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"Si pudiera retroceder en el tiempo quisiera volver a tocar con Spinetta"

Jota Morelli

¿Cuánto le toma a un baterista encontrar su sonido?

Toda la vida (risas)... En cuanto a cuestiones técnicas toma un tiempo, saber cómo afinar, entender lo que te pide el productor, son muchas cosas. Hay muchos secretos para el estudio, por ejemplo: que la bordona esté un poquito suelta, también el bordonero, aflojar el parche para que suene ochentoso y grave, qué micrófonos usar en cada situación. Es un tema muy complejo porque son muchísimas variantes: solo con mover un un tornillito de abajo cambiás todo. Yo lo que busco es que el parche de arriba me quede cómodo al touch y la afinación la voy buscando con el parche de abajo.

¿Te gusta usar drum doctor?

No uso mucho porque a mi me encanta hacerlo yo mismo. Una vez lo tuve a Ale Pensa en Del Cielito y me encantó porque Ale es un crack. Había ido con una Yamaha Recording y luego de tres temas me sugirió probar con una Premer Signia. Y bueno, probamos con la Premier y estuvo impresionante. Ahora soy endorser de Sonor, una batería que amo, los mejores tambores del mundo, pero también soy coleccionista de batas. Los platos que uso son Zildjian, son endrosement desde hace 30 años.

¿Existe el batero que puede tocar bien todos los géneros?

Es muy difícil ser un crack en todos los géneros. Hay tremendos bateros de jazz que no son especialistas en grabar pop o reggae. Es muy difícil ser un all around, que toque los estilos perfectamente. El que más se acercó a eso pudo haber sido Vinnie Colaiuta, que fue batero de Frank Zappa y puede grabar una balada con Alejandro Sanz y te parte la cabeza.También están Simon Phillips, Terry Bozzio, Dave Weckl, tipos de otro planeta prácticamente.

¿Cómo llegaste a tu primer batería?

Mi primera bata fue una Strike Drum, me la regaló mi viejo cuando empecé la secundaria en Venado Tuerto. Las hacía un tipo acá en Buenos Aires y nunca tuve la chance de conocerlo. La compramos en Pergamino y recuerdo en el mismo negocio había una Ludwig usada pero como yo no sabía lo que era y era usada, optamos por la Strike Drum nueva. ¡Cuando me enteré me quise morir! Luego me toca hacer la colimba y cuando salgo me vengo a Buenos Aires decidido a seguir con la música. Al primero que conocí fue al Negrito García López que laburaba en un negocio de instrumentos vendiendo guitarras. Él me tiró la onda para probarme en lo que luego fue La Torre. “Un grupo de Valentín Alsina que hacen covers y está buenísimo”, me dijo. En aquel momento era Nomady Soul y el Negro me dijo que necesitaban un batero. Hice la audición y quedé en la banda. Pero yo tenía mi bata Strike Drum de Venado Tuerto y los chicos me sugirieron si podía cambiarla porque ya proyectaban armar La Torre y se necesitaba un instrumento con medidas más grande.

Jota Morelli
Luis Mojoli de Recorplay junto a Jota en Panda.

¿Que batería elegiste?

Compré una Premier inglesa: 13x14x18 y 24 el bombo. Con La Torre grabé dos discos y todo con esa bata. Y luego tuve un toco de baterías: una Yamaha Recording con bombo de 22, una Gretsch USA Custom, pero esos fueron los inicios en mi equipamiento baterístico.

¿Cómo llegás a relacionarte con la gente de Sonor?

Consigo el sponsoreo de Sonor cuando en los noventa me voy a Estados Unidos y empiezo a tocar con Al Jarreau. Recuerdo que iba a los NAMM Shows y probaba las batas y alucinaba con los tambores Sonor. Entonces cuando entro a la banda de Jarreau consigo el sponsor de Sonor y ahora ya se cumplen 20 años que estoy con ellos. Es una marca super versátil para grabar cualquier estilo. El maple que usan para el instrumento es algo muy noble que tiene un estacionamiento de 20 o 30 años. Siempre toqué con una Sonor Delite de maple que son increíbles. Como la Sonor Vintage que sacaron ahora. Son batas espectaculares, un sonido increíble, con un rango de afinación altísimo.

¿Te rinden tanto para el vivo como para el estudio?

Si, la Sonor Delite la uso para el vivo y para el estudio. En el estudio no hay muchos secretos siempre y cuando tengamos una mesa como la State Logic de Panda, buenos micrófonos, un buen ingeniero, una bata tope de línea y un buen batero; no hay manera de que eso no suene bien. En esa sumatoria de elementos no puede haber error, digamos.

¿Cómo ingresás al planeta Spinetta en los años ochenta?

Luis nos veía en La Trastienda de Palermo cuando tocábamos con Madre Atómica. En esa época Luis estaba con el disco Privé donde usó máquinas, no tenía batero porque Pomo se había ido a Europa y Luis no lo reemplazó, grababa con máquinas de ritmos. En uno de aquellos encuentros me llenó de elogios y me dijo que en algún momento algo podía pasar. Y un día de 1987 me llama:

“Ya es hora de que toquemos juntos”. Charlamos y me dio una lista de 15 o 20 temas para que me los aprendiera en una semana. Nos juntamos a ensayar en una sala en la calle Gascón. Imaginate mi lugar de estar tocando con el ídolo de toda mi vida. Un maestro en todo sentido. Los ensayos eran un aprendizaje impresionante. Un tipo súper meticuloso con los arreglos, todo impresionante. Y él ya estaba preparando los temas de Téster de violencia.

¿Cómo fue esa grabación?

Fue en Del Cielito. Yo llevé dos o tres tambores, a él le gustaba el sonido bien grave y a mí me gustaba más explosivo. Me acuerdo que le decía a Mariano López: “Quiero que el bombo suene como un placard”. Muy loco. Él componía todos los temas con una Yamaha RX5, una máquina de ritmos y yo tenía que respetar todos esos arreglos que él había programado. Me decía: “Humanizame todo esto”. Yo escuchaba todo eso a un volumen infernal (no había in-ears) y tocaba arriba.

Jota Morelli

También estuviste en el siguiente disco, Don Lucero...
Don Lucero ya lo grabamos en el estudio de él y al poco tiempo Fuego gris que fue la música de una película. La experiencia con Luis fue espectacular. Un crack en todo sentido. Sus comidas luego de los ensayos. Y una cabeza musical de otro planeta. Téster de violencia recién se va a entender completamente dentro de algunos años. Y es así, porque ahora los pibes me dicen lo grosso que les resultan esos discos. Si pudiera retroceder en el tiempo quisiera volver a tocar con él. Todas esas canciones de Téster y Don Lucero y quisiera tocar todo el disco Los niños que escriben en el cielo, de Spinetta Jade; lo que grabó Pomo ahí es algo de otro planeta.

¿Cómo se terminó aquella banda?

Luego de un show en La Plata. Luis nos reúne y nos dice que quería parar por un tiempo, que quería armar su estudio. Eso fue en 1992 y de algún modo quedé libre. Yo siempre tuve el sueño de irme a Estados Unidos y de tener la posibilidad de tocar música negra con los creadores de esa música. Entonces programo un viaje pero me convoca Cachorro López para tocar con Diego Torres que había sacado su disco y era un éxito. Me quedo cuatro años con Diego y de algún modo postergando todo ese tiempo mi proyecto en Estados Unidos.

Pero que de todos modos te vas cuando dejás el grupo de Diego Torres...

Sí, Diego en el 97 hace un parate y yo aprovecho para viajar. No lo pospuse más y me fui a Los Angeles. Tenía el teléfono de Alphonso Johnson con quien nos conocimos cuando vino al país y me dijo que cuando fuera a Estados Unidos lo llamara. No bien llego empiezo a trabajar con una banda llamada Bandidos de Amor que hacía covers de Gipsy Kings. Un trabajo, de martes a domingo. En el medio lo voy llamando a Alphonso, que no aparecía. A los cuatro meses finalmente lo contacto y nos reunimos. Se arma una banda impresionante con Alphonso y el tecladista Freddie Ravel para viajar a Japón y allá surge la posibilidad de sumarme al grupo de Al Jarreau. Fui a una audición, quedé y estuve cinco años en su banda girando por todo el mundo.

¿Qué dirías si tuvieras que definir tu identidad como batero?

Estoy entre el rock y el soul, amo la música soul pero tocarla con actitud de rock. Estoy en ese territorio. Un batero de base, tocar fuerte y sólido. Por ahí pasa mi identidad.

Luego de Al Jarreu regresás al país, ya en el 2000...

Me vuelvo de Estados Unidos y estoy tres o cuatro años con Fito Páez, una experiencia espectacular. Una banda con Guille Vadalá, Gonzalo Aloras, el Negro Lozano, cada show era como salir a la guerra, una adrenalina única. Luego comencé a tocar con Luis Salinas, tremendo artista, grabación de un disco triple incluido. Y en el 2009 me contactan Los Enanitos Verdes para invitarme a ser parte de la banda. Un grupo de pop-rock increíble. Enseguida les dije que sí y empezó un volumen de trabajo impresionante. Junto con Soda Stereo son los embajadores del rock argentino en toda Latinoamérica e incluso en Estados Unidos. Los adoran. Hay que vivirlo para darse cuenta de lo que significan en México por ejemplo. Ahora estamos en trío: Felipe Staiti, Marciano Cantero y yo. Lo que viene con ellos es una gira por México y Estados Unidos lamada Huevos Revueltos junto a la banda española Hombres G. Y también tengo mi proyecto Jota Morelli y Amigos donde toco con amigos que se tocan todo: Matías Méndez, Alvarito Torres, Nico Cattaneo, Rama Molina, Marcelito Introini, no tenemos temas propios pero tocamos versiones que nos gustan y salimos a la cancha.

La bata de Jota

Jota Morelli

Los platos Zildjian.
La bata Sonor: una Delite maple: bombo 22x17 y los toms 10, 12 y 16. Luego tengo otro set que se llama Prolite de Sonor.
Mi gran maestro fue Carlos Riganti.

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