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Sergio Verdinelli: "Mi investigación va por el lado de la búsqueda de sonido"

Sergio Verdinelli

Entrevista: Luis Mojoli


Sergio Verdinelli nació en 1975, una época dura para el país, pero que tras el retorno de la democracia en 1983, le permitió crecer escuchando discos nacionales e internacionales que formaban parte del soundtrack hogareño.

Aquel chico, que comenzó percutiendo un bombo legüero escuchando a The Beatles a sus 5 años, (“Ringo Starr fue mi primera influencia", le dice a REC Or Play) difícilmente podía imaginar que iba a terminar formando parte de la escena del rock argentino, compartiendo bandas, giras y grabaciones con figuras como Fito Páez, Andrés Calamaro, Illya Kuryaki & The Valderramas y Luis Alberto Spinetta.

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Pero al ver el talento y la versatilidad de este baterista oriundo de El Palomar, y al escucharlo hablar uno entiende tres cosas importantísimas. A) El conocimiento, la ductilidad y la destreza técnica de Verdinelli son fruto de horas y horas de estudio y práctica sobre el instrumento. B) Era y es una esponja que absorbe conocimiento, por ello no sorprende que además del rock se haya movido por terrenos jazzísticos junto a Mariano Otero, Ernesto Jodos, Juan Cruz de Urquiza, Patricio Carpossi y otros y participe en diferentes proyectos (por ejemplo PAN, el grupo musical de percusión con señas e improvisación dirigido por Santiago Vázquez) sin despeinarse. C) La característica de aprendizaje constante y de amplitud decantó finalmente en una actitud que tomó el baterista y que todas y todos deberíamos aprender: las oportunidades hay que ir a buscarlas. No alcanza con tocar bien, nuestra personalidad, el hecho de ir a pelear por lo que queremos (Verdinelli se enteró que Dante Spinetta estaba formando una banda y buscó tener una audición con él para lo qud luego sería Illya Kuryaki And The Valderramas), de manera respetuosa pero decidida, debería ser una constante.

El caso es que tal determinación y amplitud estílistica llevó al protagonista de esta nota a tocar con IKV a los 16 años (ir a ensayar con tus compañeros de banda, siendo que uno de ellos es el hijo de Spinetta y el otro el de Dylan Martí, al estudio de Luis Alberto a esa edad sería un sueño para cualquier música o músico nacional), escuchar hip hop, estudiar jazz con Pepi Taveira y terminar, como decíamos previamente, integrando la escena musical argentina, no sólo del género rock sino en otros estilos.

Actualmente Verdinelli está abocado a su propio grupo, que se completa con Ernesto Jodos (piano) y Mauricio Dawid (contrabajo). Con ellos grabó No Me Llames Loco, su tercer disco solista, que navega por aguas del jazz y está próximo a ser editado en formato físico y digital. También continúa participando en PAN, dicta clases particulares de batería y en la Tecnicatura de Jazz del Conservatorio Manuel de Falla, toca en el grupo de Mariano Otero, con Juan Pablo Navarro, Rodrigo Domínguez, Patricio Carpossi y otros. En definitiva, siempre en movimiento. Conozcamos más sobre Sergio Verdinelli, el explorador del ritmo y los sonidos.


Tocaste con Luis Alberto Spinetta y Fito Páez, pero venías del jazz y conocías a Mariano Otero y Ernesto Jodos.
Sí, en 1992 empiezo a estudiar con Pepi Taveira y luego conocí a Ernesto Jodos, a Mariano y a Juan Cruz de Urquiza. Yo tocaba en un grupo de música latina y él a veces venía a trabajar con nosotros. De hecho, el primer grupo en el que estuve como músico fijo fue en el grupo que Juan Cruz formó antes del Quinteto Urbano. Después grabé un disco, el primero de manera profesional, con el sexteto de Ernesto Jodos.

Qué buena recorrida, te has rodeado de músicos increíbles.
Creo que he tenido suerte (risas).

Volviendo a tu rol de baterista de Fito Páez, IKV, Spinetta y Andrés Calamaro. ¿Cómo fue variando tu set a medida de los años?
En la medida que tengo posibilidad, cambio instrumentos. Obviamente hay algunos que se adaptan mejor a una situación que a otra. Con Fito Páez usaba una batería Mapex, también tengo una Gretsch pero con Fito necesitaba una configuración más grande. Después con los años fui comprando instrumentos buenos y además las marcas me fueron apoyando, así que algunas cosas se facilitaron. Actualmente estoy trabajando con la firma de platillos Istambul Mehmet, baterías Gretsch, palillos Regal Tip y parches Aquarian. Lo de Gretsch se fue dando muy de a poco, pero estoy con ellos hace 15 años.

¿Cómo te manejás en vivo y en estudio? ¿Utilizás sets diferentes?
Trato de utilizar todo. Tengo una Gretsch de los 80´ con bombo de 20x16, toms de 10x8, 12x9 y 14x14, con un tambor de 14x 6,5. Después tengo un bombo Gretsch de 18x14, otro de 22x16, un tom de 18x18, otro de 12x8, un tom de 13x6 y otro tom de 16x16. En definitiva, voy mezclando todo. También poseo una vieja Ludwig Downbeat de mediados de los 60. Después tengo tambores: Ludwig Supraphonic, Ludwig Acrolite, el Gretsch que te mencionaba recién, un tambor de los 50 y otro custom fabricado acá en Argentina. Este instrumento es un vicio, siempre uno está pensando en tener algo que aún no tiene. Ahora por ejemplo me gustaría tener un bombo de 24 pulgadas.

¿Por qué te decidiste por la batería? ¿Escuchaste algo que te marcó?
Comencé a tocar de muy chico y fue algo muy natural, porque en mi casa se escuchaba mucha música. Empecé percutiendo un bombo legüero a los 4, 5 años. Luego comencé a tocar arriba de discos de The Beatles. A los 11 años fui a mis primeras clases con Walter Rinavera, un gran baterista y percusionista sinfónico. Estudié con él hasta los 15. A los 13 años tuve mi set inicial de batería.

Verdinelli tapa

¿Quién fue el primer baterista que te llamó la atención?
Ringo Starr. Yo tenía 5 o 6 años y me encantó lo que escuché de él. Fue una influencia muy fuerte. Mi primera práctica fue escuchándolo. Cuando fui a clases se me abrió aún más el panorama sonoro. Tocaba todo lo que podía y escuchaba música todo el tiempo. Más tarde fui a aprender con Pepi Taveira. Fue una búsqueda consciente, porque me interesaba la música de raíz jazzera. En esa época, en 1992, yo tenía 16 años. Ya tocaba con Illya Kuryaki And The Valderramas.

¿Qué discos grabaste con ellos?
Horno para calentar los mares (1993), Versus (1997), Leche (1999) y Chances (2012).

¿Cómo terminaste tocando en IKV?
Yo vivía en El Palomar, quería conocer músicos y de un día para otro pasé a ensayar en la sala de Spinetta. Un amigo mío escuchó un reportaje en la Rock & Pop en el que Dante Spinetta comentó que estaba armando una banda. Así que me dijo: “¿Por qué no te vas a probar?”. Fui y dejé un flyer en la escuela de Walter Malosetti. Allí pregunté y comenté que quería audicionar para el grupo que estaba armando Spinetta hijo. Me atendió una señora, que debió haber sido la mamá de Javier Malosetti, y me dijo: “Bueno, ¿estás seguro? No me vas a hacer quedar mal, eh”. Así que me dio el número del estudio de Spinetta que después se llamó La Diosa Salvaje. Llamé y me atendió Luis Alberto Spinetta. Imaginate.

¿Ya conocías la obra de Luis?
Sí, totalmente. Mi motor fue conocerlo a él en realidad. Llamé, le expliqué y le dije que quería saber si me podía probar. Yo no era nadie, no tenía ningún contacto, pero ese impulso que tuve me marcó para siempre. Ahí Spinetta me dio el teléfono de su casa, que obviamente era la misma que Dante, porque su hijo tenía 15 años. Dante me pateó varias veces para adelante, pero yo le rompí mucho las bolas y le dije que quería que me escuchara. Y bueno, fui, me probó y le gustó. Más tarde grabamos Horno para calentar los mares.

Con Luis Alberto Spinetta grabaste Pan y Un Mañana y también participaste en Ya No Mires Atrás.
Sí, el disco póstumo de él fundamentalmente está integrado por canciones de la época de Un Mañana. Para Ya No Mires Atrás grabé recientemente las baterías de un track.

¿Cómo fue ese trabajo?
La producción de este nuevo álbum la hizo el técnico de sonido Mariano López. El mezcló todo el material y se sobregrabaron algunos teclados a cargo del Mono Fontana y Claudio Cardone. Pero también había unos demos que Luis había grabado y que habían sido desechados. A uno de esos temas le grabé la batería en diciembre en el estudio La Diosa Salvaje. Utilicé una batería Ludwig.

¿Es importante saber afinar correctamente?
Sí, totalmente. Cómo te seteas también forma parte del sonido que tenés. Eso no lo puede hacer otro por vos. Distinto es cuando tenés una persona con la que trabajás, entiende y sabe setear las cosas a tu gusto. Cuando trabajaba con Andrés Calamaro, había un pibe conocido como “Flaquito” que, de tanto verme, aprendió a setearme la batería casi igual a cómo lo hubiera hecho yo, de tanto verme. Eso era un lujo, porque me ahorraba una hora de laburo como mínimo.

Sí, también a veces los drum doctors proveen instrumentos que quizás otros bateristas no tienen.
Sí, es cierto. Ahí nos te referís concretamente al alquiler de instrumentos. Mi primer contacto con eso y con el mundo de los drum doctors fue cuando grabamos Versus de IKV en Los Angeles, en 1997. Nunca había ido a Estados Unidos. Había un presupuesto importante para grabar ese álbum, dinero disponible, era otra época. Me llevé mi batería, pero allá fuimos a un depósito de alquiler de instrumentos. También conocí un sitio donde cada baterista guardaba su set y sus cosas. Era enorme. Allí había gente que trabajaba con cada baterista en particular. Entonces, estaba el tipo que laburaba con Jim Keltner Ringo Starr, Vinnie Colaiuta o Alan White y seteaba el set de ese baterista en concreto.

¿Solés coleccionar cosas vintage?
Sí, me gusta. Por ejemplo, tengo una Ludwig de los 60 que me encanta.

¿Cómo fuiste adaptando tu sonido a los requerimientos de artistas como Fito Páez, Andrés Calamaro o Illya Kuryaki And The Valderramas?
Eso es algo que se va dando de manera natural en los grupos, a veces más o menos fluída. Cuando vos armás un banda de música popular y llamás a determinado baterista o a determinada bajista, en cierto modo ya estás eligiendo cómo va a ser la sonoridad del grupo. Lo individual va marcando lo que va a ser el sonido del grupo en conjunto. No es lo mismo Spinetta con el Tuerto Wirtz, con Jota Morelli o Pomo. Todos sonaban diferente.

¿Qué sonido le diste al Flaco Spinetta en la batería?
No soy yo quien tiene que decirlo. Cuando decido formar parte de un proyecto voy y trato de hacer funcionar las cosas. Ese es mi objetivo primordial.

¿Cuál fue el primer tema del Flaco que aprendiste a tocar?
Fue todo bastante rápido, porque había compromisos. Luis me llamó y rápidamente empezamos a ensayar. No me acuerdo qué teníamos que tocar la primera vez, pero luego Spinetta me pasó una lista de treinta temas y algunos demos de Pan, porque había que grabarlo. Así que saqué los treinta temas para el show y todas las canciones del disco que había que grabar. Él me mostraba las canciones y me las iba aprendiendo rápidamente. Entré básicamente para hacer eso.

Tuviste que ensayar canciones de un repertorio que no habías grabado…
Sí, a ver: empecé en abril del 2005 con Spinetta y el último show lo hicimos en 2011. Fueron seis años de grabaciones y shows.

¿Cómo era Luis Alberto Spinetta al momento de grabar? ¿Qué destacarías de Luis y de Fito Páez?
Son dos mundos diferentes, aunque los dos tenían una conexión y hermandad tremenda. Son dos situaciones diferentes y épocas distintas para mí. Con Fito Páez empecé a tocar en el 2001, tenía 25 años y estuve menos de tres años con el grupo. En la época de mis shows con Spinetta tenía 29 años y el entorno era mucho más tranquilo. Con Fito me encantó, para mí es un héroe y yo era y soy súper fan de él, pero el clima era mucho más vertiginoso. Era otro contexto. Fueron dos momentos muy diferentes.

La pregunta iba referida también a cómo era la modalidad de trabajar de cada uno.
Lo que pasa es que las diferencias a veces se dan entre el mismo artista y los momentos en los que se graba el material y lo que atraviesa cada uno. El trabajo musical es muy químico. Con alguien soy de una manera y con otro compañero o compañera doy otro resultado. Uno va reaccionando diferente, es algo natural.

Estuviste en el concierto en la Biblioteca Nacional de Bandas Eternas. ¿Solés participar de esos homenajes?
Fui al primer show y al segundo, estuvo lindo, pero no participé en las últimas ocasiones. Lo de la Biblioteca fue muy cuidado, bien hecho. Creo que si hay algo que me quedó de Luis y que me enseñó es a ser honesto con uno mismo, hacer nuestra propia música y darle para adelante. Lo extrañamos mucho.

Has tenido una búsqueda como músico que va mucho más allá de lo comercial y te has mantenido en una misma línea.
Es que la gente que tiene afinidad se junta. La vida va haciendo que conozcas gente con la cual desarrollás más afinidad que con otra. Más que mantenernos en una misma línea es como que seguimos cultivando una manera de hacer las cosas en la que creemos. Quizás se va modificando, pero tiene una esencia, la de ir adelante; tiene ciertos valores éticos, una manera de sentir las cosas.

El camino se va dando, claro. Y además de lo popular también siempre estuviste ligado al jazz desde chico.
Claro, yo empecé con IKV a los 15 y a los 16 empecé a estudiar con Pepi Taveira. Cuando tocaba con los Kuryaki me la bancaba, o sea, podía subirme a un escenario, tocar rock, y grabar un disco. Del jazz no tenía ni idea; empecé a curtirlo en ese momento. En esa época estaba muy al mango, tenía voluntad para estudiar y la sigo teniendo. Practicaba mucho. Son épocas en las que, si estás muy pila, le das para adelante a full.

Verdinelli con IKV


¿Cómo es tu rutina de práctica?  ¿Seguís practicando mucho?
A veces cuando tengo tiempo me pongo un montón, todo lo que puedo. Acá mismo tengo las baterías, un vibráfono y un piano.

Hay muchos bateristas productores actualmente. ¿Te gustaría producir?
La producción musical es un mundo gigante: podés hablar desde George Martin hasta J. Dilla, pasando por Pharrell Williams. Está el productor musical que es una eminencia de la música y también el más intuitivo o el DJ. De alguna manera cuando estás haciendo un disco ya estás produciendo. Yo hago muchos discos de artistas independientes durante el año. Si estoy con gente afín y hay espacio para el aporte y la creatividad, genial. Ya el hecho de hacer las cosas con determinada búsqueda y manera, es producir. Ahora bien, si me preguntás si tengo algún tipo de intención de posicionarme como una figura de la producción o algo parecido, la respuesta es no. No digo que no lo pueda hacer algún día, pero en este momento no es mi objetivo. Tengo ganas de seguir teniendo mi banda, continuar haciendo discos, escribir música y permanecer en mis proyectos musicales. Son todos grupos con gente que admiro y con los cuales comparto mucha química.

¿Cuál es tu propio proyecto personal?
Mi grupo es con Ernesto Jodos (piano) y Mauricio Dawid (contrabajo). Son temas que escribo yo. Este álbum que va a salir sería mi tercer disco solista. El primero se llama Primo, se editó en 2001, y lo hice con Juan Pablo Arredondo, Mariano Otero y Rodrigo Domínguez como invitado en algunos temas. El segundo material lleva el nombre de Sicomoro (2009) y lo grabé con Ernesto Jodos en teclados y Patricio Carpossi en guitarras. En el medio integré un grupo llamado Chiche Trío, con Martín Sued en bandoneón y Juan Pablo Di Leone en flauta y armónica. Ahí tocamos temas míos y de Martín. Y este último disco, No me digas loco, lo hice con Ernesto Jodos y Mauricio Dawid.

Después de muchos años de tocar con músicos como Fito Páez, Andrés Calamaro o IKV, ahora quizás estás más focalizado en proyectos en los cuales no se hace tanto hincapié en las letras, pero sí en lo instrumental.
En realidad hago de todo, siempre intenté hacer las dos cosas. Por ahí en algún momento alguno de los mundos toma mayor preponderancia: si me tengo que ir de gira dos meses, me adapto a eso.

¿Cómo solés componer?
Uso el piano. Estudié bastante y eso me ayuda a la hora de la composición.

Hablemos sobre No me digas loco. ¿Cómo se editará el material?
A través del sello norteamericano Ears & Eyes Records, propiedad de Matthew Golombisky, y a través de Twittin Records, el sello de Tweety González.

¿Cómo vés el fenómeno del trap, con exponentes como Wos, Ca7riel, Paco Amoroso y Cazzu?
Mirá, soy fan del hip hop desde fines de los 80. O sea, el trap es hip hop. Es un movimiento que nace de ese género. Hay un documental muy bueno en Netflix, “Hip Hop Evolution”, que lo explica. Sinceramente no estoy muy metido escuchando trap al palo, pero por ejemplo Wos y Ca7riel me gustan. Entiendo de dónde viene su influencia. Como en todo género hay cosas buenísimas y otras que no.

Los nuevos movimientos a veces tienen muchas cosas hechas con computadora…
No tengo mucha afinidad con eso, soy bastante vago con la tecnología y con la compu. Mi investigación va por el lado de la búsqueda de sonido. Uno puede obtener un sonido de cualquier medio, como a través de una computadora, pero mi búsqueda no va por ese lado. Hace más de 30 años que existen las computadoras en la música. Igual, te entiendo: me cuesta acostumbrarme a la figura de una persona en vivo con un micrófono y una pista. A mí no me calienta mucho esto.

Algunos hablan por ejemplo de la muerte de la guitarra eléctrica…
Pero, a ver, The Rolling Stones siguen girando. Keith Richards está vivito y coleando. Por más que predomine el trap, el rock sigue existiendo. Aunque digan lo que digan, es algo que está pasando y es contemporáneo.

Quizás la rebeldía que perdió el rock la empezó a llevar el trap y el hip hop.
Puede ser. Son movimientos culturales profundos. El hip hop es un movimiento cultural folclórico profundo que es súper mainstream y también under. No olvidemos que Wos comenzó a sumar fans haciendo batallas de freestyle en la calle.

Hablemos de tu rol como docente. Actualmente seguís dictando clases.
Sí, estoy en el Conservatorio de Música Manuel De Falla en la Tecnicatura de Jazz y doy clases particulares. También realizo clínicas. Estoy muy agradecido por ello. También hay que encontrarle un balance al rol como docente, pero es hermoso. Aprendo un montón.

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