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Nico Cotton: "Cuando produzco trato de no encasillarme"

Nico Cotton

Nota: Luis Mojoli
 

Comenzó como baterista, influenciado por su padre. De adolescente, ganó inesperadamente una computadora en un concurso y, sin darse cuenta, comenzó a adentrarse en el mundo de la producción y grabación. De ahí hasta ahora, Nico Cotton nunca paró.

En diálogo con REC or Play, el joven productor, ingeniero y músico cuenta qué diferencias puede haber al momento de grabar a Wos o Juan Ingaramo, artistas con los que trabajó. Además, todo sobre su rol en Cabildo y Juramento, el exquisito disco con el que Conociendo Rusia (grupo liderado por Mateo Sujatovich) viene pisando fuerte. Una charla entre compresores, mics y preamps, con anécdotas, futuros planes, y su particular alquimia en el estudio.

¿Cómo fue el proceso de producción del disco Cabildo y Juramento de Conociendo Rusia?
A diferencia de muchos casos, yo lo fui a buscar a Mateo Sujatovich (N de R: Mateo es el hijo de Leo Sujatovich, tecladista de Spinetta Jade, entre otros proyectos) que es el alma mater, guitarrista, compositor y cantante del grupo. Le dije: "Yo soy fan de tu música y quiero trabajar con vos". Me contestó: "Bueno, dale, juntémonos". Así que quedamos, charlamos un par de horas y nos mostramos mutuamente diferentes cosas musicales. Ya de entrada hubo química. Comenzamos a trabajar con un tema llamado “La Mexicana” y ahí dijimos: “Vamos para adelante con el disco”. Fue un proceso muy natural.

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¿Ya estaban compuestas las canciones?
Él es un gran compositor y tenía muchos temas, algunos que eran de cuando tenía 18 años. También algunas cosas nuevas que me iba mostrando. Fuimos acomodando las canciones que él tenía para que tuvieran sentido dentro de un álbum. Por ahí mandaba algo y te sorprendía. Yo pensaba “qué capo este pibe”. Obviamente todo tiene una reminiscencia al rock nacional clásico. Mateo estaba en duda; no sabía si hacer algo moderno o no. Yo le dije: “Olvidate, hagamos algo clásico donde no haya una puta computadora y casi no suenen sintetizadoresQue sea orgánico, suene a una banda de rock pop nacional y que la gente conecte con eso”. Hay algunos sintetizadores, pero más bien algo vintage.

¿Cómo fue el surgimiento de “La Mexicana”?
Fue medio como una improvisación. Fuimos al Estudio El Mar con Guille Salort, que es el baterista de la banda. Grabamos unas baterías re “secas” y graves. Yo tenía un audio en la cabeza que le mostré como referencia a Mateo y fuimos construyéndolo de a poco. En un momento le metimos brasses y se fue armando todo naturalmente. Fue el puntapié inicial para ver si nos gustaba trabajar juntos y nos dimos cuenta que sí. Quedamos los dos chochos.

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¿Hacia donde fue la búsqueda de sonido en Conociendo Rusia?
Mi disco favorito es “Thriller” de Michael Jackson y tiene nueve temas. Así que dije: “vamos por este lado”. Fue un proceso muy lindo el de la grabación del álbum. Un día Mateo vino y me dijo “Che, me compré una armónica”. Era la primera vez que él tocaba una armónica cromática, así que grabamos y terminó quedando en “Cabildo y Juramento” y “Puede ser”. Así que terminamos mezclando toda la música que nos encanta. Un poco fue buscar el sonido de gente como Neil Young, Steely Dan, John Mayer, tratando de generar algo propio para que suene distinto.

Recién mencionabas la armónica. Uno de los secretos a la hora de componer es dónde agregas el sonido del instrumento, más allá de las limitaciones técnicas que pueda tener el músico. Utilizar bien los recursos hace que todo funcione a nivel general.
Sí, pero además dejame señalar que Mateo es talentosísimo y, si no sabe tocar la armónica, rápidamente aprende. Pienso que las limitaciones a veces enriquecen un proyecto. Si hay un bajista que no para de meter notas en una canción, no va a estar bueno. Neil Young, en cambio, tiene un bajista que pone dos notas y ya le suena todo. Tiene un sonido propio. Creo mucho en las limitaciones, no sé si me interesa tanto que el músico sea virtuoso. Conociendo Rusia tiene interpretación, movimiento. Encima los integrantes de la banda son unas bestias: todos tocan y cantan, son súper talentosos. El desafío en esta oportunidad era acomodar todo ese talento y darle prioridad a la canción. A cada proyecto trato de generarle texturas a través del audio. No es lo mismo grabar con tal o cual micrófono, cómo procésas la batería, cómo grabás un bajo, qué pre usás.

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¿Cómo grabaste las baterías? ¿Qué equipamiento se utilizó?
Grabamos en un estudio llamado 0618. Queríamos un sonido cálido, no estridente. Para los overheads usé unos Coles, unos micrófonos de cinta, opacos, lindos y cálidos. Utilizamos baterías viejas de Guillermo Salort y platos grandes. Tratamos de lograr una calidez más rockera, como si fuese grabado en cinta. Después hubo cambio de tambores y bombos, para generar un sonido más gordo o de kick, según la canción lo requiriese o no. No hay casi nada de samples de batería. La idea era que todo fuese lo más natural y orgánico posible sin perder el carácter de modernidad. La voz la grabamos con un Neumann U47, un micrófono clásico. Con unos pres Tree Audio hechos a mano, valvulares y súper versátiles.

¿Cómo fue la aplicación con los Tree Audio?
Este pre lo tengo seteado de manera sencilla. Podés cambiar la impedancia y eso te genera un distinto color en un mismo micrófono. Después trabajamos mucho grabando comprimido. Me gusta grabar colorido, no algo frío. Quiero ser capaz de definir un audio a la hora de grabar, cosa de que después no haya que inflar la grabación. Intento que todo tenga huevos desde la canción, y que la mezcla sea algo más de corte estético, de punch y de acomodar planos. A veces te metés en un audio que no tiene vuelta atrás, pero es parte de la experimentación.

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¿Y qué equipos usaste para grabar guitarras?
Un amplificador Princetone, que es un Fender de 1978, con la intención de recuperar el espíritu de época. Hay un tema que grabamos con un Kemper, un aparato digital emulador de amplificadores que suena mortal. Lo probamos en el tema “Quiero que me llames” y rindióUtilizamos muchas guitarras: Fender Telecaster, Fender Stratocaster, Gibson Les Paul, Epiphone 335, etcétera. La verdad es que había disponibilidad de instrumentos.

¿Todas las guitarras tuvieron un tratamiento parecido?
Sí. O sea, se trataba de probar sonidos. Hay mucha saturación de amplificador. Por ejemplo, el solo de “Montaña infinita” creo que es la Epiphone 335 con el equipo al palo. Esa saturación orgánica es imbatible. Quedé muy contento con el sonido de las guitarras.

Hoy por hoy al utilizar tanto lo digital el sonido pierde lo armónico. ¿Lo ves así?
No sé si es tan así. Lo que sí te digo es que no es lo mismo grabar una batería real tocada por un ser humano que armar un beat y que el sample siempre suene igual. Un bajo Precision va a tener un movimiento X distinto que un 808. Sobre todo el sonido va a ser diferente en un instrumento, dependiendo quién lo toque. Para mí es más “difícil” trabajar con músicos reales que armar un beat. Disfruto hacer esto último, pero laburar con una banda es más complejo. Obviamente me divierte hacer las dos cosas. Me encantó el movimiento del disco de Conociendo Rusia y también quise que sonara controlado y moderno.

¿Cómo definirías a Cabildo y Juramento?
Es un álbum clásico, orgánico, moderno y de buenas canciones.

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¿Cómo lo encuadrarías en cuanto a géneros?
Creo que se ubica solo. Cuando produzco un disco trato de no encasillarme; voy para adelante e intento que haya un concepto artístico logrando una obra. Como te decía antes, yo vengo de The Beatles, Neil Young y toda esa camada; me gusta que haya algo integral.

Mezclaste Caravana de Wos. ¿Cuál fue tu aporte?
La producción la hizo Facundo Yalve (Evlay Beats). A mí no me costó mucho mezclarlo, lo que hice fue darle más punch y movimiento, poniendo la voz más in your face. A diferencia de Conociendo Rusia, lo de Wos fue todo trabajado In The Box. Fue un proceso más de Pro Tools. Tengo dos sistemas armados, uno es para mezclar adentro de la compu y el otro afuera. En el caso de Wos opté por lo primero. Si es algo orgánico tengo un template determinado; si es algo más urbano, uso otro. Voy usando lo que se puede llegar a rendir. No es lo mismo un compresor como el LA2A que un 1176. Los dos tienen dos caracteres diferentes. Ni tampoco es lo mismo un Neve que un pre Avalon.

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Cómo ves la emulación de los plugins de hoy en día. ¿Es perceptible para el consumidor musical? ¿Se diferencia eso?
Creo que para grabar es importante tener buenos pres, micrófonos de calidad y compresores.

Si utilizás un externo y un plugin, ¿diferenciás entre uno y otro?
A lo mejor suenan distinto, pero a lo mejor me gusta más el plugin o el hardware. O quizás no me dé cuenta, sinceramente. Hay mucha paja audiófila en plan “No, porque este compresor de 1984…”. Está bueno saber y tener data, pero al final es como una buena guitarra: quizás tenés una de 5 mil dólares y la tocás y viene alguien con una de dos pesos y te la hace sonar mejor. Hay gente que mezcla con los plugins de Pro Tools y suena tremendo. Hoy en día las herramientas están disponibles para todos, pero siguen estando personas a las que la mezcla les suena mejor que a otras.

Se trata de cómo utilizás las herramientas…
Por eso te digo, podés tener todos los racks de universo y millones de dólares en aparatos, pero si al final de día la producción no está buena y la mezcla tampoco, no sirve para nada. Voy a ser sincero: me gusta el hardware, me divierte utilizarlo. Trato de grabar lo mejor posible con los mejores pres y compres y micrófonos, que no quiere decir que sean los más caros, sino los mejores para cada situación.

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¿Y en el caso de Wos entonces no trabajaste con ningún equipo externo?
No, porque fue una decisión artística. Por ejemplo en “Luz Delito”, la idea fue tratar de no salir del Pro Tools manteniendo el espíritu de la producción del tema. Como productor uno tiene la responsabilidad de no mandarles los tracks todos crudos al ingeniero de mezcla. Creo que debemos enviar las cosas lo más armadas posible, con un color, audio y textura determinados. Si grabo una batería con el tambor bien gordo y después te digo que quiero que suene como el redoblante de Chad Smith de los Red Hot Chili Peppers, no va. Hay que grabar de nuevo.

Eso pasa también con el mastering. Muchos músicos quieren resolver las cosas y ya cuando está todo grabado y mezclado no se puede hacer mucho.
Sí. Mirá, yo doy un workshop de producción y mezcla en donde desmitifico un poco esto de que la mezcla o el mastering después va a terminar sonando bien. La canción tiene que estar buena, hay que grabar adecuadamente y la producción debe tener un concepto determinado. Si quiero una batería cálida no voy a poner un condenser de overhead, quizás voy a poner un Ribbon. O a lo mejor pongo algunos trapos sobre los cuerpos del instrumento. Todas esas son decisiones artísticas que luego son muy difíciles de corregir en la mezcla. Las cosas tienen que estar pensadas de antemano para que, al llegar al momento final de la producción, todo tenga sentido. Si algo quedó mal, no hay que dejarlo para arreglarlo en el mastering. No va a suceder. Sí puede mejorarse, pero no se puede esperar un cambio rotundo. El 18 de noviembre voy a dar un workshop gratuito en Córdoba en el marco del festival La Nueva Generación que ya está agotado.

Comenzaste en la música como baterista. Contame cómo fue tu formación musical.
Mi viejo era músico y nací rodeado de una batería. Me puso la bata, venía con la guitarra y me acompañaba de manera didáctica. Mi papá y mi mamá me apoyaron muchísimo y luego a los doce empecé a tocar en bandas como baterista. En la adolescencia comencé a incursionar con la computadora. Curiosamente me la gané en un concurso de televisión. Fue un programa de Alejandro Fantino al que fuimos con mi mamá y ganamos una compu. Vivíamos enfrente de Parque Rivadavia y compré un software para hacer música, el Cakewalk. Lo instalé y no sabía nada. No había tutoriales de YouTube, no existían. Entonces mis viejos me mandaron a aprender con un tipo que hacía jingles para comerciales y me enseñó a utilizar midi e instrumentos virtuales. Esto fue a fines de los 90, principios de los 2000. Empecé a hacer canciones poco a poco. Mi viejo me llevaba a todos lados, cargaba la batería. Fue muy importante ese apoyo en mi vida, me ayudó mucho para darle para adelante. Después comencé a tocar con Omar Mollo en MAM y posteriormente formé mi banda como cantante. Se llamaba Artesanales, tocamos por todos lados. De golpe me encontré produciendo y fue todo natural.

Trabajaste con artistas muy diferentes. ¿Hiciste vos la elección de esos músicos o fue un proceso natural que se fue dando?
Un poco y un poco. A Conociendo Rusia los fui a buscar, por ejemplo. Poniéndome un poco más espiritual diría que la vida te va acomodando y te va llevando por los lugares que te tiene que llevar. A mí se fue dando todo natural, me llamó Juan Ingaramo y eso me disparó para hacer otras cosas. Me divierte mucho realizar trabajos variados, no me encasillo en el rock, pop o lo urbano. Me gusta armar beats y hacer algo urbano, pero también me encanta estar ahí con la bata o la viola. Cada proyecto te da algo distinto y las herramientas son diferentes.

¿Qué trabajos hiciste con Ingaramo?
Con Juan hicimos un disco que se llama Best Seller (2018). Ahora él está nominado como Mejor Artista para los Latin Grammys. Un artista zarpado, se lo re merece. Es un tipo muy veloz, siento que es muy adelantado y ve las cosas de antemano. Somos muy amigos y tenemos una química impresionante. Ahora empezó a levantar más popularidad, porque el disco mezcla estilos y además Juan hace muy buenas letras. Actualmente estamos trabajando en cosas nuevas y es una prioridad para mí. Creo que es muy vanguardista todo lo que hacemos. En Best Seller vino a grabar un guitarrista que grababa en RCA y se tocaba todo. Era Daniel Homer, un animal.

¿Te gusta mezclar distintas generaciones de músicos en los álbumes?
Totalmente. Lo disfruto y lo más lindo es aprender: nunca terminás de hacerlo. Laburo veinticuatro horas para eso. Cuando duermo estoy pensando cómo producir y cómo hacer para sonar mejor (risas). No hay que dormirse en los laureles y dar nada por sentado. Está bueno nutrirse de cosas nuevas. En el disco de Conociendo Rusia fue hermoso haber trabajado con Leo Sujatovich, el papá de Mateo.  Fue como jugar con Messi. Hizo arreglos de cuerdas en “Montaña Infinita” y “Cosas para Decirte”. Y arreglos de brasses en “Cabildo y Juramento”, “En Todos Los Lugares” y “Quiero Que Me Llames”.

Esa invitación surgió por parte de ustedes?
Sí, le comenté a Mateo que necesitábamos arreglos de cuerdas y dijo: “Bueno, digámosle a mi viejo”. Le contesté que sí, a full. Probamos y fue un disfrute total. Hicimos una sesión alucinante de cuerdas en estudios Fort con 16 músicos. Vinieron familiares, novias, amigos. Todo compartido, muy divertido. Pablo López Ruíz grabó las cuerdas en “Cosas Para Decirte” y “Montaña Infinita”.

¿Quién fue el ingeniero de grabación?
Pablo López Ruíz fue el ingeniero de grabación de las cuerdas, los arreglos los hizo Leo Sujatovich y yo grabé todo lo otro. Queríamos aprovechar los doce músicos y la sala, así que vino Pablo y sonó espectacular.

En caso de otros artistas como Wos o Juan Ingaramo, ¿cómo te manejás con los arreglos? ¿Se busca grabar arreglos de cuerdas en álbumes así?
Mirá, con Juan quizás terminemos haciendo arreglos de cuerdas. Me encanta mezclar cosas. Por ejemplo me gustaría mixturar cuerdas con reggaetón. Ahora, por ejemplo Ingaramo va a salir una canción que tiene un sample de cuarteto de La Mona Jiménez fusionada con funk brasilero.

¿Dónde se grabaron los materiales de Wos y Juan Ingaramo?
“Púrpura” y “Andrómeda” los grabamos acá y Best Seller de Ingaramo, también. Hay muchos beats, programación, y algunos instrumentos reales.

¿Qué equipamiento tenés en el estudio?
Tengo una marca de pres nacional llamada Pretungaro y otros Tree Audio, un pre con un EQ medio Pultec y un compresor que es parecido al LA3. Yo con eso grabo todo.

¿Qué música estás escuchando actualmente?
Últimamente estoy con cosas que me gustan, más por recreación. Escucho cosas nuevas, pero también soy muy fan de Rufus Wainright, Neil Young, Fleet Foxes y además cosas de trap. A nivel local me gusta mucho Cande Zamar, Sig Ragga Y El Mató a un Policia Motorizado.

Este año mezclaste también un tema de El Kuelgue llamado “Chiste”. ¿Cómo trabajaste esa mezcla?
Fue un desafío porque me abrieron la puerta para que meta mano en la producción. No les quería desacomodar lo que venían haciendo, pero traté de ponerle cierta calidad sonora y entender un poco cuál era el chiste, valga la redundancia. Me hizo recordar a esa onda de Eminem en los 2000, más rapera. Me encantaría trabajar con El Kuelgue, siento que nos podemos complementar muy bien y podríamos aprender mucho.

¿Y en cuanto a otros proyectos nuevos?
Estoy trabajando con Silvina Moreno Y Natalie Pérez, a quien produje junto a Mateo RodóAdemás lancé un tema mío titulado “Sale volando” con Jimena Barón y Bhavi.

¿Hiciste alguna composición en conjunto con algún artista que produjiste?
Sí, siempre. Empecé componiendo y produciendo a la vez cuando era más chico, entonces me quedó esa cosa de compositor. Con Juan Ingaramo participé en los tracks “Lengua universal” y “Quererme”. Ahora va a salir otro tema con él que es el cuarteto que te conté.

¿A dónde fue dirigida la composición musical? ¿Cuál fue tu aporte?
Por lo general va saliendo naturalmente, depende la situación. A veces hay temas que ya mando casi cerrados, en cuanto a la melodía, y después viene el artista y cambia la letra. O hay canciones que salen en conjunto; aporto unos acordes y el artista una melodía y vamos haciendo todo. Cuando nos juntamos acá estamos produciendo en serio. En el caso de Juan Ingaramo, un día me senté en el piano y me puse a tocar acordes y a él gustó. Como te decía, recientemente salió un tema mío con Jimena Barón y Bhavy, un chico muy talentoso. Es una canción que mixtura trap y reggaetón. De alguna manera es un poco animarme a poner la cara.

¿Con qué sellos discográficos estás produciendo aparte Geiser Discos?
Con todos, ya que soy productor independiente.  O sea, tengo mi manager que es Cami Costa, quien es la dueña de Geiser, pero también trabajo con Sony Music, Warner y Universal. Si el artista me interesa, trabajo. No estoy casado con ninguna discográfica. Pero sí tengo mucha relación con Geiser, porque Cami es mi manager y en el sello están Juan Ingaramo, Conociendo Rusia y otros artistas importantes. También estoy con Nicky Nicole, que está teniendo mucho éxito.

¿Qué te parecen Ca7riel y Paco Amoroso? ¿Te gustaría producirlos?
Sí, totalmente. Son unos genios y están a un nivel artístico extremo.

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