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Diego Boris: custodiando el patrimonio del rock nacional

Diego Boris Grasa de Las Capitales

Entrevista: Luis Mojoli

En ocasión de la reedición en vinilo y cd de Grasa de Capitales, a 40 años de su lanzamiento original, REC Or Play dialogó con Diego Boris Maccioco, presidente del Instituto Nacional de la Música. Desde las oficinas del INAMU, el directivo y también músico cuenta detalles sobre esta publicación que estará próximamente disponible a través de Zarpa y 300 Producciones.

Boris, nacido en los sesenta, uno de los artífices de la UMI (Unión de Músicos Independientes) y defensor acérrimo del legado histórico de grandes bandas y artistas de nuestro país, comenta en detalle cómo fue el arduo proceso de recuperación del catálogo de Music Hall, una gesta histórica por la cual se rescataron más de 1500 producciones de gigantes como León Gieco, Astor Piazzolla, Pappo´s Blues, Los Gatos, Raúl Porchetto y Serú Girán, entre otros. El proceso de negociación para que dicho patrimonio estuviera nuevamente en manos de sus autores fue largo e incluyó el desembolso de 2 millones 750 mil pesos por parte del INAMU.

Insam

Ahora, una de esas joyas, Grasa de las Capitales, sale nuevamente a la luz en vinilo y CD, con un excelente trabajo de remasterización a cargo de Pedro Aznar y el ingeniero de sonido Ariel Lavigna, imágenes nunca antes vistas del fotógrafo del álbum, el histórico Rubén Andón, y una calidad de audio que, sin dudas, marcará la diferencia. Sobre este rescate, Boris le dice tajante a REC Or Play: "Debemos cuidar al máximo nuestro patrimonio cultural, hay un legado artístico increíble".

¿Cómo fue el hecho de destrabar la situación judicial de Music Hall para poder recuperar el gran patrimonio artístico nacional, presente en el catálogo adquirido…
Yo estaba al tanto de la historia, porque mi hermano Gabriel, con el Dúo Fantasía, había grabado en Music Hall. Miguel Cantilo, León Gieco, Pappo’s Blues, Rubén Rada, etcétera. Muchísima música se había grabado allí. Music Hall quiebra en 1994 y comenzaron a salir ediciones discográficas truchas. Inclusive recuerdo que Grasa de Las Capitales salió con errores de ortografía en la tapa; aparecían compilados con títulos diferentes. La empresa había quebrado en 1994 y hubo una situación judicial. En esa época recién asomaba el CD. Se editó un disco de Serú Girán y en el medio había un silencio. Después no se supo más nada, pero aparecían cada tanto algunas licencias otorgadas por ciertas compañías. Nosotros, cuando estábamos en la Unión de Músicos Independientes, decidimos que había que investigar qué pasó con todo ese patrimonio discográfico. Ya cuando logramos estar en el INAMU tomamos esa causa como propia y queríamos demostrar que podíamos recuperar el catálogo de Music Hall. Empezamos a hablar con los músicos y a todos les pedíamos un video para que brindaran su apoyo al Instituto: León Gieco, Miguel Mateos, Nito Mestre, Miguel Cantilo, Raúl Porchetto, muchos nos mandaron su mensaje. Íbamos por una ley de expropiación del catálogo, porque pensábamos que no podía ser que este patrimonio cultural quedase rehén de una situación económica.

¿Qué pudieron observar con respecto a la quiebra?
Había pilas y pilas de expedientes. Teníamos que leerlos en el juzgado y empezamos a darnos cuenta de que muchos mitos que circulaban eran mentira. Se decía que el catálogo se había vendido en Paraguay y con ello se pagaron unos terrenos. Era falso. También era falso que se había comprado en México. Todo era mentira. Así que nos propusimos hablar con los distintos actores de la quiebra para ver la posibilidad de hacer una oferta. Hasta que pudimos mantener una reunión con una jueza. Este material estuvo guardado desde 1994 a fines del 2015. 21 años sin que se pueda editar. Lo que nos contaban los músicos es que León Gieco había querido comprar sus discos más escuchados hasta De Ushuaia a la Quiaca. El habló con el síndico de la quiebra y el tipo le dijo: “O comprás todo o nada”. También intentaron hablar Miguel Mateos y Gustavo Santaolalla y el síndico decía lo mismo. Muchos discos se habían vendido y extraviado, así que en 2015 hicimos un listado con Alfredo Rosso de todos los álbumes que cada uno recordaba. Solicitamos hablar con la jueza, hasta que en un momento hacemos una oferta que creímos que podía dar respuesta a lo que faltaba cubrir en la quiebra. Eran $2.750.000. Esto fue en diciembre del 2015.

Grasa de Las Capitales portada

¿La oferta concretamente por qué fue?
Era por la propiedad intelectual de los fonogramas de Music Hall, más allá de si hubiera algo físico editado o no. Luego el juzgado analizó y aceptó la oferta, se escribieron los edictos, pasó tiempo y el INAMU pagó y se hizo acreedor del catálogo. Eran más de 1500 títulos de un sello que quizás fue una de las compañías más importantes de capitales argentinos. Parecía una multinacional como RCA Victor, Emi Odeón y otras. Tenía un estudio y era de una persona, Néstor Selasco. Se trataba de una empresa familiar y editaban folklore, tango y música popular, rock, etcétera.

¿En qué estado estaban las cintas?
Eso era una incertidumbre, pero el catálogo era impresionante y teníamos que conseguir los derechos: había cosas de León Gieco, Serú Girán, los 7 volúmenes de Pappo’s Blues, Miguel, Arco Iris, Billy Bond y la Pesada, Pedro y Pablo, David Lebón, Miguel Cantilo y Punch, Dúo Fantasía, Raúl Porchetto, Rubén Rada. Todo ese material no se escuchaba y ni siquiera había salido en CD, salvo algunas ediciones truchas. El hecho de que la jueza nos haya dado el catálogo fue un logro enorme después de 22 años.

¿Para que lo compra el INAMU?
Para darle a los intérpretes una licencia de por vida. La vida del fonograma son 70 años después del 1° de enero del año siguiente de la fecha en la que se editó. Si un disco como La Grasa de Las Capitales, se editó en 1979, a partir del 1° de enero de 1980, le quedan 31 años. Repito, el INAMU lo compra para darle a los intérpretes la explotación de formatos físicos (venta en CD, vinilo, etcétera), digitales (todo lo referido a streaming vía Spotify, Deezer, etcétera) y sincronización (música para películas, comerciales, etcétera). El organismo, a su vez, se queda con el derecho al productor fonográfico: lo que cobra AADI y CAPIF y lo que distribuye AADI para los intérpretes.

¿Qué porcentaje implica eso?
AADI-CAPIF cobra lo que se llama Comunicación al Público: cuando hay música en boliches, pubs, peloteros, supermercados, todos los lugares donde hay música grabada.

Menos los hoteles, ¿cierto?
Ahora hay una tensión con los hoteles, porque hasta hace muy poco los aranceles los fijaba la AFIP como corresponde y la Secretaría de Comunicación. Recientemente salió un decreto que se los daba al Ministerio de Turismo del gobierno anterior. No es algo muy lógico. De lo que se cobra AADI-CAPIF, descontado el gasto administrativo, le gira 67% a AADI y 33% por ciento a CAPIF. Del 67%, el 1% por ciento va al Fondo Nacional de Las Artes y el 66% se distribuye de acuerdo a la planilla de distribución de los 500 medios que tienen censados AADI. Por otro lado, el 33% va para los productores fonográficos. ¿Por qué 66 y 33? Porque en en ese momento la pelea la ganaron los músicos.

Volvamos al momento en el cual se enteran de la existencia del catálogo. ¿Dónde se encontraba el material?
Sabíamos que eso estaba en una caución en los depósitos de Leader Music. Fuimos con cajas y cajas de cintas y ahí es donde empezamos a investigar.

¿Las cintas estaban bien ordenadas y conservadas?
Las cintas no estuvieron muy bien conservadas y sin embargo hay algunas de Piazzolla del año 55 que se escuchaban muy bien. Tenían un deterioro grande hasta en lo visual, pero logramos hacer un trabajo adecuado de digitalización.

No todos eran multipista, ¿es así? ¿En el caso de Grasa de Las Capitales?
La mayoría eran master, pero no multipista. Las compañías no guardaban multipistas. Debe haber algo de Soda Stereo. En los 90 nadie guardaba multipista, muy pocos lo hacían.

¿Cómo sería eso?
Master de edición, en dos canales. Cintas de ¼ en dos canales. Eran las cintas que se utilizaban para realizar la fabricación de discos, casettes o copias en cinta. Había 800 de ellas aproximadamente. La cinta demostró ser mucho más noble que el DAT. En los 90 había una moda de pasar todo a Digital Audio Tape (DAT), el casette chiquito. La mayoría de ellos tenía problemas y un porcentaje muy alto fue irrecuperable. En cambio con las cintas fue muy ínfimo lo que no se pudo transcribir y pasar. Ahí aparecieron muchas cintas gloriosas.

Escuchar todo ese material debió ser un arduo trabajo…
Sí, en ese sentido Gustavo Gauvry fue un aliado muy grande del INAMU, en cuanto a su compromiso y pasión. Tal es así que, por ejemplo, una vez estuvo todo un día trabajando en una cinta de Piazzolla que estaba desenrollada. Se emocionó mucho cuando escuchó ese material de versiones inéditas y lo estuvo enrollando. El material estuvo en las mejores manos.

¿Esa labor se realizó en su estudio personal?
No, acá en el INAMU. Se compraron máquinas y ahí Gauvry empezó a digitalizar cintas con una calidad de audio tremenda.

¿Cuál fue la primera cinta que digitalizaron?
La de Astor Piazzolla, que estaba casi transparente. Pero eso lo hicimos en un estudio de General Rodríguez que tenía cinta. Ahí también pasamos a digital La jungla tropical de Miguel Cantilo y Punch. Fuimos con un músico de 30 años y él no podía creer cómo la música se podía escuchar así. Escuchó algo bien grabado en formato analógico y, al haberse criado con el audio digital, no concebía la gran profundidad y los armónicos del sonido analógico. Luego empezaron a aparecer más cintas. La última gran sorpresa fueron unas que no podíamos utilizar, porque estaban grabadas en formato diferente: canal 1 y canal 3 eran el derecho y el izquierdo. Y el 2 y el 4 eran el derecho y el izquierdo, pero del otro lado. Se trataba de cintas que estaban preparadas para hacer copias a casette. Tenían una calidad de audio muy buena y analógica.

¿Cuántas cintas fueron las que había que digitalizar?
Casi 900. Todo ello implica un gran trabajo de clasificar y catalogar.

¿Cómo fue el tema de las licencias otorgadas a los músicos?
Hicimos en 2016 un encuentro en Boris Club, que no tiene nada que ver conmigo, para llevarlo a cabo y fue muy importante. Vinieron Miguel Mateos con los discos de Zas, León Gieco con sus licencias de diez discos, Miguel Cantilo, Pipi Piazzolla, por los álbumes de su abuelo, David Lebón, Charly García, Raúl Porchetto, María Rosa Yorio. Casi juntamos a Porsuigieco. Faltaba Nito Mestre nada más. Justo Nito no pudo venir, porque estaba tocando, pero el resto de los músicos hicieron un gran show. Así les fuimos dando las licencias. Y después también hicimos lo mismo con el género chamamé y otros estilos. También el INAMU colaboró para que salga en vinilo Los Gatos Salvajes y se encontró la cinta original del único disco de ellos.

¿Qué llevan editado hasta ahora?
Con la participación del INAMU, han sido recuperados discos de Los Gatos Salvajes, Metegol de Raúl Porchetto y ahora Grasa de Las Capitales. Pero después, que hayan sido editados, luego de las licencias a los músicos, salieron los 7 volúmenes de Pappo’s Blues, Billy Bond, Arco Iris, mucho material de Miguel Cantilo y más.

En el caso de Serú Girán, ¿por qué compañía se edita el material?
Se lanza a través de Zarpa y 300 Producciones. En cuanto a vinilos será una tirada de aproximadamente 1500. Va a estar bueno, porque un sello argentino se juega a editar un disco, pero sobre todo los músicos, fotógrafos, etcétera, se comprometen a la reedición. Creo que estamos, en el caso de los 40 años de la edición original de Grasa de Las Capitales, ante un punto de inflexión entre la desidia de tantos años de no reedición del patrimonio del catálogo discográfico argentino y el ver cómo algo que es artístico puede volver a generar un rédito económico. La idea es que cada uno sienta que puede participar del proceso para llevarlo a un lugar que tenga la máxima dignidad posible. Cuando hablamos con Charly, David Lebón y Pedro sobre la posibilidad del relanzamiento, todos se comprometieron. Fue un disco muy importante, claro está.

Boris y Mojoli

Diego Boris y Luis Mojoli (REC OR Play)

Además hubo en todo este tiempo un renacimiento del vinilo.
Sí y también permite una gráfica diferente y un soporte con un audio que, si se trabaja bien, es superior al disco compacto. Los músicos se comprometieron, cada uno a su manera. Pedro Aznar se ofreció a reconstruir el audio y masterizarlo. Con David Lebón trabajamos todo lo referido a nuevas formas de arte, junto con Rubén Andón, el fotógrafo original. Charly García también aportó su mirada sobre cuestiones de gráfica. Se está logrando un material de mejor calidad que el original con multiplicidad de formatos. El disco va a salir en vinilo y CD, con gráfica diferentes, pero con un insert.
Con estas cintas se escucha el primer estribillo diferente al segundo y al tercero. Hay diferentes intenciones. Por eso, acá escuchás que la música está viva. Esto es música.

Te marca la manera de trabajar de los músicos durante esa época.
Sí, si ponés un metrónomo mientras escuchás a The Beatles no va a estar todo perfecto y alineado. Era una manera, un enfoque. Volviendo a lo de Serú, creo que va a haber un punto de inflexión en las reediciones. Porque se va a demostrar que se puede reeditar algo a un nivel de calidad grande y que también es redituable. Esto que estuvo más de veinte años sin salir, hubiese generado mucho más de lo que generó. Vamos a mostrar lo bien que sonaba ese grupo, en ese momento, con una gráfica que va a permitir volver a poner en valor el soporte físico. Se trabajó con las imágenes de Rubén Andón y también hubo un gran compromiso de Gustavo Gauvry que hizo la primera escucha y le pasó la posta a Pedro Aznar y Ariel Lavigna, quienes hicieron el mastering en cuatro formatos: CD, vinilo, streaming y descargas.

Obviamente va a haber diferencias en eso…
Sí, claramente. La gente que tiene cinta va a buscar los armónicos y la calidad que hay en la saturación, que es mucho más agradable que lo que hay en lo digital. Cuando salga este disco a fin de mes, será una edición única en calidad de audio y gráfica y en compromiso. No tiene bonus tracks, porque hubiese bajado la calidad del vinilo.

¿En esas cintas descubiertas había algunos otros temas de Charly más allá de lo de Serú Girán?
No, pero sí compilados: Música del Alma de Porsuigieco, Serú I, Grasa de Las Capitales y nada más. Sí estamos buscando material inédito, porque sabemos que hay.

Todo ese material ya lo tienen acá...
Sí, y ya está casi todo digitalizado. Está pendiente de salir Porsuigieco y todo lo de David Lebón. También lo de Miguel Mateos y Zas.

Sería importante que haya apoyo de las grandes compañías discográficas. Esto podría fomentar una vuelta al rock.
Sí, aunque los sellos tienen una lógica diferente. Está bien, no se los cuestiona, claramente están relacionados a lo que es el negocio. El INAMU tiene una mirada diferente, pero está bien que una compañía quiera hacer negocios. Nosotros deseamos mostrar que se puede hacer eso a un nivel de compromiso mucho más grande. Ninguna compañía reeditó Grasa de Las Capitales… Estuvo 25 años sin editarse y, desde 2016 a esta parte, que fue cuando le dimos las licencias a los músicos, nadie lo quiso. Ahora vamos a ver si es negocio el tema de la reedición. Por ahí a las empresas les interese volver a invertir en esto, con las condiciones dignas que tiene que tener un disco.

¿Va a haber un evento relativo a la reedición de Grasa de Las Capitales?
Sí, lo estamos viendo. La idea es juntar a los Serú Girán, sin el ya fallecido Oscar Moro, claro está. Ojalá lo podamos hacer. El objetivo es que ellos comenten y charlen sobre este álbum. Sería un buen regalo para Navidad, porque  implicaría regalarnos una parte de nuestra vida. Hay que decir que debemos cuidar al máximo nuestro patrimonio cultural, hay un legado artístico increíble. Por otro lado, cuando los músicos se sienten convocados a hablar sobre su obra, hay un compromiso extra. Se produce el efecto similar a un disco nuevo. Se recupera el espíritu que tenía el álbum en ese momento y hasta se acomodan cosas que estaban desacomodadas en cuanto a audio, gráfica e incluso cuestiones de faltas de ortografía en la gráfica. En la portada original de Grasa de las Capitales, por ejemplo, el apellido de Lebón estaba sin acento. Esas correcciones se hicieron también.

¿Cómo han encontrado el resto de las cintas que me has mencionado?
Es dispar el resultado. La mayoría suena mejor de lo que creíamos. Pero una de las mayores sorpresas fue que, con respecto a Los Gatos Salvajes, Litto Nebbia descubrió dos temas inéditos. Los habían grabado, pero nunca se editaron. Eso salió de la cinta original. Destaco también el trabajo que hizo Gustavo Gauvry en Metegol, de Raúl Porchetto. Allí también hubo una gráfica reconstruida y fotos nuevas.

Insam

 

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