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“Nos sentimos queridos, bienvenidos y populares"

Tipitos y Lucho en estudios


Walter Piancioli (WP), Raúl Ruffino (RR) y Federico Bugallo (FB) dialogaron con Recorplay sobre su nuevo trabajo discográfico,“De Mi Flor”, con el cual realizan un viraje sonoro hacia el folclore de la mano de Lucho González.

Nota: Luis Mojoli
 

¿Hace cuánto están en esta nueva sala de ensayo?
WP: Hace poco. Anteriormente teníamos la sala allá en el puente de Avenida San Martín. ¿Viste cuando estás en un momento en el cual necesitás un cambio de aire? Bueno necesitábamos un cambio a todo nivel.

Se suma eso al volantazo que hicieron musicalmente.
RR: Sí, era el momento. Se dio todo junto. Nuestro amigo Alberto Moles, del sello PopArt, siempre nos dijo que teníamos que hacer un disco de folclore porque a él le parecía que éramos una banda popular. La verdad es que tiene razón. Nunca fuimos convocados a festivales del establishment del rock puro, sí lo hicimos en fiestas nacionales y populares. La cuestión es que pasaron cinco o seis años hasta que le dijimos a Alberto que nos diera un tiempito a ver si podíamos juntarnos a componer. Y así fue. Primero lo hicimos en grupo, con un libro que trajo Willy que incluía letras de Atahualpa Yupanqui. De ahí hicimos una versión llamada “Las cruces”, que tiene un aire de chacarera. Cuando nos dimos cuenta que salían las canciones y podíamos hacerlas, nos metimos de lleno en el 6x8 y descubrimos un mundo nuevo. Luego empezamos a componer y producir.

Registraron temas propios y de otros artistas. ¿Qué es lo primero que hicieron a la hora de grabar el material?
WP: Lo primero fue empezar a componer y traer ideas, muchas veces mandábamos estrofas y cosas por Whatsapp. O por ahí temas casi por terminar, en colaboración. Con el tiempo nos fuimos amigando con el hecho de participar compositivamente de la propuesta del otro. En este disco eso se dio mucho más que en álbumes anteriores. Hay canciones en las cuales hay una idea principal de estrofa y estribillo y viene uno y dice: “No, esto no es un estribillo. Es una parte C y el estribillo tendría que ser así”. Así fuimos redondeando la materia prima, que son las canciones.

Mucho ensayo, me imagino.
WP: Sí y también mucho juntarnos a tocar, componer y retocar cosas en la sala. Hay otras canciones que no, como en todo disco; son temas que ya vienen terminados desde casa y quedan más o menos así. El otro paso es la producción, que tiene que ver con el vestido de la música.

RF: Cómo darle el carácter…

WP: Exacto, cómo darle la sonoridad a eso.

¿Cómo llegaron a Lucho González?
WP: Hicimos una serie de reuniones con Alberto Moles y sondamos quién podía producir este disco. Lo primero que se nos ocurrió a nosotros fue Lucho González, por una cuestión de cercanía. Lo habíamos cruzado en el chino.

RR: Va seguido al súper chino.

WP: No me dejan mentir. Voy seguido al chino. Fede Bugallo, era vecino de Lucho en una época y se nos vino a la mente Lucho. También se barajó la posibilidad de hacerlo con Hugo Casas, pero te dejo que te lo cuente Fede.

FB: Una vez que vimos que podíamos componer y que teníamos canciones para encarar el proyecto fuimos a PopArt, hablamos con Alberto y dijimos: “Sí, dale. Nos metemos a laburar en esto de lleno”. Sabíamos de nuestras limitaciones y nos venía pasando que en los últimos discos de rock que habíamos grabado ya no queríamos trabajar más con nadie: estábamos hartos de los productores artísticos. A tal punto que vino un día Willy y me dijo: “Fede, la próxima vez que te diga que necesitamos un productor, por favor decime que no”. (Piancioli se ríe). Nosotros sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer, pero cuando empezamos a componer las canciones de este género nos dimos cuenta que necesitábamos alguien que conociera los secretos del estilo y que nos ordenara. Al principio nos reunimos con Hugo Casas, después lo llamamos a Lucho y tuvimos otra afinidad. Recuerdo que por esos días fuimos a tocar con Lito Vitale y le dijimos: “Che Lito, estamos como copados. Vino Lucho a casa a vernos. Y le preguntamos: ¿vos qué pensás”? Nos dijo: “Lucho González es la persona adecuada, porque necesitan aprender a tocar el género más allá de lograr un producto que sea exitoso”. Eso nos terminó de convencer y Lucho por suerte tuvo buena predisposición, así que empezamos a trabajar rápidamente. Él fue quien aportó material para tocar que no era nuestro; nosotros no nos ocupamos de esa parte, sino de la composición. González traía ideas que íbamos consensuando.

RR: Eran canciones nuevas para nosotros, temas que no son conocidos. Los ritmos también fueron nuevos.

Luchotipitos

Me imagino que al juntarse con artistas de folclore se abrió todo un abanico de posibilidades…
WP: Sí, ¡tremendo!

RR: Se nos abrió todo un espectro. Aparte coincidió con la salida de nuestro baterista, que está en su proyecto solista. Quedó un lugar vacío; ahora está tocando Martín González, que es el hijo de Lucho. Martín toca con Lito Vitale y también tiene sus compromisos, así que hicimos onda con varios bateristas. Se puso buena la cosa.

¿Cómo fue el proceso de grabación del material?
WP: Fue una grabación atípica para nosotros, nunca habíamos laburado así. Es como con esos libros que a uno le gustó mucho y no los retoma por varios años. Es bueno volver a sorprenderse con eso. Por ejemplo, ensayar dos canciones por una semana durante muchas horas, primero con piano y guitarra, con sugerencias de Lucho. Como dice él “complicidades”, es decir, arreglos al unísono entre piano y guitarra. Todo ello arriba de una buena base de mi amigo Rufino. Eso fue el primer laburo. Después pasarlo al bajo y luego, al final, se grabó la batería. Todo ello sobre un cajón peruano, que es el elemento común en todas las canciones. Este instrumento le da color al disco junto con el bombo legüero, si es una chacarera o una zamba. O con la batería, si es un huayno o una milonga como “Los Hermanos”. Pero siempre está el cajón. El modo de registro fue grabar dos guitarras, bajo, piano y cajón con una voz de referencia. Arriba de eso va toda la percusión y los invitados especiales. La base era esa y se ensayaba de a dos canciones; la semana siguiente íbamos al estudio, completábamos la grabación y volvíamos a hacer otras dos canciones nuevas. Fue un proceso distinto.

RR: Fue un proceso nuevo y único para nosotros.

¿Cómo fue la presentación del disco en La Usina de Arte y cómo se sintieron tocando con los músicos invitados?
RR: Increíble. El lugar es maravilloso, yo particularmente no lo conocía y lo hice tocando allí. Hubo una energía bárbara arriba del escenario. Los músicos que estuvieron son enormes e hicieron que suene todo re bien.

WP: Y…Teníamos una bandita importante.

FB: Estuvo bueno y también me gustó lo que pasó con el público, porque es gente que está acostumbrada a escucharnos tocando veinticinco años de una manera determinada. Si bien la mayoría sabía que presentábamos este trabajo, nadie lo tenía escuchado. Realmente la recepción fue muy buena.

WP:  Sí, el disco tiene un color en la letra y en el tono: es como muy de la gente. No sé si es por una cuestión del paradigma actual de lo que estamos viviendo, pero tiene ese tono social. De protesta, diría.

¿Van a continuar con este proceso de búsqueda y experimentación?
WP: Estamos pensando seriamente en hacer otro disco, pero llevarlo más a una zona latinoamericana, ampliándolo más allá de las fronteras de nuestro país. Hacer un álbum con raíz folclórica pero seguir investigando ritmos de la región.

RR: Claro, ahondar un poco más en ritmos, volver a estudiar, redescubrir el instrumento.

WP: Sí, armonizaciones y acordes que quizás no se nos hubieran ocurrido.

FB: Y además es como completar esta obra, que quizás es muy redonda. Dios dirá después si seguiremos por esta senda o no, pero me da la sensación que nos han quedado cosas muy lindas que luego no sé si se van a poder plasmar o no. Pero creo que es un buen momento para completarlo.

RR: Por ahí, en el afán de no quedar a mitad de camino, se han puesto canciones de otros autores y quizás quedaron las otras un poco al margen.

¿Te referís a los temas propios?
RR: Claro, canciones propias y también otras que quizás te hacen aprender a la hora de componer y ejecutar. Cuando tocás piezas de otros artistas empezás a comprender más todo.

¿Cómo piensan que puede tomar el público estos aspectos en cuanto al cambio de rumbo musical?
FB: A nosotros nos parece que el artista tiene la obligación de ofrecerle cosas a la audiencia. Así es como empieza una banda su carrera y el público lo acepta o no. Después, si estás toda tu carrera dándole bola a lo que el público te pide, te quedás tocando siempre lo mismo. El artista tiene que hacer lo que le nace del alma y después ver: si al público no le gusta capaz no lo tocás más. Eso es cierto.

WP: Me parece que siempre respondemos a eso de manera genuina. Si no nos da algo para un show, lo dejamos de tocar. Y otros temas van quedando en la lista y le dan una dinámica diferente al concierto. Eso lo vas midiendo vos. Cuando el tema no funciona, no funciona. Ni para vos ni para la gente.
De todas maneras, cuando nos metimos de cabeza hacer un disco de folclore nos empezamos a divertir y eso nos bastó para saber que lo que estábamos haciendo estaba bien.

Ese es quizás un poco el origen de Los Tipitos. Cuando empezaron a tocar tenían canciones de diferentes estilos.
WP: Sí, incluso había alguna de chacarera de Rául, por ejemplo.

RR: Tiene que ver con el tema de la investigación. Cuando empezamos con la banda y armamos un espectáculo para tocar en la calle teníamos que diversificar el estilo: había que aprender a tocar canciones de Piazzolla, Vivaldi, Beethoven, de todo. Esto tiene que ver con el hecho de profundizar en diferentes géneros, interpretar distintas cosas y llevarlas a un terreno propio.

¿Qué proyección tienen con respecto al disco? ¿Cuáles son los próximos planes?
FB: Nos gustaría ir a tocar el álbum a los lugares donde el folclore vive: estar en Cosquín, Villa María, ver qué pasa con los folcloristas puros y después llevar esto a todo el país. Nuestro trabajo se trata de ir a cada lugar llevando música. A mí me da curiosidad ver qué pasaría en un festival de folclore puro.

Tipitos y Luchoriendo



¿Ya tienen shows agendados?
RR:Sí, hay de todo. Ahora estamos haciendo mucho trabajo de recorrido de prensa. El otro día fuimos a Utilísima Satelital con Willy y cuando llegamos al lugar nos encontramos con una orquesta, ballet, todo. Ahora venimos de Cañada de Gómez (Santa Fe), vamos a ir a Padua y luego a Salta, en el norte.

Aparte el público folclórico del interior es muy importante…
WP: Los shows que estamos haciendo son más bien rockeros, pero de todas maneras tocamos un par de canciones del nuevo disco, porque tenemos ganas de mostrarlo. Son canciones que por ahora están siendo muy bien recibidas por el público. Nos sentimos queridos, bienvenidos y “populares”. Estamos contentos con lo que hacemos.

FB: Son muchos kilómetros los que uno hace para ir a tocar. Siempre decimos que cobramos por el viaje, que el show va de regalo. Viajás con una combi, el micro de gira o avión y, para sostener todo ese esfuerzo, sobre todo cuando van pasando los años, tiene que ser muy lindo el show. Te tiene que gustar. Uno debe estar convencido de que la artística tiene valor y que le llega al corazón de la gente. Tener este álbum revitaliza, rejuvenece y nos devuelve contentos al micro de gira para ir a mostrar esta cosa flamante, el chiche nuevo que tenemos.

Finalizada la entrevista con Los Tipitos, Recorplay dialogó con Lucho González, renombrado guitarrista argentino-peruano, quien ofició como productor del álbum. Esto es lo que dijo González:

Cuando vinieron Los Tipitos, fue todo natural. El peligro era que no tuvieran tierra en las patas, por más rockeros que sean. Sobre todo Willy y Raúl, quienes ya estaban enterados del asunto naturalmente. Ya teniendo eso ganado, el resto fue cuestión de desarrollar las cosas”.

¿Cuáles fueron tus aportes desde el lado de la producción del disco, artística y técnicamente hablando?Creo ser el resultado, como muchos músicos de mi generación, de una serie de experiencias que han sido positivas y maravillosas de haber compartido con músicos maravillosos desde chico, todo lo que significa la realidad musical argentina. Más mi parte peruana que me aportó algo que acá yo no tenía. Creo que eso influyó en el álbum, de algún modo subliminal. Estamos hablando de la riqueza rítmica, esa cosa picarona que tiene la música peruana y que llevada a una zamba, también sirve. Porque los ritmos nuestros son producto de ritmos que vinieron de Europa. Entonces, uno piensa: “¿De dónde salió esto?”.

¿Y a qué se debe esa faltante?
Porque como todo lo que se va generando, siempre falta algo para terminar de tener personalidad. Argentina es un país poderosísimo intelectualmente, en cuanto a experiencias y todo. Si ves a cualquier orquesta sinfónica del mundo, seguro hay un integrante argentino entre sus filas. Tenemos una gran formación, lo veo en los pibes, en mi hijo, en su generación.

Volviendo a “De Mi Flor”, ¿cómo fue que te convocaron? ¿En qué cosas hiciste hincapié?
Mi aporte es el resultado de todas mis experiencias. Afo Verde una vez me dio un gran consejo: “Cuando te den algo para producir, sacate tu camiseta y ponete la del artista. Desprendete de tu ego y poné todo tu conocimiento al servicio de los músicos”. Así que lo primero que hice con Los Tipitos fue escuchar todo lo que tenían. La compañía me preguntó: “¿Podés hacerte cargo de esto? Nosotros lo que pretendemos es que hagan un disco donde acercarlos al folclore no signifique utilizar golpes bajos.Quisiéramos escucharlos cantar cosas conocidas no tan trilladas y darle bola a las canciones que ellos están componiendo. Y llevar algunos temas populares de ellos, como ‘Campanas en la noche’, al folclore”.Durante mi primera reunión con ellos escuché lo que tenían y me cantaron trece canciones. Rápidamente me di cuenta que se trataba de un equipo rico. Yo por ahí sugería: “¿Qué pasa si acá en este tema hacen esto? Como soy músico callejero, por ahí les decía: “A lo mejor no hagas esto, poné el dedo acá”. Vos como productor pensás en el sonido.

Claro, te involucrás al cien por ciento.Y sí, era estar con la palabra Tipitos todo el día. Tratamos de incorporar temas que sean gratos para ellos, no trillados, viendo la musicalidad. De repente, me puse a ver la tele y vi una entrevista antigua de sus comienzos, cuando empezaron a tocar en la calle, en Villa Gesell. Eran como hermanos, algo muy lindo. Ese espíritu de hermandad se nota en el álbum. Me pidieron que trajera invitados especiales grosos, así que bueno, por ejemplo vino El Chaqueño Palavecino. El Chaqueño acepta tocar y cantar y aparte manda un mensaje en “Los hermanos”: “Queridos Tipitos, gracias por pensar en mí incorporándome en este lindo nuevo disco de folclore”. Y arranca a tocar. Se fue dando todo de manera natural.

No fue todo tan marcado…
No, lo que sí fue marcado fue la disciplina de los ensayos.

Contame un poco sobre los invitados
Hubo varios. De arranque me costó conseguir a Luciano Pereyra, pero estaba muy ocupado. Después llamamos a Abel Pintos y fue una gran alegría para él por suerte.

Invitado



¿Los artistas que participaron en el disco fueron convocados luego de la elección de los temas?Sí. Se tenía en cuenta más o menos quiénes podían ser. Mi intención fue que todos ellos dieran la imagen de que le estaban dando la bienvenida a Los Tipitos al folclore. Así los hicieron sentir. Me cantaron una chacarera, “La Sanatera”, y surgió: “Esto es para Peteco. Vení Peteco, hablame y gritame en santiagueño. Decime todo lo que se te ocurra”. Peteco comenta toda la canción y de repente aparece un riff negro en la chacarera.

¿En qué lugar se dio la génesis del disco?
En el sitio donde ellos ensayaban. Ahora lo cambiaron y ensayan en este mismo lugar en el cual estamos hablando. Pero una vez que ya elegíamos algunos temas, tomabámos tres de ellos y le dábamos toda la semana. Después íbamos al estudio de grabación y se grababan las bases. Y así sucesivamente. De este modo empezaron a surgir temas como “Dona Guillermina”, de Atahualpa Yupanqui.
Volviendo al tema de la producción, considero que se fue gestando en mí como el equivalente a ser responsable de un sonido. Poniéndome la camiseta de ellos tuve en cuenta todo lo que podía aportar. A mí se me suelen ocurrir rápido las cosas por training y ellos las aceptaron con gusto, por suerte. Hubo otras cosas que se fueron desechando, teniendo el cuidado de no excederse. La armonía es muy rica cuando está muy bien puesta, pero no hay que caer en la exageración. Lito Vitale también me dijo: “Lucho, no te olvides que son un grupo. Que suenen a ellos, no a Lucho González”. Trabajamos canción por canción como si cada tema fueran hijos. 10 hijos o hijas.

¿Qué instrumentos se incorporaron en la grabación?La batería, por ejemplo, se incorporó solamente en los únicos dos temas que tenían cuatro tiempos. El bombo y el cajón tenían que estar. Y si venía una parte negra lo llamábamos a Facundo Guevara con los cueros. Todo eso lo vas a escuchar, También está el Colo de Los Huayras, quien peló un ritmo muy festivo, un tinku…Muy hermoso.  Lo mandó y acá lo completamos con cajones doblados, bajo, guitarra y el órgano de Willy. El órgano está muy bien puesto en el disco. También doblamos las voces, generando el sonido de Los Chalchaleros. Son cosas que aprendés y que a veces no se tienen en cuenta.

Ahí estará el swing quizás…
Sí, es eso que la gente agradece y no sabe qué es lo que está agradeciendo. Pero les gusta mucho y te dicen: “¡qué lindo eso!”.
¿Cuál es tu perspectiva a la hora de elegir al ingeniero de grabación y en qué estudio solés grabar?
Suelo hacerlo en el estudio de un señor llamado Marcelo Requena que es un crack, tiene oído absoluto. En una sesión de ocho horas se levanta dos veces para ir al baño. No para ni al momento de almorzar, porque come cereales. Sin embargo, en esta oportunidad, en el primer tema que grabamos, “El ladrón”, necesitábamos batería. Me llevaron a un estudio chico, pero con el cual los chicos ya tenían experiencia, tanto como el ámbito como el responsable del mismo. Yo me adapté a ese lugar y no me arrepiento. La mezcla, el sonido y la seriedad con que está grabado es impecable. Estuve en esa instancia y fue fructífera.

¿Cómo productor fuiste parte de todos los procesos?
Sí, como debe ser. Vos podés confiar en alguien y también tenés que confiar en tu oído, porque para eso te contrataron. Se terminó gestando algo muy agradable, teniendo al respeto como base: fue una hermandad musical.  Esperábamos los ensayos con la alegría de un niño que va a la calesita.

¿Qué instrumentos tocaste en este disco?
Yo me metí a tocar en casi todos los temas en una función muy minimalista de la guitarra. Llevé guitarras electroacústicas La Alpujarra, que siempre uso. Llamé a la fábrica y les dije: “Muchachos, estoy haciendo un disco con estos chicos divinos. Quiero que los conozcan”. Así que fueron los miembros de la banda y se llevaron una guitarra cada uno a su casa.

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