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Rubén Goldín: “Primero está el arte y el riesgo”

Rubén Goldín

Entrevista: Luis Mojoli

Referente de La Trova Rosarina, el experimentado músico comenzó su viaje iniciático en su ciudad natal, a través de Pablo El Enterrador, un emblema del rock progresivo argentino. Luego, tras un breve paso por el Reino de Munt, junto a Raúl Porchetto, formó El Banquete con Fito Páez. En 1981 pasó a formar parte de la banda de Juan Carlos Baglietto y con esa banda de trovadoras y trovadores rosarinos, grabó Tiempos Difíciles, aquel inolvidable e inoxidable disco de 1982.

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Durante su carrera, Rubén Goldín también se dio el gusto de grabar Del 63, el álbum debut de Fito Páez, tocar con Charly García en 2007, tomar clases de canto con el coach de Steven Tyler (Aerosmith), que Luis Alberto Spinetta lo tome como un posible reemplazante para grabar las voces de uno de sus discos y mucho más. El largo camino de Goldín en la música ya lleva más de cincuenta años, pero pese a todas sus conquistas, giras y shows, el rosarino mantiene los pies sobre la tierra y, en una extensa charla con REC Or Play, asegura: "Primero está el arte y el riesgo; después, si te dan un premio, bienvenido. Pero pensar directamente en el premio no está bueno".

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¿Cómo se dieron tus inicios con la música?
Comencé a los seis años, yo nací en 1955. Mi viejo me regaló una guitarra criolla y aprendí a tocar un poco de folklore. Veía El Club del Clan, donde estaban Violeta Rivas y Palito Ortega, muy felices. No me gustaba mucho, pero me entretenía. Luego apareció un programa que se llamaba “Hoy, música hoy”, conducido por Edgardo Suárez. Él estaba en un sillón, sentado, ¡con un tigre! a sus pies y decía “Hoy, música hoy. Almendra”. Señalaba para un costado y aparecía Almendra tocando en vivo. Empecé a mirar el ciclo y fueron apareciendo Manal, Almendra. Mi cabeza se dividió. En esa época estaba la música progresiva y Los Gatos.

Goldín de joven

Hubo un show de ellos que marcó un quiebre, ¿no?
Sí, fui a ver a Los Gatos al club Echesortu. Litto Nebbia: pantalón blanco, camisa negra, saco de gamuza con flecos; Ciro Fogliatta con un sombrero, Hammond, dos Leslies, Pappo en guitarra y Alfredo Toth en bajo. Arrancaron con “Lágrimas de María” y me partió la cabeza. Yo tenía problemas de asma, así que la pasé bastante mal durante el show. Me dejaron pasar detrás del escenario, al costado y me senté en la escalera. Termina el recital y Oscar Moro me toca la cabeza, como si yo fuera un niñito. Años después, estaba en casa, me tocan el timbre, pregunto quién es y era Moro, que me venía a buscar para tocar en Moro-Satragni. Nunca me olvidé de eso. También vi a Pescado Rabioso, a Aquelarre. Así me formé.

También viste la película de Woodstock. Me imagino el impacto emocional que significó.
Me volví loco. Ver a Jimi Hendrix, Crosby, Stills, Nash & Young, Carlos Santana… Fue tremendo. Volví del colegio y le dije a mi madre que no quería ir más, que quería dedicarme a la música. Y mi vieja, a crédito, siendo peluquera, me compró una guitarra eléctrica y un equipo de 10 watts. Así empecé, sacando los temas de Jimi Hendrix. También tenía algunos vinilos, como el de Abbey Road de The Beatles y simples: “Muchacha ojos de papel” y “Ana no duerme”. O “Chica del paraguas” y “Sólo seremos amigos” de Los Gatos.

¿Cuándo conociste a Fito Páez y terminaste armando El Banquete con él?
Fito se presentó en un concurso que organizaba Jorge Galfione, un DJ, hoy productor. Baglietto y yo éramos el jurado, creo que había alguien más. Fito se presentó y nos gustó lo que hacía, ganó él. De hecho, luego vino Fito a decirme que era fan mío, no sé de qué, porque recién habíamos hecho sólo unos shows con Pablo El Enterrador. Pero se ve que dejábamos una marca en el público, porque éramos pretenciosos en lo musical: mezclábamos Piazzolla, malambo, música clásica y Jethro Tull.

Con Fito

¿Cómo fue la concepción de la Trova Rosarina?
En 1973 apareció un tipo, Ricardo Grassi, que armó algo que se llamaba AMADER. Nos llegó una noticia de que iba a haber una gran reunión para apoyarnos a los músicos. Así que ahí estaban Juan Carlos Baglietto, Adrián Abonizio, Lalo de Los Santos y yo. Fuimos a ver de qué se trataba y así surgió nuestra amistad. AMADER lo que hacía era conseguir un lugar para generar una usina de ideas y realizar cosas en común. Así empezamos a tocar.

La trova

Volviendo a Fito Páez, él te tomó como una referencia…
Sí, y además era como una esponja musical. A mí me llamaron como cantante de ECO, que después fue El Banquete. Fui y de a poco comenzamos a tocar mis temas. El tecladista no estaba muy contento, así que lo llamé a Fito. Me decían “Che, pero es muy clon de Charly”. Yo lo defendía, así que Fito terminó entrando en El Banquete. El tipo aprendía todo muy rápidamente, nos llevábamos ocho años; yo tenía 24 y él 16 años. Era tremendo, ya empezaba a componer cosas. Hay una grabación que me mandaron el otro día de esa época, un show en el extinto Café de las Artes. Me lo envió Adolfo, el dueño del bar. Estamos hablando del año 1980 o 1981 más o menos.

¿Recordás los temas que habían compuesto para esos shows con El Banquete? ¿Había planes de seguir a paso firme?
Sí, pero luego nos peleamos. Teníamos un guitarrista que no podía tocar lo que le pedía; yo estaba cantando y no podía hacer esos arreglos. Así que me fui de la banda. El bajista era Jorge Llonch, actual Ministro de Cultura de la provincia de Santa Fe. Siempre se acuerda de que yo les decía de tocar más a tiempo, a los chicos les faltaba quizá un poco de training. Soy medio obsesivo con la afinación y con el tempo. Así que me estaba por ir de la banda y Fito me tironeaba del brazo: “No, no te vayas”.

En esa época recibiste el llamado de Juan Carlos Baglietto para tocar en Buenos Aires. ¿Cómo fue eso?
Sí, nos invitaron a tocar. Venía Frank Sinatra a Buenos Aires traído por Palito Ortega y la revista Humor junto a La Trastienda organizaron un recital en repudio a lo de Palito. Fue un festival de tres días con diferentes bandas del país, incluidas Trigémino. Nosotros tocamos ahí y Baglietto los reventó a todos. Apareció Juan Carlos y la gente se enloqueció. Le ofrecieron rápidamente un contrato discográfico y nos dijo: “Muchachos, hay que armar un repertorio”. Y grabamos Tiempos Difíciles.

¿Qué recordás de esa grabación? ¿Dónde se realizó?
Fue en los estudios que EMI tenía en Barrancas de Belgrano, por calle Mendoza. Nosotros éramos muy pichis, nos gustaba el armonizer, y abusábamos mucho de ese efecto: le poníamos armonizer a todo.

¿Esa fue tu primera experiencia grande en un estudio?
Sí.

¿Con qué equipamiento fuiste a grabar?
Yo utilizaba una Fender Telecaster que no era mía y usé un Twin Reverb prestado. No tenía dinero para comprar cosas, al punto que me echaron de Pablo El Enterrador porque mi equipamiento no estaba al nivel del de ellos. En fin, cuando entramos en el estudio de EMI fue genial. Parábamos en un hotelcito y al mediodía venía el director de la EMI, Jorge Portunato, comíamos y de postre flan con dulce. Todo. Pero a la noche, no teníamos un mango para la cena. He comprado un paquete de Criollitas para comer. Le pregunté a Portunato con cuántos discos salíamos y ya había 5 mil álbumes pedidos… Después terminó vendiendo 80 mil discos y no teníamos dinero ni para cenar. Por eso te digo, éramos muy pichis. Estábamos agradecidos por grabar, era como estar en Disney. Ponía el Twin y me sentía Hendrix; las ideas eran de Fito y mías. El resultado fue bueno, hasta Charly lo rankeó como uno de los mejores discos de la música argentina.

¿Podrías comentarme algo sobre algunos de los arreglos que realizaste en el disco?
Ok. Por ejemplo, la melodía de la flauta traversa de “Era en abril” es mía. Otra canción en la que metí arreglos fue “Los nuevos brotes”, con letra de Juan Monfrini, quien era nuestro sonidista. La experiencia fue genial.

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Todo fue un proceso natural en ese disco, se nota como que no fue algo buscado.
Totalmente. La realidad es que ninguno de nosotros tenía pensado vender discos. Por supuesto si una compañía edita un disco, quiere vender. Pero nosotros no pensábamos “este tema va a ser un hit”. Por ejemplo, cuando escribí “El ogro y la bruja”, perteneciente al disco Piedras Preciosas (1990), no lo quería grabar: no me gustaba. Lo escribí para Juan Carlos Baglietto, se lo mostré y le encantó. El tema iba para un disco con canciones infantiles de Baglietto, pero el proyecto se canceló. Lo escuchó un directivo de Warner y me dijo: “Grabalo, Rubén”. A mí no me gustaba, le dije “No quiero”. Me insistió, lo terminé grabando y hoy en día es una canción que la gente me pide sí o sí. Fue compuesta en dos horas. A veces tardás cuatro años en terminar un tema (risas).

Rubén Goldín

Muchas veces no se corresponde el tiempo que te lleva una canción con el resultado, ¿no?
Depende quién seas. Divididos tardó ocho años en hacer Amapola del 66 y el álbum es increíble. O Peter Gabriel capaz prueba distintas voces y formas por mucho tiempo y tarda cuatro años en terminar una canción. Hay veces en las que no hay apuro. Pero lo que sí me puedo jactar es que no me importa si un tema tiene éxito o no. Cuando grabás un tema, es el público el que decide. Por otro lado, la canción que necesita ser introducida en el oído de la gente a fuerza de repeticiones, no es la misma que el tema que perdura en el tiempo y es construido a partir de la honestidad del músico. Primero está el arte, el riesgo y después, si te dan un premio, bienvenido. Pero pensar directamente en el premio no está bueno.

¿Qué recuerdos tenés de la grabación del disco Del 63 con Fito Páez?
Nosotros fuimos a grabar nomás. Fito tenía un plan. Decía “OK, vamos a hacer esto, en tal mes tenemos un show en Obras” y así. Con Baglietto no había tanta planificación, pero con Páez sí. Fito tiene muy claro lo que quiere con respecto al audio, sabe cómo canta. Eso siempre lo recalcó Gustavo Borner, el reconocido ingeniero de sonido que suele trabajar con él en estudios.

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Tenés un anécdota con Borner y Santaolalla, ¿cierto?
Sí, te cuento: me llama Gustavo y me dice “Estoy mezclando la versión que cantaste de ‘Muchacha ojos de papel´ con la sinfónica de Kiev y ayer estuvo acá Gustavo Santaolalla y se agarraba la cabeza diciendo: ´Qué grande Rubén, cómo canta´!”. Le agradecí a Santaolalla. Ese disco lo hizo Gustavo Gregorio, un bajista que vive en España. Hizo los arreglos sinfónicos y yo grabé “Muchacha ojos de papel”. Después terminé cantando ese tema con Almendra en el 2019. No puedo pensar en que reemplacé a Spinetta, pero me llamaron para cantar en su lugar. EL CCK estaba lleno, con orquesta y todo, y se me pusieron los ojos llorosos.

Otra banda en la cual militaste fue Reino de Munt, junto a Raúl Porchetto.
Claro, Porchetto, Lerner, Lalo de Los Santos, Horacio Josebachuili y luego ingresó Gustavo Bazterrica en mi lugar. A Lalo después lo reemplazó Frank Ojstersek, creo. Nos volvimos porque no teníamos un mango.

¿Qué recuerdos tenés de tu época con Charly García?
Cuando murió Moro, Juanito Moro, su hijo, me invitó a tocar en su grupo junto a Charly García y José Luis Fernández. Canté “Esperando nacer” y “Cuánto tiempo más llevará” de Serú Girán. Charly se tiraba al piso, se acostaba. Es un demonio (risas). A mí me encantó y si mirás el video en YouTube suena bien. Fue tremendo. En un costado estaba Botafogo, me vio hacer el solo de “Esperando nacer” y le gustó.

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Contame qué sensación te generó el show de regreso que La Trova Rosarina brindó en el Teatro Colón en 2019. ¿Cómo fue el reencuentro con tus ex compañeros?
Tocamos en el Colón, en el Gran Rex y en Cosquín. Al principio surgió todo a través de un llamado de Juan Carlos Baglietto para hacer dos conciertos solidarios a beneficio del Hospital Centenario de Rosario. Dijimos que sí y ya ahí me agarró un ataque de amor. Miré atrás y estaban Juan Carlos y Silvina Garré cantando “Era en abril”, después de 30 años. Fue fuerte. Después vino la propuesta concreta de hacer una gira junto a Jorge Fandermole y Adrián Abonizio. Fito no pudo venir, estaba en Londres. No llegó a tiempo. Hicimos los arreglos originales, repasamos y salimos a tocar. Se filmaron y grabaron 3 shows en el Teatro El Círculo de Rosario y sale un disco en vivo este 7 de octubre. Está muy bueno. Vamos a estar en el streaming contando diferentes anécdotas y cómo fue la concepción de las canciones.

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¿Es verdad que Luis Alberto Spinetta te decía que cuando él no podía cantar en Jade te tenían que llamar a vos?
Eso me lo dijo Lito Epumer. Me contó que un día que Spinetta estaba mal de la voz y dijo: “No puedo cantar, llámenlo a Rubén”. Eso es posta. Y hay otra más heavy, me la contó Claudio Cardone. Él me invitó a cantar “Canción de amor para Olga”, en un show en el cual fuimos teloneros de Kotringo, una conocida pianista japonesa. Fui a ensayar a la casa, Claudio me contó que cuando Luis había compuesto Los Ojos (1998), se había peleado con Carolina Peleritti. Spinetta estaba mal anímicamente y de la voz y le dijo a Cardone: “Que lo cante todo Rubén”. Quería que yo cante todo el disco. No era una joda o una ironía, era en serio.

Hay una anécdota también que incluye a Luis en un micro de gira y un show junto a Páez del cual Spinetta fue testigo, ¿no?
Me da un poco de vergüenza contarlo, porque parece autobombo, pero un día, en el marco de los 20 años del primer show de Fito en Rosario fuimos en el micro con toda la banda de Fito, Claudio Puyó, Fabiana Cantilo y Spinetta. En el show Páez me pidió que cante “Actuar para vivir”. Toda la melodía de ese tema la hice yo y el me pidió cantar la mitad. Y después hicimos “La vida es una moneda”. Cuando terminó todo, Spinetta me agarró del brazo y me dijo: “Tu voz me emociona”. Casi me caigo a pedazos, que Luis Alberto Spinetta te diga eso no es joda. Yo le dije “Luisito, yo aprendí a cantar escuchándote a vos, a Litto Nebbia y a Paul McCartney.”

Tenías una linda relación con Luis…
Sí, y la realidad es que soy cero cholulo. De hecho, debo tener 3 discos de Spinetta en casa que me regalaron. Nunca quise molestarlo. Un día yo estaba en SADAIC, y por ahí viene de golpe Luis, me da un papelito y me dice: “Este es mi número de teléfono. Llamame así te muestro la consola que compramos para el estudio”. Estuve una semana tomando coraje para llamarlo, para mí Spinetta era palabra mayor. Fui a la casa, entramos al estudio y me mostró la consola SSL que había comprado y me dice: “No quiero que se apague nunca, yo quiero que vos vengas a grabar acá. No te voy a cobrar, le pagás al técnico, arreglás con él. Pero vení a grabar”.

¿Qué destacarías tanto de Spinetta como de Charly García?
Son opuestos. Cuando yo lo encontraba a Luis a las 8 de la mañana en la puerta del colegio de nuestros hijos, Charly se estaba acostando. Es otro mundo. Los dos son tremendos compositores, ¡nos han dado tanto! García hizo cosas bellísimas y creo que tiene un pulso más ciudadano. Dicen quizás lo mismo, pero Charly es más directo. Luis era un poeta.

¿Qué equipamiento utilizás hoy en día?
Tengo una Washburn 335, un bajo de cinco cuerdas que me encanta, una Apple iMAC con Protools, una Yahama 01B viejísima, digital, y un micrófono divino muy parecido al Neumann que es genial. También tengo una guitarra Washburn de raíz de maple que me regaló Pepe Netto hace muchos años. En 1994 también me compré una Fender Stratocaster en Boston, pero años después la tuve que vender. Y antes tuve una Strato 69´.

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Hiciste muchos discos desde tus inicios hasta ahora. ¿Cómo surgió la idea de hacer Girasoles, tu álbum de 2017?
Es un disco disponible en formato digital y físico. Cuando comencé, tocaba folclore. Siempre me atrajo el género. Así que nació la idea de hacer un disco de folclore latinoamericano

¿Dónde lo grabaste?
En Asunción (Paraguay), con músicos brasileños. El baterista era Thiago Big Rabello, que había grabado con Djavan. Toca con Egberto Gismonti, es un groso, tiene mucho resto, puede grabar cualquier cosa. Eran todos unos músicos increíbles. Cuando volví a la Argentina, le mostré la mezcla a Andrés Mayo y me dijo: “¿Rubén, no te enojás si te pido que cantes tres temas de nuevo? Está bien cantado, pero das para más”. Le di el OK y grabamos esas tres canciones acá en Buenos Aires. Me encanta que haya una visión externa, sobre todo la de un tipo como Andrés Mayo. Es un dios, sinceramente. Aparte él había participado también de la grabación en Paraguay. No suele hacer eso. El disco estuvo nominado a los premios Gardel el año pasado. Me ganó Santaolalla.

Volviendo al recuerdo de la Trova, ¿cómo te sentiste al tocar en el Teatro Colón?
En esa época hacía poco que había muerto mi vieja; antes de salir estaban cantando “Era en abril”. Yo estaba hecho bolsa y cuando miro, vienen Abonizio, Fandermole y Fabián Gallardo a abrazarme. Sabían que yo estaba mal, salimos al Colón y estaba repleto. Fue una locura, el audio que tiene es tremendo.

¿Y en Cosquín?
Fuimos súper bienvenidos. Lo nuestro no es folclore y la gente se re copó; el intendente lloraba. Esta juntada es una suma de cosas. Vamos así: Fandermole, Silvina Garré, Baglietto, Fabián Gallardo, Adrián Abonizio y yo.

Todos esos temas fueron cantados por una generación entera. ¿Cómo vivieron el después de la Trova con el surgimiento de la época más pop y new wave y, por otra parte, del punk?
Bien. Nosotros estábamos separados de Los Abuelos de la Nada o Virus en lo musical, pero no en cuanto a los conceptos. Éramos músicos honestos. Zabaleta hablaba bien de nosotros, Charly también. Veían que no éramos unos boludos, éramos sinceros. Creo que hemos dejado un puñado de lindas canciones en la memoria popular. Seguimos en el mismo plan: acabo de hacer una música con letra de Jorge Fandermole; también hice otra con una letra de Víctor Heredia y voy a pedirle una letra a Silvio Rodríguez y a León Gieco, todo con música mía. Ese es un proyecto en el que estoy trabajando. También estoy apuntándole a Sabina y a Serrat.

¿Qué planes tenés hoy?
Voy a tocar en City Bell en noviembre. También me llamaron de Tucumán, Córdoba y otros lados. Suelo ir a esas provincias y hay músicos que ya saben mis canciones, así que armamos una banda en cada ciudad.

En una oportunidad compartiste escenario en La Trastienda con Baglietto, Patricia Sosa, Julia Zenko, Marilina Ross, Marcela Morelo y David Lebón. ¿Cómo fue ese encuentro con David?
En un momento, cuando nos presenta a todos, Lebón me dice: “¿Sabés Seminare?”. Vení, cantamos en el mismo micrófono”. ¡Como John Lennon y Paul McCartney! Fue hermoso. David es muy sincero y transmite algo muy angelical. Lo quiero mucho.

¿Cómo fue tu formación guitarrística?
A mí me gustaron siempre Eric Clapton, Santana y muchos más. Me fueron pasando escalas, pero no tuve un profesor.

¿Estudiaste canto?
Estudié un poco sí, pero comencé a lo indio. Después cuando comencé a estudiar me di cuenta qué es lo que hacía con mis cuerdas y mi garganta. Empecé a leer sobre fonoaudiología y tomé clases en Boston con Mark Baxter, el coach vocal de Steven Tyler, y con Cheche Alara, otro crack. Él me dijo un par de cosas que me quedaron para siempre: cómo reparar la voz, cómo prepararla y vocalizar, etcétera. El diafragma es el motor de la voz, si no lo trabajás, la fuerza la hace el cuello. Y así, a los 15 minutos, estás disfónico.

¿Cómo cuidás la voz?
Hago sonidos vibratorios a modo de calentamiento, para que se despierte. Pero, por ejemplo, cantar y tocar a la mañana es difícil. También tenés que aprender a relajarte. Tengo varios libros de Tao, de yoga, del método Feldenkrais y más.

¿Usás algún micrófono en particular para grabar?
No, pero en un momento utilizaba un Neumann AKG414. Son buenísimos, pero no sé tanto de microfonía. Cuando fuimos a Paraguay, grabé la zamba “Las cosas que uno quiere” desde el control con un Shure SM57, cantando de guía para los músicos. Les gustó esa toma y quedó. O sea, ¡lo hice con un micrófono para instrumentos!

¿Qué micrófonos utilizás para las guitarras?
Me gustan las guitarras buenas. Depende para qué música, me suele gustar el sonido limpio de la Fender Stratocaster. Yo le doy más bola a mis yemas que a los micrófonos que tenga. He visto a Pat Metheny tocando cerca de mí con cualquier guitarra y el audio está en sus dedos. Lo mismo pasa con Lito Epumer: le ponés la guitarra que sea y la hace sonar. El tema está en los dedos. Lo mismo con la voz: me interesa más cantar bien que tener un buen micrófono.

¿Qué música estás escuchando actualmente?
Me gusta mucho lo que hace Scary Pockets, suenan muy bien.

¿A quién llamarías para una banda de rock?
A Machi Rufino, a Jota Morelli o Marcelo Novati como bateros, a Claudio Cardone y a un guitarrista de acompañamiento para que yo me ponga un traje blanco y sea Frank Sinatra (risas). Y sino, canto yo y que toque Divididos. Y ya.

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