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Mundy Epifanio: “Es muy difícil venderle cosas de golpe a los españoles”

Mundy Epifanio

Se inició como sonidista y asistente de escenario. En sus comienzos asistió a conciertos internacionales. Esa experiencia la volcó a armar la primera discoteca rockera de los 80, Halley. Productor de espectáculos y mánager de Riff, Violadores, Todos Tus Muertos y Attaque 77. Hoy reparte su agenda entre Buenos Aires y Madrid. Con ustedes Mundy Epifanio, un referente del rock argentino y latinoamericano en Europa.

Por Luis Mojoli
 

El fútbol te llevó al rock. ¿Cómo fue eso?
Es que yo jugaba en Argentinos Juniors, y cuando dejé de jugar al fútbol conocí a un grupo de músicos importantes del momento. En aquella época había muchos torneos de fútbol interno de artistas y me convocaron a jugar para el equipo de una banda que se llamaba Pomada. Tenía 22 años, era futbolista. Imaginate que jugar con los músicos era muy aburrido. Había mucho robo, porque yo estaba en estado físico. Jugaba en clubes profesionales, no en la liga profesional, pero jugaba al fin. De ahí me quedé. Así llegué a la música.

¿Y cómo fue esa primera incursión?
Empecé a trabajar con ese grupo como asistente de escenario. Hacían 20 shows por semana. Había que montar y desmontar sonido, luces y backline, seis o siete veces por noche. Era una época increíble comparándolo con ahora, que para hacer un show tardás siete mil horas y todos se quejan… La banda tocaba veinte minutos y encima había que llevar un Hammond con Leslie.

Pesadita la cosa.
Sí. Y además tocaban en los bailes de los pueblos, con piso de tierra. Nada tenía ruedas, así que tenías que cargar todo a mano. A veces los escenarios tenían 4 metros de altura y había que inventar fórmulas para subir las cosas, porque no existía la puerta trasera con acceso al escenario. Estuve como cinco meses haciendo eso hasta que un día vino un cantante muy famoso y me dijo: “Venite a jugar con mi equipo, te pago el triple”. Ahí ya teníamos más gente trabajando. Rápidamente esta persona se compró una mesa de sonido llamada Montargo. Era italiana. En aquella época ver eso era como avistar un plato volador.

¿Esto que me contás en qué año sucedió?
Lo de Pomada era en 1977, yo tenía 21 años. Recién dejaba de jugar al fútbol en clubes de primera. Y en el 78’, con Quique Villanueva, hacía también 20 shows por semana.  Pero a este pibe, Villanueva, le gustaba mucho la técnica. Ya no tenía un equipito de voces. Se compró una mesa Montargo de 16 canales y un equipo de luces y empezamos a hacer los shows con eso. A mí me puso de sonidista. Imaginate: yo no tenía ni idea, era un pibe de barrio, un futbolista. Pero se ve que me daba cierta maña.  A ver: hacíamos sonido pero no sabíamos lo que teníamos que hacer. Configurábamos las cosas siempre de la misma manera (risas). Incluso trabajé de sonidista con artistas internacionales de renombre, pero en shows chicos que hacían ellos en el Hotel Sheraton, por ejemplo. Y claro, me quedé ahí enganchado, porque ganaba en un fin de semana lo que mis amigos del barrio ganaban en un mes o dos. Encima estaba lleno de chicas, porque eran laburos con cantantes melódicos. Este muchacho tenía un manager que se cansó de ir a los shows, porque estos hijos de puta iban en el auto escuchando Kiss y AC/DC a full en el año 78’. El otro tipo era manager de artistas melódicos, así que se volvía loco. En un momento me dijo: “No te animás a ir a los shows de manager”?. “Claro”, le dije. “¿Qué hay que hacer?”. “Tenés que cobrar”, me respondió. El grupo se llamaba Mocedades. Era español.

En esa época los managers cobraban ahí mismo, ¿no?
Claro, in situ. Había cajas llenas de mosca. Guita aplastada, sucia, llena de tierra y cerveza. Miles de billetes. Los shows generalmente se daban en lugares donde asistía gente de clase baja. Estaba todo el mundo muy borracho; generalmente una vez por semana terminábamos a las trompadas. O sea, estaban todos escabiando ahí tranquilos y llegábamos nosotros con un Hammond y se pudría todo.

Me imagino que eso no fue peor que lo que pasó después con Riff.
No, porque con Riff la gente no quería pegarnos a nosotros. Éstos sí. Nos querían cagar a trompadas, directamente. Encima estaban todos borrachos y las mujeres se enloquecían con los cantantes. Con Riff, en cambio, la gente quería romper todo porque era una cuestión sociopolítica y cultural del momento. Pero con nosotros estaba todo bien siempre, excepto una vez que Pappo se peleó en Córdoba con un montón de gente en la época de Malvinas. Lo que sí tuvimos fueron situaciones adversas debido a las autoridades, los militares, la iglesia, los neonazis, etcétera.

¿Cuál fue la primera banda que empezaste a managerear?
Riff. Después, Los Violadores. En el medio de eso después managereé a Todos Tus Muertos y Rata Blanca. Todos esos grupos los lancé al mercado.

Luego fuiste propietario de Halley…
Rata Blanca y Halley fue contemporáneo, porque el primer disco de Rata sale en 1988 y en ese entonces estaba abriendo el Halley nuevo, el de calle Corrientes. Había visto muchas cosas en España y había asistido a Rock In Rio I, así que volqué muchas ideas ahí. Le puse el contenido de discoteca de rock. Yo era el programador artístico y director de promoción de marketing. Hacía los carteles y los acuerdos con los medios de comunicación, que eran básicamente Rock & Pop, 13/20 y Madhouse.

Volvamos a tu etapa previa. ¿Qué pasó después de trabajar con Quique Villanueva?
Se ve que yo tenía cierta pasta para el tema, porque me iban llamando todos y me decían: “Vení, vení, vení”. Un día me convocó un empresario artístico groso, Arnaldo Cancero, que tenía una oficina muy grande en el mismo edificio donde estaba Palito Ortega o Sandro, en Tucumán al 1400. Este hombre tenía una agencia artística que traía al país a gente como Richard Clayderman, Los Parchís, Joe Cocker y otros artistas. Yo tenía 23 y ya había hecho dos años de inferiores con otros. Con este empresario directamente hice un Máster, porque realizábamos veinte o treinta shows por mes. Clayderman llenaba teatros en todo el país y por otro lado la gente se volvía loca con Los Parchís.

Eran todos artistas con un perfil totalmente distinto.
Claro, Clayderman era un galán que atraía a miles de mujeres. Por otra parte, estaban Los Parchís en donde estaba lleno de niños y con Los Pasteles Verdes íbamos a las bailantas con piso de tierra; salíamos con barro hasta los tobillos. Pero coincidíamos todos en el Sheraton. Era una cosa muy rara. En un momento dado conocí a Carlos Geniso, fundador y actual CEO de DG Medios, uno de los más destacados productores de espectáculos en Latinoamérica. El tipo estaba desesperado por que había comprado cuatro shows a The Tramps, que eran unos que tocaban en la película de John Travolta, “Fiebre de sábado por la noche”. Me dijo “Compré cuatro shows y tengo sólo uno. Estoy desesperado. Me dijeron que vos conocés todos los lugares del Gran Buenos Aires. Salvame”. Faltaban dos meses. Hice tres o cuatro llamados y le metí los tres conciertos, uno en Quilmes, otro en San Justo y otro en Ramos Mejía. El tipo se volvió loco.

Y después, ¿cómo siguió la cosa? ¿Ahí fue cuando conociste a Pappo y a Riff?
Geniso me dijo: “Estoy por lanzar un grupo que va a explotar por los aires”. Yo sinceramente ya venía con artistas grosos, así que no me asombraba algo así. Me daba lo mismo. Me dijo: “Es un grupo que se llama Riff, en el cual toca Pappo”. Yo a Pappo lo había conocido porque los pibes de Pomada tenían un grupo paralelo llamado Once Doce. Una vez tocaron en el Luna Park como apertura de Polifemo y me llevaron a mí a cuidar la batería. ¡A cuidar la batería! Para que no se la roben. Invitaron a Pappo a tocar con Polifemo y había gente con banderas. Yo no tenía ni puta idea. Justo me acordé que Pappo le había metido un cachetazo a Nito Mestre, ahí cerca de la batería, no sé por qué. Entonces después Geniso me convenció de que había que darle importancia a Riff, así que nos reunimos. Vino Michel Peyronel, con una moto 1200, una cosa extraterrestre, gigante. También vino Vitico, un concheto de toda la vida, aristocrático, fachero. Y Pappo. La verdad es que pensé: “Esta mezcla de personalidades puede ser muy buena”. Fui a ver el show Adiós Pappo’s Blues, Bienvenido Riff en el teatro de la calle Boulogne Sur Mer. Había butacas: las rompieron todas. Más tarde, empecé a caminar las compañías de discos para conseguir un contrato, pero a Pappo no lo quería nadie. Literalmente.

Qué bárbaro, porque Pappo ya tenía bastante trayectoria.
Pappo, pese a que había grabado siete discos con Pappo’s Blues, era underground. Riff lo hizo más masivo. Volviendo al tema de mi trabajo en la compañía artística, America Producciones Internacionales, yo, además de ir a los shows, hacía las visas de trabajo. Esta gente, por otro lado, tenía una compañía llamada Tonodisc, que tenía un arreglo con Argentina Televisora Color (ATC). Mi último intento fue decirles: “Che, tengo a esta banda…” (se refiere a Riff). Y me contestaron: “No, dejate de hinchar los huevos. Pappo es un desastreEstá todo mal”. Pappo había caído en cana hacía poco con marihuana. Un día, uno de ellos me dice: “¿Sabés qué, Mundy? Acá nosotros te queremos mucho. Vamos a grabar a Riff y te vamos a regalar una cantidad de segundos que tenemos libres en ATC para hacer la propaganda del disco”. ATC era el canal número uno. Era como que ahora Canal 13 te dé segundos. Fuimos a grabar a un estudio muy rudimentario, porque obviamente no querían poner mucha plata. Además tenían a favor, que el dueño de la música era Chiche Garber, el inventor de Musimundo. Así que pusieron los segundos en televisión y ahí empezó la propaganda de Ruedas de Metal en la tele. Comenzó todo a subir, vino la famosa publicidad de Pappo pegando cadenazos en el suelo y a partir de ahí el quilombo que todos sabemos.

¿Cómo definirías al fenómeno Riff?
Fue una explosión punkie. Destrucción total. Ellos decían que eran heavy metal y los medios también, pero eran punkies. Nunca nadie hizo tanto quilombo como Riff. Nadie. Tocaban en todos lados. En uno de los teatros, que era propiedad de unas monjas, llevamos a un tipo que se hacía pasar por brasilero y tenía un nombre portugúes ficticio. Esta persona le dijo a las monjitas que era un espectáculo de samba brasilera. Cuando llegó la hora del show, vino una de las hermanas y amenazó con suspenderlo.  Entonces todos dijimos: “Mire hermana, si no se hace le van a destrozar todo. Si se hace, a lo mejor destrozan algo, pero no todo”.  La monja dijo: “Bueno, que toquen poco y después se vayan”. Al final tocaron como tres horas. El brasilero, por supuesto, desapareció. Firmó el contrato y todo. Esas historias se daban todo el tiempo.
 

Pappo, Vitico y Mundy Epifanio

                                          Pappo, Vitico y Mundy Epifanio. Foto cortesía Tribal Producciones


¿Cómo era tu relación con Pappo? No era un tipo fácil de llevar.
No, ¿pero sabés qué? Yo me crié en Barracas y además jugué en Argentinos Juniors, a diez cuadras de la casa de Pappo. Crecí entre Barracas y La Boca, donde había gente mucho más pesada que él. En el barrio había que andar con cuidado…Encima había jugado en Argentinos, así que conocía a la hinchada de Argentinos. Todos lo conocían a él y él conocía a todos. Yo tenía 24 años cuando empecé a trabajar con Riff y ellos me veían como alguien que iba a darles un empujón. Y así fue.

¿Hasta qué etapa estuviste con ellos?
Yo hice los primeros cuatro discos, y después me abrí cuando vino la etapa con Moro y JAF.

Y después managereaste a Los Violadores…
Sí, también los lancé al mercado. Todo se dio así: a Daniel Grinbank le habían acercado su música, pero no le gustaba mucho porque había gente con esvásticas. Así que un pibe me arrimó un casette y empecé a recorrer todas las compañías. Otra vez nadie me daba bola. Yo sentía que esos muchachos tenían algo original para el momento. Un amigo mío, Mario Sanguinetti, que era guitarrista y tenía un estudio llamado Buenos Aires Records, equipado con dos máquinas con cuatro canales, me dijo: “Mirá, Mundy. Te hago la gamba, pero cuando no tenga nada que hacer”. Entonces me llamaba un día antes y por ahí decía: “Tengo libre mañana de doce del mediodía a la medianoche”. Yo le avisaba a todos, incluído a Michel Peyronel, que fue el productor del primer álbum de la banda, y nos íbamos todos corriendo a grabar lo que se pudiera. Todo registrado en dos máquinas de cuatro canales. Ese disco lo seguís oyendo hoy y suena estupendo.

Mundy Epifanio con Los Violadores

                                                            Mundy Epifanio con Los Violadores

No depende tanto de la tecnología que una banda suene bien.
Lo que pasa es que Michel sabía mucho y le hizo una producción increíble. El disco fue grabado en la época de la Guerra de las Malvinas de esa forma: martes, de doce de la mañana a doce de la noche; viernes, de doce de la noche a siete de la mañana; lunes, de dos de la tarde a seis de la tarde.  Tardamos como cinco meses en hacerlo. Mario me ayudó mucho y Michel evidentemente puso un talento y un conocimiento increíble para esa grabación.

¿Y todo lo relativo a lo discográfico también lo manejabas vos?
Con Los Violadores sí, con Riff no. Con respecto a Violadores me asocié con Ramón Villanueva, hoy ya fallecido, que tenía un sello llamado Umbral Discos y Cintas. Él me dijo: “Vos traé artistas, yo pongo la estructura”. Entonces hicimos también lo de V8. Con Los Violadores hicimos una gran acción de promoción y marketing: armamos un remix de “Uno, dos ultraviolento”. José, el disc jockey de la discoteca Tarot de Flores, me dijo: “¿Me dejás hacer un remix?”. Nunca se había hecho un remix de una banda de rock argentina y así Los Violadores se metieron en una discoteca.

¿Cómo hizo ese remix?
Con la cinta de dos pulgadas, que era el master, hizo como veinte copias y cortaba y pegaba los pedacitos de cinta. Fue la primera vez que se hizo un remix en el país de una banda de rock argentino. El Ruso Verea, con su amigo el Yeti, vendían discos importados y recorrían los boliches durante jueves, viernes y sábado, con una valija llena de vinilos. Entonces le dije al Yeti: “Escuchame, hagamos una cosa. Yo voy a hacer un montón de discos del remix de Los Violadores. Te doy álbumes y regaláselos a todas las discotecas”. Tuvimos suerte porque era la época de Malvinas, el rock en inglés estaba prohibido y el “Uno, dos, ultraviolento” ya tenía peso en el mercado. Y entonces el Yeti regaló doscientos cincuenta discos en las discotecas del Gran Buenos Aires. De repente, los disc jockeys comenzaron a poner el tema remixado y, al ver que la gente bailaba y bailaba, lo ponían cada vez más. Ahí explotó todo; de repente empezamos a hacer cuatro o cinco shows por fin de semana con Los Violadores en las discos.

Mirá vos los que hizo explotar a Los Violadores. ¡Un remix y no el recorrido underground!
“Ultraviolento” había tenido un poquito de repercusión en la radio. Lalo Mir lo ponía y un par de amigos más, también. Pero eran dos o tres y sonaba dos veces por semana. Y de repente en las discotecas sonaban todo el tiempo Los Violadores. Un día hicimos un show en un reducto y habíamos metido 250 personas; en los boliches al público le importaba todo un carajo, pero bailaban “Uno, Dos, Ultraviolento” y la banda ganaba en dos shows cincuenta veces más que en un concierto underground. Se fue abriendo todo y llegamos a Córdoba, Mendoza y hasta Comodoro Rivadavia. Después se pusieron más soft y tuvieron un poco de éxito en Chile y Perú, pero acá no pasó nada.

¿Cómo decidiste radicarte en España?
En realidad nunca me fui. Estoy en los dos lugares. Acá tengo mi casa y tengo otra allá. Y la empresa en los dos lugares. Evidentemente estoy más tiempo en España, eso sí.

¿Qué es lo que a los españoles les gusta musicalmente?
Les gusta todo. Por algo es el lugar del ocio, la diversión y las vacaciones de todo el mundo. Todo aquel al cual le gusta la gastronomía, la música, la noche y la fiesta, va a España. Allá hay todo un oxígeno de libertad que no hay en otros lados. Así que fui metiéndome un poco, conversando con amigos de amigos, “Hola qué tal, hola qué tal”. Y así fue. Yo hago shows de folclore y a Louta, por ejemplo. El 90 por ciento de lo que va de Argentina a España pasa por mí. Además represento a artistas españoles para América Latina, como La Pegatina o Izal.

¿Cómo se dio el tema del escenario Cosquín Rock en España?
Debido a mi amistad con José Palazzo, él siempre me decía de hacer algo en España. Hicimos un estudio de mercado muy exhaustivo y yo determiné que no tenía sentido hacer un festival. Allá, sin menospreciar, piensan que en América Latina somos los conquistados y ellos son los conquistadores. Es muy difícil venderle cosas de golpe a los españoles.

Sin embargo el rock argentino nació antes que el rock español…
No, eso es mentira. Es una fantasía que contó alguien. En España y en México ya había grupos, eran todos clones de Elvis Presley.

Pero sin embargo creo que no había bandas como Los Gatos, Pescado Rabioso, Almendra, Manal…
No te puedo decir, porque no me las acuerdo, pero había el triple de bandas así. No hay que olvidarse que España, hasta ese momento, tenía una represión muy heavy por parte de Francisco Franco y los grupos no trascendían. Pero acá tampoco pasaba eso. Las bandas que nombraste eran underground, no es que alguien en Catamarca iba a cantar sus canciones. Eso fue todo una leyenda que hubo en Buenos Aires de la música porteña y de algunos rosarinos. Pero quien hacía la mayor cantidad de música popular argentina eran los millonarios de zona norte. Eran los pibes que podían tener una guitarra, un equipo, y viajaban a Estados Unidos o Europa para comprar discos. El resto no tenía nada para escuchar. España tenía esa cosa de la represión interna, pero la información era más accesible porque estaban cerca de Francia o Inglaterra. Había mil grupos. Argentina era una potencia mundial de venta de discos; de todo. De hecho, uno de los artistas más importantes no anglosajones era Carlos Gardel. O Palito Ortega, que en los 70’ vendió un millón de discos en España. Palito hoy en día sigue teniendo canciones suyas en todos los canales de España. Manal no existió nunca en España. Vox Dei tampoco.

Volvamos al tema de Cosquín Rock.
Como te decía, yo le dije a José que lo interesante era hacer un escenario Cosquín Rock y no un festival. Con la presencia de Izal y La Pegatina, un 90 por ciento de público iba a estar en ese momento en el festival San San con la atención puesta en esas bandas y Los Auténticos Decadentes, obviamente iban a llevar mucho público argentino. Además estuvo el grupo chileno Bocho. Fueron cinco grupos en el escenario, pero no fue un Cosquín Rock, sino que fue un escenario dentro del festival San San.

¿Por qué no se hace el festival, directamente? ¿Sería inviable?
No, no se podría. Mirá, en España, en 2017, hubo 804 festivales programados. La gente piensa que acá en Argentina vienen a tocar todos. No viene nadie. Ahora bien, Latinoamérica es otra cosa. Soda Stereo fue lo top de lo top. Gustavo Cerati era el Dios del rock en español y sin embargo iba a España y tenía que remarla un montón.

También llevaste a Attaque 77 a Europa…
Sí, mucho. Con ellos debemos haber hecho 300 shows en Europa.

Quiere decir entonces que el rock argentino puede funcionar en en el Viejo Continente.
Pero es underground. Attaque, el record que tuvo, fue llevar 800 personas en Ibiza hace un par de años. En Madrid nunca metieron más de 500. Barcelona lo mismo.

¿Cómo se puede hacer crecer el rock argentino en el mundo?
Bueno, en Latinoamérica se hizo eso a través de los medios de comunicación. Por eso Los Enanitos Verdes son gigantes en México, Soda Stereo fueron los más grandes de la historia en Latinoamérica, Los Violadores hicieron lo suyo; Miguel Mateos todavía sigue trabajando; Vilma Palma tuvo un gran éxito. Cada uno tiene su forma.

Pero no más allá de nuestro continente.
Sin dudas. En España el artista argentino de los que no vive ahí, porque, a ver, Calamaro vive ahí, es Bersuit Vergarabat. Bersuit tiene el record absoluto: en el año 2007 metieron 3800 personas en Barcelona y 2500 en Madrid.

Ninguna banda argentina llegó a eso. Ni Soda Stereo.
Exactamente. Soda tocó una sola vez en Madrid y convocó a 1200 personas en dos funciones. Y Cerati como solista llevó a 1800 fans en Madrid y 1800 en Barcelona.

Penúltima, ¿cuál es tu disco preferido de Riff?¿Y de Los Violadores?
De Riff, Contenidos. Y de Los Violadores el primero. De Attaque 77, Karmagedón.

Ahora sí, nos vamos. ¿Con qué artistas de rock en español esás trabajando?
Con La Pegatina, Izal, Dorian e Ilegales.

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