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Juan Pablo Rufino: "Spinetta me abrió una puerta enorme"

Juan Pablo Rufino

Entrevista: Luis Mojoli

Juan Pablo Rufino, es mucho más que el hijo de. Sí, su padre es Machi Rufino, uno de los bajistas más representativos del rock nacional. Pero Juan hizo su propio camino desde temprano, con pulso firme, técnica, un sonido distintivo y firmeza. Eso es lo que le permitió acompañar a artistas de la talla de Liliana Vitale, Lito Vitale y otros. Hoy, lidera Rufa, grupo en el que comparte bajos junto a su compañera de vida, Brenda Martín, también bajista de Eruca Sativa. Rufa es su expresión más personal, el sitio en donde Juan Pablo puede dar rienda suelta a toda su creatividad. REC OR Play dialogó con él.

Insam

 

¿Cómo fueron tus inicios en la música?
No puedo no mencionar a Lito Vitale, como primera medida, en el sentido de que tuve la bendición de comenzar a trabajar con él a mis 25 años. Yo conocí a su hija Mariela y a su sobrino, Juan Belvis, en 1997. A partir de ese año empecé ir a San Telmo, a La Casita de Mis Viejos, el estudio de Lito. Comencé a hacer música con ellos, me empecé a empapar de su impronta y de cómo se manejaban. Yo en esa época quería ser Jaco Pastorius. Escuchaba Weather Report, jazz y nada más. Cuando entré ahí, me encontré con un mundo completamente diferente, con música autogestionada, donde el músico tenía un rol completamente distinto al que yo me imaginaba. Ahí empecé a tocar con Liliana Vitale, fue todo un aprendizaje: a nivel laboral nunca había tenido que tocar la música de alguien. Ahí entendí cómo es el oficio de trabajar para otra persona, entendiendo su música y tratando de tocar en función de eso que me apasiona. Más tarde, en el 2004, empecé a trabajar con Lito Vitale. Es un animal de laburo, muy generador de cosas. Y en el medio empezaron a salir trabajos de todo tipo. 

¿Cuál fue tu primer concierto con Lito Vitale?
El primer show fue para Telecom acompañando a Pedro Aznar, Luis Salinas y Fats Fernández. Al poco tiempo, tocamos por el 9 de julio en la plaza de Tucumán, ante 30 mil personas, acompañando a cantantes populares de todos los géneros. Ahí me di cuenta que tenía que aprender mucho y me sirvió para quitarme un montón de prejuicios, porque era alguien más bien cerrado musicalmente.

Tuviste el privilegio de aprender el oficio junto a músicos increíbles, pero a la vez fue todo un desafío tocar a ese nivel...
Sí, lo sentí como una cachetada. Tocar con Lito Vitale es como jugar en la Selección. No hay que ablandarse, estás trabajando en un contexto en el que tenés que estar apto musical y mentalmente. Como te decía, con Lito fue subirse a un tren de mucho laburo: tocar en la cancha de Boca, en un evento en el Vaticano para el Papa, un show de rock en Cuba, de todo. Era estar todo el tiempo haciendo shows; te subís a un avión que va muy rápido y que requiere tiempo y energía. Además, esa situación generó que pudiera independizarme económicamente. En mi caso siempre quise hacer música para expresarme, no es que quería armar un grupo con la idea de pegarla.

Tus maestros fueron Javier Malosetti y tu propio padre. ¿Cómo fue tu encuentro con el instrumento?
En 1995 mi papá estaba grabando el disco Chaco de IKV y recuerdo que venía con los pre mix a casa y ahí empecé a sentir el primer cosquilleo con la música. Yo en un principio quería ser jugador de fútbol, estaba en otra. Pero de repente me encontré poniendo el tema “Abarajame” y tratando de sacar las notas con un bajo de mi viejo. Ahí me sorprendí. Fue: “¿Cómo? ¡Si yo no quiero tocar el bajo!”. Realmente antes no me interesaba la música, pero evidentemente estaba reprimiendo algo. Otro momento de quiebre fue cuando quise bucear en la música de Invisible. “A ver, ¿qué es Invisible?”, pensé. Puse un casette en el walkman y le di play a la cara A con “Durazno sangrando” y “Encadenado al ánima”. La sensación que sentí es aún indescriptible. Ahí supe que tenía que tocar el bajo y que la música me acompañaría toda mi vida. Fue como si me hubieran enchufado algo.

Rufa

Rufa
 

Luis Alberto Spinetta luego se enteró que vos ya estabas interesado en la música y te llamó…
Sí, encima justo estaba en mi cuarto leyendo un reportaje suyo. Me dijo: “Hola Juan Pablo, habla Luis. Me enteré por tu viejo que querés tocar el bajo. Te voy a regalar uno, mañana tenés que ir a buscarlo a la tienda”. Ese día no dormí, a la mañana siguiente fui a buscarlo y fue el típico caso de alguien que no para de tocar. Estaba como doce horas por día tocando.

O sea que Spinetta fue como un disparador para que hagas música.
Me abrió una puerta enorme, como diciendo “Che, mirá. Esto es hacer música. Si querés te acerco una herramienta y vos fijate qué onda”.  Fue así, me cambió la vida. Yo era un chabón que no sabía qué hacer con la vida, no tenía grandes aspiraciones.

¿Cuáles fueron los primeros temas que empezaste a sacar?
Cosas de Jaco Pastorius y Weather Report, eso generó un gran clic. Paralelamente me sumergí en la música de Luis. Estamos hablando del año 1996, apenas empezaba a tocar. Mi viejo me vio para ese lado y trató de darme algunos consejos, pero no le di mucha bola. Así que en 1997 lo llamó a Javier Malosetti y comencé a estudiar con él durante dos años. Javier es un héroe, muy carismático: verlo tocar me generaba querer ir a mi casa a reproducir lo que él me pasaba y más. En 1998, Malosetti me recomendó para tocar con el Mono Fontana en un homenaje a Jaco Pastorius. Compartí escenario con Javier, Guillermo Vadalá, Marcelo Torres y Gustavo Giles. Fue todo muy rápido, la gente que me conocía no entendía mucho, porque pasé de no querer saber nada con la música a estar tocando con semejantes monstruos muy rápido. La conexión con Lito Vitale fue a través de Javier Malosetti y eso me cambió la vida. Lo miro a la distancia y me emociono: estoy muy agradecido. Fue un privilegio.

Has invitado alguna vez a tu papá en algún show tuyo?
Con mi banda Rufa, lo hemos llamado para cantar. Igual, no descartamos hacer algo a tres bajos. Sería divertido.

Con Machi y Brenda

Con Machi Rufino y Brenda Martin

¿Cómo surge Rufa?
Estuve muchos años laburando con Lito VItale y en un momento sentí la necesidad de tocar mi música. Medio que lo había cajoneado, aunque también disfrutaba mucho ese laburo. Pero quería expresarme con respecto a lo mío.

Los ensayos para el show de Luis Alberto Spinetta y Las Bandas Eternas tuvieron lugar en el Polo Cultural Saldías. ¿Qué recuerdos tenés de aquellas sesiones de práctica?
Fue una locura. Un día fui a ver ensayar a Invisible, la banda que me inspiró a tocar. En uno de esos ensayos, le comenté a Luis que quería hacer algo propio, además de laburar de músico. Y me dijo: “Vos tenés mi estudio a disposición para lo que quieras. Me llamás, te venís y grabás”. Yo hacía 5 o 6 años que laburaba con Lito Vitale y automáticamente, a partir de ese ofrecimiento, me puse a componer. Luis luego falleció en el 2012 y no pude grabar nada en su estudio. Pero desde ese entonces empecé a poner mi música en movimiento. En 2014 comencé a tocar mis canciones y ya en 2016 armé Rufa, con un grupo propio. Insisto: necesité volver a tocar mi música.

Con Machi y Spinetta

Con Machi Rufino y Luis Alberto Spinetta

¿Cómo fuiste dándole forma a Rufa?
Cuando uno monta un grupo propio necesita que haya buena onda y que la gente sea de tu equipo. Se sumaron Brenda Martín en bajo, mi compañera y bajista de Eruca Sativa, y Martín González Puig (batería). Así que se dio la particularidad de una banda con dos bajistas. Luego conocimos a un cantante que era sonidista en Boris y cantaba muy bien. Me refiero a Pablo Lopardo, quien terminó sumándose y encajó perfecto. Hubo una cuestión de química genial. Automáticamente me empezó a hacer ruido el tema de los dos bajos. Teníamos dos registros distintos, pero sentí que faltaba algo para diferenciar la sonoridad. Hay una frecuencia que ambos bajos compartían, pero no me terminaban de cerrar los arreglos. Ahí me acordé la época de los 80 de Miles Davis y recordé que en esa etapa él tenía dos bajistas: uno tocaba un bajo estándar y otro un bajo piccolo, tocado con púa y distorsión. El bajo piccolo es un bajo tradicional pero que está una octava arriba. Tiene cuerdas finitas y suena parecido a una guitarra, pero se toca con técnica de bajo. Así que a partir de ver eso y adaptarlo, pude generar una sonoridad híbrida. Todo ello acompañado por una pedalera Boss Sy- 300, que tiene sonidos de sintetizadores y teclados. Lo escuchás y parece un teclado y una viola. Así las canciones mantienen otra sonoridad, con acordes más abiertos. Y a veces intercambiamos con Brenda el bajo tradicional y el piccolo. 

Equilibrio fue grabado por Gabriel Pedernera, ¿cuál fue su aporte como productor ?
Sí lo grabó Gabriel Pedernera, tener esa pared como es Gabriel tocando, resultó un broche de oro para mí. Fue un disco registrado de manera hogareña, salvo las baterías que las grabamos en Estudio NEBA, de Rober Fighetti, que queda adentro de MCL. También participaron Alvaro Torres, Julián Baglietto, Mariano Delgado y Lito Vitale, que grabó unos Minimoog increíbles en “Kamikaze”. No estábamos aún en pandemia, pero la grabación fue bastante en pandemia style (risas). El disco se plasmó de esa manera y yo sentí como un renacimiento. Sé que Rufa se va a quedar para siempre, es mi lugar donde voy a hacer música.

Rufino

Fue un adelanto a cómo se trabaja hoy, con las grabaciones remotas.
Sí, la pandemia acentuó un poco esa modalid al ad de trabajo. Hoy cualquier computadora con cualquier programa de música, ya permite que puedas lograr algo que suene decente o standard. Obviamente a todas y todos nos gustan los estudios y soñamos con grabar en ellos, pero si no tenés el presupuesto para ir, podés recurrir a grabar desde tu casa.

El disco de Rufa salió en 2019. ¿Qué planes tenés para llevarlo al vivo?
En 2020 estuvimos sin poder tocar y tenemos toda la adrenalina de poder mostrar nuestra música. Estamos viendo de grabar nuestro segundo disco y en el caso de que volvamos a la normalidad en un tiempo, vamos a tener que chequear bien nuestras agendas, porque tenemos otros trabajos musicales y hay distintos compromisos.

Con Francisco

Con el Papa Francisco

¿Equilibrio fue editado en forma independiente?
Sí, y no lo edité en formato físico. Fue virtual. Yo soy amante de los discos, pero muchos colegas me comentaron que tenían discos suyos acumulados en su casa, sin vender. Me resulta raro decir: “Te paso el link con mi álbum”. Es lo que hay, uno se va adaptando. Con Rufa no tenemos manager aún, así que estamos viendo qué rumbo tomar.

¿Pensaste alguna vez en un disco solista ?
Sí, estoy armando canciones con un tinte más instrumental, algo más Spinetta Jade, más jazzero. Ahí ya hablé con otros músicos amigos para grabar. Y también voy a cantar la mayoría de las canciones. Voy a ver cómo me siento en ese rol. Cantar es también saber transmitir cosas. Fijate lo que pasa con Fito Páez o Charly. No cantan mal, no cantan perfecto, pero te ponen la piel de gallina. Los escuchás y te emocionás.

En el Colón

En el Teatro Colón

Lo mismo pasa con los instrumentos. No sólo te llega el lado virtuoso sino el sentimiento.
Claro, sentía eso con Jaco Pastorius. Era re virtuoso, pero lo veía tocar una melodía con su bajo fretless y eso me desgarraba de la belleza que tenía. Hay centenares de ejemplos de gente que, tocando una sola nota, te emociona.

Técnicamente, ¿cómo fuiste encontrando tu manera de tocar?
En mi etapa formativa, mi viejo me enseñó a no caer en malos hábitos y aprender a posicionarme correctamente con el bajo. Después de estudiar dos años con Javier Malosetti, empecé a tener muchas inquietudes armónicas y comencé a preguntarle a mi papá. Él estudió 4 años armonía, la tiene atada con todo eso. Así que mi viejo fue una especie de Wikipedia, cuando no existía Wikipedia. A nivel técnico, él y Javier Malosetti me mostraron el camino correcto. Después, con el bajo piccolo, me puse a investigar mucho más el tema de los acordes. Eso fue más una búsqueda propia.

Fuiste variando tus diferentes bajos. ¿Fue por una necesidad sonora o simplemente una búsqueda?
Podés resolver todo con un instrumento, pero esto es como la paleta de un pintor: siempre querés ir incorporando colores. El hecho de laburar con Lito me abrió esa cuestión, porque él me pidió que tocara un bajo de 5 cuerdas. Después fue la búsqueda de ese bajo de 5: entré a la banda tocando un Yamaha, por ejemplo. Pero más tarde empecé a buscar otros bajos. Hace seis años que toco con un Fodera de cinco cuerdas y fue como “Acá me quedo”. En definitiva, en los distintos laburos vas necesitando diferentes cosas.

A veces el género te pide un sonido determinado.
Sí y lo que te vas dando cuenta es que hay determinados instrumentos que suenan completamente distintos, pero que se acomodan muy bien a algunos géneros musicales. Recuerdo que llevé un bajo Fender de 5 cuerdas para grabar un par de canciones en Canciones para Aliens de Fito Páez. Y en un momento Fito me dijo: “Che, ¿por qué no tocás con este Rickenbacker?” Para grabar temas de otros es importante tener distintas herramientas para lograr ese sonido adecuado.

¡Y también para producir! A propósito, ¿nunca pensaste en producir bandas?
Con esto de Rufa se activó un poco eso. Justo nos detuvo la pandemia, pero por darte un ejemplo, mi viejo me pidió que le produzca el disco. Así que se paró todo, porque él es una persona de riesgo. Estuve 10 meses sin verlo, por lo tanto, el proyecto está en pausa. Va a haber músicos invitados muy interesantes.

River

En la cancha de River, junto a Pipi Piazzolla

¿Ya hay algo armado?
Sí, tenemos cuatro canciones hechas. Ojalá podamos reactivar todo pronto. Y después que termine eso, el segundo disco de Rufa y el mío, sí te puedo decir que me gustaría empezar a producir a otros artistas.

¿Qué opinás de las nuevas generaciones con Wos, Ca7riel y otros artistas?
Uno tiene que hablar a partir de lo propio. No se puede desconocer el fenómeno, ni mucho menos, no le saco mérito en absoluto. Quizás no es algo que a mí me cope mucho, pero sí te puedo decir que Ca7riel es un músico increíble y su banda suena mortal. Pero hay otras cosas del trap que no sé si pueda destacar. Nunca me quiero poner en un lugar prejuicioso. A mí me gusta la gente que hace música honesta, que le sale de adentro y que no está especulando con la fama y lo que pasa en las redes sociales.

Insam

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