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Luis Ceravolo: "El nivel de los teatros en los que tocamos con Astor era insuperable"

Luis Ceravolo

Entrevista y producción periodística: Luis Mojoli
Redacción y edición: Hernán Osuna
Foto de portada: Laura Tenembaum

Cuenta la leyenda que antes de la filmación de Taxi Driver (1976), Robert De Niro pasó meses trabajando como taxista en New York para estar a tono con el personaje que tenía que interpretar en aquel épico film dirigido por Martin Scorsese. Ponerse en la piel, meterse completamente de lleno en ese rol, conocer las particularidades del oficio de taxista. Esa era su meta

Aplicado a Luis Ceravolo, y a su carrera musical, podría decirse que el baterista tuvo en claro el concepto del famoso actor a la hora de trabajar. Es que Ceravolo, quien estudió con el maestro Alberto Alcalá (las y los bateristas recordarán su famoso método) en sus años formativos, entendió que la disciplina es una herramienta fundamental si se quiere conseguir un buen trabajo en la industria de la música.

Insam


Y vaya si lo ha conseguido: durante los 70´ tocó con el uruguayo Rubén Rada en S.OS, agrupación con la que grabaron un único disco que recientemente se ha reeditado; tiempo después lo llamó Luis Alberto Spinetta para sumarse a su banda, pero el percusionista, como confiesa en la nota, se asustó. Las oportunidades siempre aparecen -y las revanchas también- así que Ceravolo no sólo que más tarde terminaría tocando con El Flaco, sino que, previamente, integró el Octeto Electrónico de Astor Piazzolla, grabando un disco en vivo en el famoso teatro Olympia de París.

Ya en la Argentina, y luego de un período enriquecedor con Spinetta, este baterista nacido a principios de los años 50´ en Buenos Aires, aportó su talento y experticia para grabar Tiempos Difíciles, aquel recordado LP de Juan Carlos Baglietto. Hoy, Ceravolo sigue en activo con su banda A 18´ (grupo que rinde homenaje a ese disco del Flaco y también interpreta otras canciones), realiza sesiones de grabación y dicta clases, protocolos sanitarios mediante, a alumnas y alumnos que desean conocer los secretos del arte de la batería. Luis Ceravolo: seis décadas de música y cómo fue la experiencia privilegiada de tocar junto a genios como Spinetta, Piazzolla o Rada.

Grupo SOS

Grupo S.O.S, 1973

¿Cómo fue tu experiencia junto a Rubén Rada con el grupo S.O.S. (Sonido Original del Sur)?
Rada vino a Argentina, y teníamos mucho trabajo. Ensayamos con él para los shows que hacíamos en el Hotel Sheraton. Tocábamos todos los días en el hotel y, además, los fines de semana teníamos fiestas. En un momento surgió la idea de hacer música original y grabamos el disco Rubén Rada y Conjunto S.O.S. en 1974 en el estudio ION, con Carlos Piris como técnico. Se grabó todo en una máquina de cuatro canales. Pero está muy bien el disco.


¿Y ahora hicieron una reedición del álbum?
Sí, porque prácticamente fue una estafa ese disco. Se lo dimos a un productor y nos dieron el dinero para grabar, pero no sabían cómo seguir en lo respectivo a la edición de un LP. Así que decidimos comprar la producción del disco nosotros.


Se hicieron independientes…
Sí, pero este productor inescrupuloso lo vendió a Uruguay. Y allá lo sacaron en 1976. Y ya estaba el grupo desarmado, Bo Gathu (bajo) ya estaba en Suecia, mi hermano Héctor Ceravolo en Suiza y así.

SOS en el Sheraton

En el Sheraton, con SOS (1972)

¿Cómo llegaste a tocar en vivo con Luis Alberto Spinetta?
Creo que va por el hecho de haber estado en el grupo de Rubén Rada. Claramente también tiene que ver mi trabajo con Astor Piazzolla. Pero en realidad Spinetta me llamó unos años antes que Piazzolla, creo que en los inicios de Invisible. Fui a encontrarme con Luis, no recuerdo cómo me contactó. Me asusté un poco, realmente. Era muy chico. Fui medio boludo, porque hubiera sido bueno estar en ese grupo.


¿Eso fue antes que el Octeto de Piazzolla?
Sí. A mí me llamaron para una gira por Europa con Piazzolla en 1977. No me lo perdí ni loco. No recuerdo si me llamó Daniel Piazzolla… Fui al departamento de Astor acá en Avenida Del Libertador. Fue la primera vez que hablé con él. Tenía pensado realizar una gira por un año, cosa que al final no se pudo llevar a cabo.


Hay un famoso concierto en el Olympia de París que realizaste con el Octeto de Piazzolla y que fue registrado para un disco en vivo.
Sí, fue grabado por suerte. Está disponible en las redes y además el disco está actualmente remasterizado. Hay una colección que realizó Universal con todo lo que hizo Piazzolla para EMI y Polydor. Lo interesante es que se remasterizó en base a un disco de pasta, porque andá a saber dónde fueron a parar las cintas.

Piazzolla 1977

Con el Octeto Electrónico en París (1977)

¿Recordás el primer ensayo con Astor?
Totalmente. Desde Ezeiza a París. Cuando llegué estaban Astor y un amigo: fuimos al hotel a dejar las cosas y después a su casa. Tenía un departamento hermoso. Nos recibieron con canapés, sándwiches y champagne, una locura. Al día siguiente, Astor nos llevó a comprar instrumentos y ¡pagó todo! Ahí me compré una batería Gretsch con fundas, platillos, fierros, todo. Y al día siguiente, directo a ensayar al Olympia. Después descontamos el gasto de los instrumentos con la recaudación de los shows, pero el día que fuimos a las casas de música Astor pagó todo.

Se equiparon a full.
Tanto yo como el resto, no teníamos muchas cosas. Ricardo Sánz se compró un bajo, Tomás Gubitsch se compró un equipo, Osvaldo Caló un órgano. Creo que viajamos sin nada. Bah, yo por lo menos viajé sin nada.

Piazzolla 1977

En el Olympia de París (1977)

¿Qué destacarías de Astor Piazzolla desde tu visión de músico?
La música de Astor es concreta, exitosa, y muy buena. Era algo diferente. Era creativo y él tocaba en un nivel que a mí me encantó. Presentarnos en la Ópera de Milán fue increíble; antes el primer concierto había sido en un estadio. Pero el nivel de teatros en los que tocamos era insuperable. Cuando volví a Argentina me deprimí mucho, porque no tenía nada para hacer. Para resumir: lo de Astor y la grabación del disco fue tremendo. Y además pasaron muchas cosas. Hubo algunas peleas. A veces no era fácil estar con él, pero la experiencia fue tremenda. O sea, ¡estaba tocando con Astor Piazzolla! Tuve la suerte de ver al Octeto Electrónico antes de que me convocaran a mí y la verdad es que me encantó. Siempre me gustó la fusión.


Leés partituras, ¿no? ¿Cuánto de lectura y cuánto de memoria muscular había en esa situación con Piazzolla?
Siempre tuve las partes de Astor ahí a un costado, ni las miraba pero estaban muy bien escritas. Era como para mayor seguridad. De todas maneras, el grupo era perfecto. No había errores. Estábamos muy concentrados.


¿Qué hiciste después de tocar con Piazzolla?
Empecé a presentarme en un boliche llamado Oliver con Santiago Giacobbe (piano) y Ricardo Sanz (bajo). Era un trío con el que tocábamos dos o tres veces por semana. Una de esas noches, vinieron Machi Rufino y Luis Alberto Spinetta. Machi me comentó que le dijo a Luis: “Tenés que ir a escuchar a este tipo”. Es algo que me llena de orgullo.

Empezamos tocando los temas de A 18’ de sol. No recuerdo si la gente que grabó originalmente el disco hizo un concierto. Porque no estoy seguro si Diego Rapoport tocó en vivo. En la batería estaba Osvaldo López, era genial. El disco era fabuloso. Yo entré a esa banda y tocábamos algunos temas del álbum y otras canciones complicadas de jazz rock. Esa etapa fue muy diferente a la de Piazzolla, pero de un nivel altísimo también. El encuentro que tengo con Spinetta tuvo lugar a fines de 1977. Él me regaló una copia de A 18’ del sol con una dedicatoria. Fue hermoso.

Dedicatoria

Dedicatoria firmada de Spinetta para Ceravolo en A 18’ del sol

En 1978 te fuiste a New York con Luis. Él iba a firmar contrato con la CBS. ¿Cómo fue ese viaje?
Estuvimos quince días allá, pero no fui a tocar: estaba con él todo el día, no tenía nada para hacer. Tuvo un gesto fantástico conmigo, porque compartíamos la habitación. A él le pagaban la habitación, pero a mí no. Así que yo pagaba la diferencia entre una simple y una doble. Fue un lindo viaje.

También grabaste unos demos con Spinetta.
Sí, pero no me gustaron. Fueron grabados en un estudio chiquito y con otra batería. No me agradó el resultado.

SPinetta 1978

Banda Spinetta (1978)

Como baterista, ¿tenías mayor libertad interpretativa con Spinetta que con Astor?
Los dos me cambiaron la vida para siempre, pero el repertorio de Spinetta era más para improvisación. Tiempo después abandonó un poco esa manera. Lo de Astor me sigue gustando, pero con el Flaco había que improvisar mucho. No había ni un solo papel escrito ni partitura. Nada. Además, con Luis teníamos la misma edad y compartíamos un montón de cosas. Estábamos todo el día juntos. Es más, hasta hemos ensayado en un estudio que habíamos armado en la casa de mi madre en Castelar. Luis era muy laburador. Era un trabajo muy serio, pero a la vez había espacio para la diversión y el esparcimiento.

Más allá de tu amistad con Luis ¿tenías noción en ese momento de lo que representaba la figura de Luis Alberto Spinetta como músico?
Sí, porque cuando escuché Almendra por primera vez por radio me mató. Me sigue gustando escuchar temas como “Muchacha ojos de papel” o “Ana no duerme”. Todas las cosas que estudiaba en la batería tenían que ver con el jazz. A mí me gustaba tocar con las bandas de jazz, pero cuando escuché “Ana no duerme” realmente hubiese querido estar ahí. Lo que toqué después con Luis no tiene nada que ver con eso. Con el Flaco había que estar muchas horas.

a 18 minutos

A 18´, la banda actual de Ceravolo

Por otro lado, tocás con A 18´, grupo que rinde homenaje a ese disco de Spinetta y también interpretan otros temas.
Sí, la última vez que tocamos fue hace un año. Están Guille Arrom en guitarras, Álvaro Torres en teclados y voz y Pato Resico en bajo y voz. El grupo está bárbaro, todos coincidimos en que queremos hacer los temas inéditos de Spinetta. Ya tenemos un disco que ya está en las redes. Hay temas como “Ixtlán”, "Canción del mago de agua”, “Para Mario” y otros. El álbum se llama Inéditos I. Ya estamos con los temas para hacer el segundo disco.

En 1982, Grabaste Tiempos Difíciles, un álbum histórico de Juan Carlos Baglietto.
Fue una grabación para EMI. Me llamó el productor de álbum. Yo venía grabando bastante en esa época; hubo un momento que grababa todos los días. Por aquel entonces, a la batería se le daba más importancia y el sonido era más abierto; antes se asordinaban todos los cuerpos y sonaba todo seco. Capaz en una sesión se grababa un disco entero. No quiero decir que fuera malo, pero era diferente.

En la grabación había muy buena onda. Yo, por ejemplo, a Fito Páez no lo conocía. Él no era alguien tan conocido.

¿Cómo fue la preparación de los temas?
Me enteré ahí mismo en el estudio sobre las canciones. No había ensayado nada con ellos, fui directo a grabar. El productor brindó el estudio a disposición con el tiempo exclusivo para la grabación. Ellos tenían todo ensayado, pero yo no. Recuerdo que aprendí rápido. Fui escuchando y metiéndome. Nadie me dijo que tenía que tocar de tal o cual manera, pero me basé en mi criterio: escucho y me doy cuenta lo que tengo que hacer. No fue un disco de improvisación, como sí sucede en terrenos del jazz. Ellos ya tenían una forma ensayada y yo le sumé la batería. Quizás hubo una pequeña guía, pero no más de eso. En la contratapa están las fotos de todos y yo no estoy. No figuro en los créditos tampoco.

¿Hablaste alguna vez a Juan Carlos Baglietto sobre eso ?
Nunca se lo dije (risas). A mí me suena a que fue una cosa de la compañía. Al productor del disco supongo que le habrá gustado mi sonido y me llamó. Pero ya había un baterista.

¿Cómo te manejabas con la afinación de la batería en esa época?
El sonido ya lo tenía. En el estudio a veces debo haber pasado situaciones de stress, dependiendo de los técnicos. Pero sí aprendí a que no hay que hacer grandes movimientos en ese contexto. No podés hacer muchos inventos. La batería cambia según el ámbito y la acústica del lugar. Podés hacer cambios en el momento, pero si te desesperás fuiste.

Tenés tu propio estudio para grabar y me imagino que ahí tenés varias baterías...
Sí, actualmente tengo una sala grande con las máquinas y tres baterías con los micrófonos. Tengo una Yamaha Stage Custom jazzera con bombo de 18’, que compré hace dos semanas. Una Gretsch de medidas más grandes con bombo de 22’. Y también tengo una Yamaha Manu Katché que me compré en Suiza. La Gretsch suena con más profundidad y proyección. La Yamaha que compré ahora es más jazzera, también obviamente depende la afinación y los parches que le pongas. Y, por último, la Yamaha Manu Katché tiene un bombo de 16´, como si fuera un tom de pie. Además, vino con un redoblante de 12´ bien chiquito. Tengo toms de 10´ y 12´.

¿Te gusta la especialización de Drum doctor?
No, sinceramente no creo que pudiera dedicarme a eso. Sufro para afinar. Cuando iba a los estudios lo pude hacer. La afinación es muy importante, hay que respetar algunas ideas: afinar en cruz, llevar los parches parejos, acomodar bien los aros. Pero después hay mucho de experimentación. Es bastante complejo el tema de la afinación y a veces llegás al estudio y suena muy diferente a cómo suena en tu casa. Siempre tenés que cambiar algo al momento de grabar. Hoy por eso, está buena la figura del drum doctor. Es más rápido.


¿Das clases?
Sí, me gusta dar clases. Tengo pocos alumnos, pero es algo que disfruto. Mi profesor, te cuento, fue Alberto Alcalá, una leyenda de la batería.

Insam

 

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