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"Pasé mil horas persiguiendo las líneas de bajo de los Beatles, Pappo y Pescado Rabioso"

Daniel Castro

Es habitual escucharte decir que eras usuario de Warwick antes de ser endorsement. ¿Cómo fue tu acercamiento a estos instrumentos y por qué la elegiste por sobre otras marcas?
Descubrí Warwick viendo en VHS un concierto de Terence Trent D’arby. El bajista usaba un Thumb Bass y me volví loco con el audio y el look. Poco después, fui a ver a Billy Idol a River y el bajista también tenía un Thumb Bass de 5 y el bajo definía como si estuvera en el Teatro Coliseo. Luego, cuando lo pude probar, confirmé que era el instrumento que quería tener. Unos años mas tarde comenzó mi vínculo con la gente de Warwick. Es difícil de explicar, pero con el Thumb Bass NT 5 o con el Streamer Stage II 5 siento que puedo expresar todo lo que tengo para decir con un instrumento. En cambio, con otros bajos de otras marcas, tengo que negociar algunas cosas.

Si bien tenés una trayectoria como integrante de bandas estables, también sos un sesionista de extensa carrera. ¿Cuándo empezaste a trabajar de sesionista y cómo era en aquel tiempo ser un “trabajador de la música”?
Lo de ser músico sesionista fue un accidente. Yo tocaba el bajo con un grupo de amigos de San Fernando –en la zona norte de la provincia de Buenos Aires– y estudiaba guitarra con un profesor a la antigua: teoría, solfeo, etc. Lo bueno era que había aprendido a leer música muy bien, y en el año 80 un bajista muy vinculado a cantantes melódicos necesitaba un reemplazo. Vino a casa con una carpeta llena de partituras, me tomó una prueba de lectura y en poco tiempo yo ya estaba haciendo giras y grabando discos. En esa época, los que llamaban a los músicos eran los directores musicales y/o artísticos, ya sea para grabar o para integrar la banda que acompañaba a un cantante en los shows en vivo. Las compañías discográficas tenían sus propios estudios donde cada una grababa sus producciones: RCA, Music Hall, Polygram, CBS, por mencionar a las más importantes. Eran estudios muy grosos. La paga estaba regida por el sindicato de músicos y la relación con los artistas era variada, ocacionalmente lejana, a veces con un poco de onda y otras veces con mucha onda. La música es un ámbito donde la empatía y el ánimo juegan un papel importante. Considero que es bueno estar en los detalles de las relaciones humanas, el buen clima grupal ayuda a elevar el nivel de la propuesta artística.

¿Cómo es en la actualidad el trabajo de sesionista en comparación con los años 80 y 90?
Puedo hablar únicamente desde mi experiencia, lo que no quiere decir que otros músicos no tengan una visión diferente a la mía. Del mismo modo en que se derritieron algunos glaciares, aquella atmósfera de trabajo de los 80 y 90 desapareció. Hoy son muy pocas las producciones donde grabás un disco entero con el baterista y algunos músicos más. Pero cuando ocurre, se marca la diferencia ya queloquesuenaesloquees,ylatedeunmodo que no se puede comparar a cuando vas armando un frankenstein grabando de a uno, por más que tengas los mejores fierros del mercado y a un gran ingeniero. En la actualidad, muchos productores graban y programan casi todo y llaman a músicos solo para resolver partes puntuales. Es así que una gran cantidad de discos suenan más al productor que a los músicos que tocan. Son pocos los que toman el riesgo de grabar de forma más orgánica. De todos modos no culpo a nadie, son los tiempos que nos tocan y cada uno trabaja como quiere y puede. Hoy en día, más que sesionista me siento parte integrante de proyectos como el de Vicentico, con quien he venido tocando desde que se lanzó solista en el 2002, y Richard Coleman, con quien toco desde el 2010 cuando hicimos los demos de su primer disco en solitario Siberia Country Club que se editó en 2011. Actualmente, más que acumular grabaciones de cualquier clase, trato de participar en proyectos que me gusten, busco el logro artístico, el desafío que me mantega con pilas.

¿Cómo fue tu formación, tanto en el instrumento como en diversas áreas de la teoría musical?
Mi formación como bajista es autodidacta. Pasé mil horas persiguiendo las líneas de bajo de los discos, sobre todo de Beatles, Pappo y Pescado Rabioso. Más tarde Deep Purple y Led Zeppelin. Como no encontraba profe de bajo por la zona donde vivía, tomé clases de guitarra clásica, allí aprendí teoría y a leer música. Cada tanto tomaba el 60 e iba a Blues a comprar los métodos de bajo importados de Carol Kaye, entre otros, y los estudiaba solo. Más tarde cuando entré a la banda de David Lebón y conocí a sus músicos de entonces (Quique Berro, Leo Sujatovich y Dani Colombres), comencé a estudiar piano y armonía con el profesor Alberto Quercia Lagos. Esa etapa con Lebón, además de feliz fue muy formativa por el nivel de músicos que tuve de compañeros como los que mencioné antes más Diego Rapoport, Luis Gurevich, Didi Gutman y más tarde Mario Parmisano. Si tenés a cualquiera de ellos tocando al lado no te queda otra que ser mejor. Para ingresar al mundo digital tomé clases con el ingeniero de grabación Santiago Beer con quien armé mi primer home studio. Gracias a Santi y a la inquietud por aprender zafé de convertirme en un dinosaurio aferrado a la portaestudio.

Tocaste con todo el mundo pero tu primer disco como titular recién es del año 2008. ¿Qué proceso tiene que ocurrir en un músico que habitualmente está al servicio de la música de otros para que aflore en algún momento su propia música?
Lo hermoso de la música es que brinda la oportunidad de un gran viaje interior. En el 2008 con mi disco Milagro de pueblo (Acqua Records) arranqué con impetu, pero no pude sostener todos los frentes, tanto profesionales como personales. De modo que el proyecto solista quedó relegado. El proceso que tiene que ocurrir para darle salida a nueva música es resultado de ese viaje interior que mencionaba antes. Lo importante es que sigo componiendo, juntando data y ajustando la mira. No quiero un collage armónico para tirar yeites arriba. Quiero encontrar la estética musical adecuada para dar impulso a lo que tengo para decir. Después todo se basa en la dedicación y en tomar el proyecto como prioridad.

¿Cómo están compuestos tus diversos sets, ya sea para tocar en vivo en lugares grandes, medianos o pequeños y para grabar en estudios?
Mi amplificador para lugares grandes es un Ashdown ABM 900 EVO II con bafles Ashdown ABM 115 y ABM 410T. Amo a este equipo. Para lugares medianos o pequeños uso un cabezal Warwick LWA 1000 con bafles Warwick WCA 208 LW y WCA 408 LW. Se trata de nuevos modelos, el cabezal es potente y versátil, mientras que los gabinetes llevan parlantes de 8 pulgadas + tweeter. Han conseguido que esos parlantes emitan frecuencias bien bajas con gran definición y escaso peso para su transporte. Mis bajos favoritos son un Warwick Thumb Bass 5-String del 94, Warwick Streamer Stage II 5-String del 97 y el más nuevo, un Warwick Corvette $$4C de 4 cuerdas. Para ciertas ocaciones uso un Warwick Star Bass semihueco de 4 cuerdas y un Warwick Robert Trujillo de 5 cuerdas. Vale aclarar que siempre voy custodiado por mi Fender Jazz Bass de maple por si las cosas se complican. Uso un Pedalboard Plataforma con una fuente Nodriza y armo los pedales según la necesidad. Lo que va seguro es el afinador Boss TU3, la caja directa Radial JDI o el Radial BassBone, que es un pre con caja directa y entrada para dos instrumentos. Luego los cochecitos: un Red Ripper de Tech 21, un Chorus TC Electronic, Fuzzistor Aguilar y Octamizer Aguilar. Si uso un instrumento pasivo llevo un Tri-Logic Bass Preamp II. En mi estudio grabo pasando el bajo por un Avalon 737, se trata de un pre-compresor y eq. Cuando voy a estudios me gusta pasar el sonido de línea por un pre lindo, un Neve, API, Manley, etc, y si se puede tomar la señal del ampli mejor.

Daniel Castro

¿Cómo es tu relación con la gente de Warwick, tanto en la sede central en Alemania como con sus representantes argentinos de Tevelam?
Este tipo de relaciones siempre es triangular. Para que se cumplan los objetivos la empresa necesita un buen vínculo con los representantes locales y desde mi lugar debo responder a las espectativas de ambos. En una ocación trabajé junto a Florence, la esposa del dueño de Warwick, en una demostración de la marca para la cual el bajista alemán que debía tocar no llegó. Más tarde conocí al propio Hans-Peter Wilfer, el creador de Warwick, en su visita a Buenos Aires. Me pareció un capo, muy atento en el diálogo con los músicos, algo que corroboré charlando con Alphonso Johnson acerca de como había llegado él a Warwick. Cuando Mercedes Onorato me convocó en nombre de Tevelam a ser la cara de Warwick en el país, no dudé un instante en aceptar. Gracias al diálogo fluido y a la onda que se generó entre Tevelam, Mercedes, músicos, comercios y representates del interior, hemos hecho giras con clínicas y eventos que superaron las expectativas de todos.

Luego de tantos años de carrera, ¿cómo es tu rutina de ejercicios con el instrumento? ¿Todavía hay cosas por aprender o perfeccionar o cuidar de no perderlas?
Tengo una rutina que me lleva unos 45 minutos y trato de cumplirla diariamente: un combo de digitación, arpegios y escalas. Me sirve de precalentamiento ¡y para prevenir el óxido! No es que me siento mal si no lo hago, pero si practico me siento mejor y así las ideas afloran con gracia. Luego me encargo de la tarea del día, que puede ser sacar temas para una grabación o show, preparar una clínica o clase, componer o sacar una línea de bajo a la que le tenía ganas, ir a un ensayo, etc. Siempre hay algo para aprender y prerfeccionar, por más que haya logrado algunas metas no dejo de considerarme un alumno. Lo que más disfruto es de estar en contacto con la música y tener nuevos objetivos.

Como mencionaste recién, sos un músico con mucha actividad en clínicas y workshops representando a Warwick. ¿Qué te llevás luego de cada clínica en el ida y vuelta con públicos diferentes de diversos lugares del país? ¿En tu época de formación solías asistir a clínicas de bajistas profesionales?
Traté de asistir a todas las clínicas que pude. Las que me bajaron más data y sembraron una semilla que germinó con el tiempo fueron las de Joe Zawinul y la de Gary Burton, porque más allá de las destrezas instrumentales me elevaron a un universo musical que desconocía. Por eso recomiendo a todos los músicos, primero, a estudiar con compromiso y, si pueden, asistir a eventos musicales como clínicas y workshops, no importa del instrumento que sea, porque es el contacto con la buena música lo que nos alimenta y estimula. El ida y vuelta que se establece en cada clínica me hace dar cuenta que hay un montón de gente valiosa y talentosa en lugares que uno ni registra y a las que nuestra organización social muchas veces deja librada a su suerte. Como no puedo dar una solución a eso, mi esfuerzo va dirigido a brindar pautas para que los músicos cultiven y desarrollen su arte más allá de si viven o no de la música. Lo mejor que puede pasar es que el arte impregne tu ser y tengas una mirada sensible a todo lo que te rodea. Considero que un instrumento, de la marca que sea, si no está en manos de un artista es simplemente un objeto más.

Daniel Castro

Siempre listo

Algunas de sus experiencias más significativas en una carrera al servicio de la música.

David Lebón
“David fue quién me abrió la puerta a la escena rockera. Siempre admiré su música y su forma de tocar. Cuando supe que iban a audicionar bajistas para reemplazar al gran Beto Satragni, hice mi mejor esfuerzo para que me tuvieran en cuenta y tuve la recompensa de ser elegido. Fue el punto de inflexión en mi vida musical y le voy a estar siempre agradecido”.

Fricción / Richard Coleman
“Mi entrada a Fricción fue para tocar en un par de shows ya que se habían quedado sin bajista. Inmediatamente tuvimos empatía con Richard y, resultado de eso, me incorporé como miembro del grupo. Grabamos Para terminar con producción de Gustavo Cerati, disco que hoy puedo escuchar sin arrepentirme de nada. Tras muchos años sin vernos, obedeciendo a un impulso repentino, llamé a Richard y le dije ‘Cuando quieras grabar algo solista me gustaría estar’. Pasó un tiempo, llamó y aquí estamos, a punto de lanzar su tercer disco de estudio”.

Los Guarros
“Marcaron mi cambio de década, final de los años 80 y entrada a los 90. Fui llamado junto con Dany Ávila por Javier Calamaro y el Gitano Herrera para grabar en el primer disco del grupo como músicos invitados y más tarde me incorporé como miembro estable. Grabé los primeros cuatro discos de estudio y debido a la repercusión de algunas canciones giramos mucho y taloneamos a grandes artistas como The Cult, Prince, Guns N’ Roses, Brian May, Joe Cocker, etc”.

Miguel Mateos
“Con Miguel comencé a conocer los grandes escenarios de América. Es un gran artista y un gladiador en escena. Aprendí mucho observándolo. Era genial tocar una lista llena de hits y escuchar a la gente cantar durante todo el show. Giramos mucho presentando el disco Bar Imperio y grabé en su álbum doble Salir vivo”.

Skay
“Mi relación musical con Skay fue corta pero será eterna. Me convocó junto a Daniel Colombres para grabar en su primer disco solista, A través del mar de los Sargazos. Recuerdo esa grabación como una gran experiencia porque llegamos al estudio habiendo escuchado solo una vez las canciones; lo que quedó grabado fue pura espontaneidad”.

Vicentico
“Llegué a la banda de Vicentico por recomendación del productor Afo Verde. Tocar con Gabriel es una aventura musical alucinante, más que nada por lo ecléctico de su propuesta. En los primeros discos era normal tocar la mitad de los temas con bajo eléctrico y la otra mitad con contrabajo eléctrico, pasando del rock al afro o de la balada a la salsa. Me vinieron bien los años de estudio del contrabajo, el cual compré con la sola intención de tocar todos los temas de Tom Waits de la primera época. Luego me metí de lleno con los Afro-Cuban Grooves solo por placer. Todo eso me sirvió mucho para moverme con soltura en el repertorio de Gabi. En los últimos discos ha migrado a un sonido más rockero por lo que solo uso el bajo eléctrico a veces con fuzz o distortion”.

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