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Ryuichi Sakamoto

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Un pequeño impulso me ha llevado a repasar mi vida. Si soy sincero, no me apetecía mucho hacerlo. La verdad es que eso de ordenar trozos de mi memoria y darles forma de historia no va con mi naturaleza. Pero también estoy interesado en saber cómo he llegado a ser el Ryuichi Sakamoto de ahora. Porque, por mucho que diga, soy irremplazable. Y creo que quiero saber por qué llevo esta vida. En la actualidad la música es mi profesión. Pero ¿por qué? Ni yo mismo lo comprendo. No es que pensara “Voy a hacer músico”. Al contrario, desde que era niño, eso de pensar en qué sería, en qué quería ser, me parecía muy extraño. En la escuela primaria nos dijeron: “Escriban qué quieren ser de mayores”. Yo no tenía ni idea de qué tenía que escribir. Los niños escribían: “Primer Ministro”, “Médico”. Y si eran niñas: “Azafata”, “Esposa”. Tras pensarlo bien escribí: “Nada”. No podía imaginar qué sería, me parecía algo extraño que llegara a tener un oficio. (...)

Se dice que la música es un “arte del tiempo”. Dicen que es una actividad creativa en la que se produce un cambio dentro de un tiempo lineal. En ese sentido, es posible que a mí, de entrada, no se me dé bien la creación musical. Pero es algo que se puede adquirir a base de ejercitarse. Como es algo artificial y artificioso, si aprendes las reglas, puedes hacerlo. Memorizas esas reglas y luego dispones el resto según las mismas. Quizás en general crecer sea llegar a poder hacer eso. Sin embargo, en mi caso siempre -siempre- había una contradicción. Si practico algo, llego a poder hacerlo, pero es un poco como si no fuera con mi naturaleza. Volviendo a lo que he dicho al principio, se trata de poner en orden mi vida desde el pasado hasta el presente, y por eso me siento incómodo. Pero esta vez lo intentaré. Miraré a vista de pájaro el tiempo que he vivido y voy a poner en orden los recuerdos y acontecimientos, desde el pasado hasta la actualidad. Creo que así podré, por fin, ver también quien soy ahora. Y, al contarlo de este modo, tendré algo para compartir con los demás.

Mi encuentro con Bach Las clases de la profesora Tokuyama hicieron que me encantara Bach. Es normal que en las piezas para piano se toque la melodía con la mano derecha y el acompañamiento con la izquierda, pero yo odiaba hacer eso; quizás porque era zurdo. En las obras de Bach la melodía que aparece en la mano derecha se traslada a la izquierda, y luego aparece de nuevo en la derecha con una forma distinta. La mano derecha y la izquierda avanzan manteniendo un valor equivalente, cambiando sus papeles todo el tiempo. Pensé que eso era maravilloso; me encantó. Fue un encuentro decisivo. Aunque oía música pop o canciones populares por la televisión o la radio, lo que me gustaba de verdad era Bach.

Y, sin embargo, si me preguntan si, por fin, tuve interés en la música y practicaba mucho el piano, la respuesta es que no. La verdad es que ahora no me gusta practicar. En casa casi nunca hacía nada que se pudiera llamar práctica. Si no podía tocar una pieza solo con echarle un vistazo, por mucho que pasara, ya no lograba tocarla. Porque no practicaba. (...)

Los Beatles Los compañeros con quienes aprendía piano en la casa de la profesora Tokuyama iban abandonando uno detrás de otro cuando estaban en los últimos cursos de primaria. En primero empezamos unos diez niños, pero cuando me di cuenta ya no quedaba nadie más, estaba yo solo. Los otros iban a examinarse para ingresar en una buena escuela secundaria, así que supongo que les era imposible tocar el piano. Yo no pensaba examinarme; acabé entrando en la escuela secundaria pública de mi barrio, que se llama Chitose. (...)

Anka, pero no me gustaba tanto como para considerarme un fan. Los que sí me gustaban decididamente eran los Beatles. Creo que los descubrí algún tiempo después de empezar a asistir a las clases del profesor Matsumoto. Ponerme a componer y descubrir a los Beatles fueron dos cosas muy importantes para mí.

Lo primero que me impactó de ellos no fue su música sino su fotografía. (...) Sucedió un día en que una chica de secundaria o bachillerato que acudía a las clases de la profesora Tokuyama llevaba esa revista. Vi la portada y le pregunté: “¿Qué es eso?”; y ella me explicó: “Se llaman Beatles”. “¡Qué atractivos son!”, pensé. Ese fue mi impactante descubrimiento de los Beatles. Creo que la revista era Music Life, pero mi recuerdo es difuso.

En casa de mi tío había muchos discos de música clásica, y siempre me los prestaba y yo los escuchaba; pero no había ningunos de los Beatles, así que ahorré de mi paga y me compré uno. Me parece que la canción era “I want to hold your hand”. Me compré todos sus álbumes, y también fui a ver sus películas. Primero Hard Day’s Night y luego Help! Pero el primer disco que me compré no fue de los Beatles sino de los Rolling Stones. Algo antes de I Want To Hold Your Hand, compré Tell Me de los Stones. Además, compré discos de Dave Clark Five y The Animals.

Al estilo de los Stones

También los Stones me impresionaron bastante, sobre todo la sorpresa que me produjo lo malos que eran como intérpretes. Malos pero atractivos. Malísimos y atractivos. Una especie de punk. A pesar de ser niño, pensé: “¡Cómo desentonan! ¿Está bien desentonar tanto?”. En ese sentido, los Beatles eran bastante más sofisticados.

El impacto que me produjeron los Beatles fue grande, pero también los Stones dejaron su impronta en lo que haría más tarde. En mi interior hay como una especie de genealogía de las cosas de estilo Stones, cosas que conectan especialmente con la vanguardia. Cuando estaba en bachillerato, me enganché a John Cage, Nam June Park, Fluxus, y el neodadaísmo. Luego, también practiqué el free jazz. Pensándolo ahora, esa tendencia a que me guste la, digamos, heterodoxia o vanguardia creo que empezó con los Stones. Me gustaba tanto la sofisticación que había en la música de los Beatles como la brusquedad que había en la de los Stones; y me resultaba difícil renunciar a una de las dos.

Para comenzar, de los Beatles consideraba que la armonía era muy bonita y los arreglos atractivos. No era como la música pop americana hasta la época simple, siempre tres acordes-, sino que usaban armonías bastante complicadas. “¿Qué es este sonido?”, me preguntaba. Claro, era el resultado de que el productor George Martin metiera mucho la mano.

El sonido que conduce a Debussy Yo ya había comenzado a estudiar composición, por lo que creo que ya empezaba a poder escuchar un poco los sonidos de forma analítica. Escuchaba a los Beatles y, como la armonía me parecía extraña, pensaba “¿Qué es esto?” y me ponía a tocar el piano. Pero, como era un sonido que todavía no había estudiado, no sabía cómo llamarlo. Es algo que supe luego, pero eso era un acorde de novena. Era exactamente el sonido que le gustaba a Debussy, a quien descubrí al cabo de un tiempo y me entusiasmó. Ese sonido a mí me tenía muy excitado. (...) La primera vez escuché su Cuarteto de cuerda en un disco que estaba en la colección de otro de mis tíos. También me produjo una gran impresión; me entusiasmó y, durante algún tiempo, creí a medias que yo era una reencarnación de Debussy.

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