se puede hoy, 2009, seguir hablando de que el rock, el blues, el jazz, es música foránea? ¿acaso el tango, que es la argentinidad más pura, no toma sus elementos principales a la música clásica europea? ¿acaso el seis por ocho de nuestro folclore no proviene de África? ¿acaso el valsesito criollo, no proviene del vals vienés? Entonces no jodamos, la música es el idioma de Dios, del Universo, la vida sólida, material, está formada por elementos que están en eterna vibración, que es sonido. Es sabido que un cuerpo que gira produce un sonido al hacer vibrar el aire, como la Pachamama, que produce un si bemol, de bajísima frecuencia.

Tocaste en Japón. ¿Qué recepción encontraste para tu música? ¿Hay una escena de rock/blues en Japón? En todo el planeta hay gente tocando blues, en Japón hay músicos de blues de-mo-le-do-res y un público fanático como pocos. Sienten un respeto y una admiración por el blues como he visto en pocos lados, hasta me animo a decirte, más que en la propia cuna. Estuve tocando allá en 48 ciudades distintas entre los años 1999 y 2002, en todos lados una onda alucinante, y mucho respeto.

Al formar tus bandas siempre estuviste acompañado por músicos más jóvenes ¿Sentís que hay una renovación en el género? ¿Hay nuevos artistas que te gusten? En el país hay mucha gente joven que elige el blues como vía de expresión y hay muchos nuevos y buenísimos. Lucas Sedler (ex Memphis) es un geniecito que ya tiene tres discos de su propia producción, ¿pero a quién le importa? Estamos más pendientes de Pity que de estos pibes, aunque Pity hizo un par de blues buenísimos (“Me gustas mucho” y un tributo a Muddy Waters). Está también Daniel Raffo, un violero de blues de pura cepa; Arito Rodríguez y Nicolás Bereciartúa, dos de los guitarristas de Viticus, que son espectaculares. Incluso hay chicas como Luli Bass (una excelente bajista que tocaba antes conmigo) y Silvana (que también tocó conmigo la batería). Y también Luciano Napolitano, Giuliana Merello, Gustavito Lozano (un extraordinario pianista de blues que tocó en mi banda y también con Juanse). También en el piano está Chuky de Ipola, un marciano blusero. Y los pibes de mi banda: Hernán Zamora, excelente pianista; Luciano Scalera un batero de lujo; Franco Capriatti un armoniquista de Rosario impresionante, y hay más y seguirán apareciendo.

¿Cómo te renovás a vos mismo? ¿Cuánto te queda por descubrir dentro del género? Siento que estoy empezando a tocar más o menos bien, de vez en cuando, algún blues, sobre todo si es un blues de Pappo. Los puedo hacer acústicos, reversionarlos como quiera, algunas veces me gusta que tengan un toque de jazz-swing, otras de funky-soul, otras más pesados, más rockeros y es un gran desafío. Hay casos gloriosos como Steve Ray que rizó el rizo, pero todos lo intentaron. Albert King, B. B. King y Chuck Berry eran grandes admiradores de T-Bone Walker, y al tratar de imitarlo inventaron sus propios estilos. Claro que siempre se podrá darle al blues un toque de lo que sea; o mejor dicho, cualquier cosa que sea tocada por el blues mejora.

En una de las últimas ediciones del Cosquín Rock te presentaste con la escopetarra. ¿Cuál es la historia de esa guitarra? En ocasión de tocar en el festival más grande de Sudamérica, que se hace en Colombia, Rock al Parque, estaba un músico colombiano, César López, con gente de las Naciones Unidas, que le llevaban de regalo una Escopetarra a Manu Chao, quien cerraba el festival en esa edición. Yo estaba por ahí, en el hall del hotel y presencié cuando le daban la viola a Manu, pero como el quía es chiquitito, y el diapasón de la viola es muy grande, le escuché decir que no podía tocarla. Entonces me acerqué y le pedí a César si me la prestaba para tocar un blues de Pappo, que nunca estuvo en ese festival. Así que subí al escenario y toqué, a la gente le encantó, y cuando bajé del escenario los de Naciones Unidas me dijeron que habían decidido darme una viola a mí. Dije que sí pero pedí que me la entregaran en Argentina: los quías aceptaron y se vinieron al Cosquin Rock. Fue un quilombo en Ezeiza, pero pasó y aquí está. La Escopetarra número 5: las demás están en Naciones Unidas de Viena y New York, otra la tiene Bob Geldof y una Manu Chao.

¿Qué guitarras estás usando en la actualidad? Las violas que uso son Fender Stratocaster que me proporciona Todomúsica, con micrófonos argentinos DS Pickups, doble bobina. También tengo una Gibson, una Wesley australiana que me hizo un luthier de allá y me la mandó de regalo con formato Strato. Amplifico con un Fender Blues Deville de 60 watts, con una pedalera con autitos Boss, afinador, un Boss que imita al Fender Bassman, trémolo, un wah wah, un cámara-delay. Para el formato acústico uso guitarras resofónicas de chapa, una Washburn de 12 cuerdas, ambas con mics DS. También una Takamine de 6 cuerdas, con un ampli para acústicas Stagg.

Vos no usás la púa normal, las que usa todo el mundo... Uso tres uñeros de metal (en el pulgar, índice y mayor) Dunlop o lo que encuentre, porque acá son difíciles de conseguir, así que cuando hay, compro lo que haya. En general me acostumbré a tocar sin púa, con la técnica atorrante de los negros, que yo se la vi a Gabriel Conejo Jolivet. Cuando sudo mucho las uso porque se me aflojan los callos y me puedo lastimar.

¿Cómo fue la concepción de tu último disco, Adiós Botafogo, Bienvenido Don Vilanova, ya que contaste con la producción de Gustavo Rowek y Sergio Berdichevsky? Lo empecé a armar con Andrés y Teri de Carajo. También algunos de los temas tuvieron una pre con Luquitas Sedler y German Weidemer. Pero es con Gustavo Rowek y Sergio Berdichevsky, ambos de Nativo, con quienes finalmente se concretó la grabación final y obtuvimos una dinámica y un audio óptimo, como había sucedido con mi álbum anterior producido por Andrés Vilanova. El disco nuevo tiene una impronta más roquera, algo que hasta entonces tenía una presencia más tímida. Y además ellos interpretaron muy bien mi paranoia. Yo no quiero que un disco suene tan pero tan bien, sé que no es creíble. Yo vengo de una época más análoga, no se olviden que soy vintage; Pappo’s Blues 3, el del mago, se grabó en un par de horas, es más, habían empezado a grabarlo en un estudio que no les gustó y esa misma noche se mudaron a otro estudio y lo grabaron como si fuera en vivo. Yo quiero seguir sonando a banda de garage, pero con un audio óptimo, por el respeto al público, pero definitivamente no me gustan las súper-híper- producciones que luego en vivo es imposible reproducir.

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