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Germán Daffunchio: “Cuando más puro es el sonido, más garpa”

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¿Cómo pensás que vos y Tomás Sussman fueron evolucionando como tándem de guitarristas?
Cuando empecé a hacer música con Sumo aprendí que cada músico tiene su virtud y sus defectos, y a tener otro guitarrista al lado y trabajar en equipo en común, sin vergüenza, sin egos, pensando en únicamente la resultante. Cada tema tiene un espíritu y trabajamos sobre eso y no sobre “Vos sos primera, vos sos segunda”. Una cosa con que jodíamos siempre al principio era cuando nos preguntaban quién es primera, y la respuesta era “No, yo soy tercera, y él es cuarta” (se ríe). Entiendo la música como una comunión con otras personas, si no, te hacés solista o hacés los temas y le decís a los demás que toquen, pero es mucho más hermoso cuando compartís música con otros músicos. Con Tomás (Daffunchio lo pronuncia sin acentuar, como “Thomas”) tenemos una confianza absoluta, hemos compuesto temas con una guitarra y una caja de fósforos, y la confianza es el viajar juntos, muchas veces él me tira ideas o yo le tiro ideas, probamos, sacamos, ni nos importa quién está grabando, nos importa la resultante. Nos conocemos tanto que cada vez es más fácil trabajar. Sabemos, primero que todo, que somos amigos, que no nos importa la figura, “Yo hago los solos”; a nosotros nos une la misma pasión y trabajamos en común siempre en lo que nos está pidiendo el tema. Viene un solo, por ejemplo, y yo me quedo al lado de él y él va tirando, le digo “Loco, esta parte estuvo buena”. No hay egocentrismo, para mí es importante para seguir, de verdad, haciendo música.

Esta manera de laburar la mantenés desde Sumo.
Sumo realmente fue mi escuela. Antes de conocerlo a Luca, leía la revista Pelo y hablaban del free-jazz y los ibas a ver y te quedabas dormido. “Che, muy bien, tocás fantástico, muy lindo todo; emocioname algo hijo de puta”. Si vos te emocionás con la técnica, perfecto, pero para mí la técnica está buena para poder desarrollar ideas que vos tengas, y a veces lo que te está pidiendo el tema es una sola nota.

En tu época de marinero, antes de conocer a Luca, viajabas con una guitarrita y un grabador. ¿Qué grababas?
Locuras mías, desde chico me gustaba hacer eso (se ríe). Es muy loco, porque después se cruzó Luca en mi vida y me apoyó en desarrollar lo que yo era y no en perfeccionar mi técnica (se ríe).

¿La manera de laburar con Ricardo Mollo era similar a la que hoy tenés con Tomás?
Era una situación distinta porque Ricardo es de una escuela absolutamente opuesta a mí, y el desafío fue lo que cada uno podía aportar por su lado. No había una competencia. Hay un tema que perfectamente refleja el punto de química al que habíamos llegado, es “Estallando desde el océano”. Yo hago la base. Es una cosa perfecta, cada uno puede ser más o menos músico pero la mejor música sale con la unión.

“Estallando desde el océano” es brillante, sin embargo la producción de la época hace parecer como si hubiese una compuerta que no dejase sentir todo el poder de la canción. ¿Alguna vez pensaron en remezclar las grabaciones de Sumo?
En un momento tuvimos la fantasía de qué bueno sería tener el multitrack, dejar la voz de Luca, y darnos el gusto de grabar de vuelta, porque en esos años la dificultad tecnológica y la mediocridad que te encontrabas, lo salames que eran los técnicos y los ingenieros de sonido... Pensá que cuando nosotros queríamos grabar reggae nadie en la Argentina sabía grabar reggae. Pero, ¿por qué perduró Sumo, si sonaba así, como vos decís? Por la música. Esto que te digo es como de enfermo, de estudio, que me encantaría ahora, porque... hay temas que grabamos en el momento en que aparecieron las baterías electrónicas, la (Yamaha) RX11 (se ríe) que vos la ves ahora y... (se ríe).

¿Podemos pensar que esa música sonó peor acá de lo que hubiese sonado en otra parte del mundo, por una cuestión del criterio de los tipos que trabajaban con ustedes?
Te voy a contar una anécdota (también relatada en el último libro de Roberto Pettinato sobre Sumo). Grabamos el primer disco de Sumo de una manera muy insólita, el técnico nos decía cosas que nosotros, por respeto, le decíamos, “Bueno, está bien”, como grabar la batería toda separada, grabar el tambor por un lado, el hi-hat por el otro, un tom por un lado... La cuestión es que lo vamos a mezclar, estábamos Diego (Arnedo) y yo, no sé si era el primer tema, y en un momento se había armado una podrida porque el chabón no entendía una chota, y yo, a punto de agarrarle el cuello, le digo “Escuchame hijo de puta, ¿alguna vez en tu vida grabaste un grupo de rock?” Y me mira y me dice “No, esta es la primera.” (risas).

¿Han hablado con Tomás acerca de otras duplas de guitarristas, para tenerlos como referencias, ya sea por su forma de tocar juntos o por el tipo de efectos que utilizan?
Para serte honesto, no, nosotros somos personas raras (se ríe). Tomás vive en la sierras (de Córdoba), yo también, nunca le dimos bola a eso. Yo te puedo contar historias de mi vida, de la época de Sumo, cuando venían los guitarristas con todas las plumas y únicamente estaban preocupados si su solo había sonado lindo, cuando lo importante no era eso, sino si habías pelado dentro de tu alma.

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Pero, por ejemplo, viendo las guitarras que utilizan actualmente, vos tenés una PRS, Tomás tiene una Parker, ¿no piensan cosas como “Qué bien que suena esta guitarra en este disco, voy a probarla”?
Indudablemente, según el tema te suena un sonido, y hay una gama de guitarras que son importantes tenerlas, y si no que te las presten. Pero también hay otra parte que es el vivo y la versatilidad con el instrumento que tenés, hay guitarras que son muy limitadas es su rango, y hay guitarras que pueden cubrir más, sobre todo esta nueva generación de violas, ¿no?, porque en vivo existe una problemática técnica, los lugares donde vas a tocar, la acústica que tienen, la forma en que vos mandás el sonido a la mesa para que pueda rendir de la mejor manera. Nosotros todo el tiempo estamos buscando perfeccionar, ante las problemáticas con las que nos encontramos trabajamos en común para que cada vez suene mejor.

Me imagino que utilizarán más guitarras en los discos que en los shows.
Siento lo que cada tema te pide, sobre todo cuando grabás: te suena una Telecaster, podés tener una Faim y simular el sonido de una Telecaster, pero estás simulando. Y en el momento de grabar es el sonido puro, cuando más puro es, más real es, más garpa, menos tenés que procesarlo. Se siente una diferencia cuando tenés una guitarra que no tiene punch y lo estás fabricando con la compu (se ríe). Igualmente te aclaro que nosotros hemos grabado discos teniendo dos Fernandes y simulando sonidos (se ríe) porque era el único medio que teníamos. Mirá, soy un convencido que la música es la música, un buen tema es un buen tema, lo podés tocar con una guitarra Faim o lo podés tocar con una Gibson Les Paul y si el tema está bueno, está bueno.

Antes me contabas el chiste de la tercera y cuarta guitarra. Precisamente ahora tienen una tercera guitarra en vivo, Tavo Kupinski (ex Los Piojos). ¿Esto es por el hecho de que ahora tengas que cantar todo el show, eso ha afectado tu rol de guitarrista en vivo?
Sí, lo que pasa es que la inclusión de Tavo en Las Pelotas no fue una cosa planificada, se dio naturalmente. Hay temas que para interpretarlos bien me resulta más fácil no estar tocando. La inclusión de Tavo se dio por química porque él siempre fue fanático de Las Pelotas, y además es un gran tipo, muy parecido a nosotros en estos conceptos que te venía diciendo.

El año pasado tocaron en shows de estadios donde la cabeza de cartel eran grupos de afuera, Kiss y AC/DC. En ambos casos tuviste que lidiar con la intolerancia de parte de la audiencia fanática de cada banda. Para ustedes, que ya tienen una presencia fuerte en la escena local, ¿qué les representa, más allá de la cuestión laboral, tocar en ese tipo de shows, con un público tan hostil?
Lo que no te mata te fortalece, ¿sabés? Nosotros en realidad tocamos con AC/DC porque nos eligieron ellos. Tenés que ir y... tenés que ir. La gente no sabe, por ejemplo, que salimos sin probar sonido, son situaciones profesionales complejas, pero son desafíos que a la vez nos encantan. Además, la música es para todo, cuando vas de soporte vas a entretener las horas de espera. No tenemos miedo, significa una experiencia alucinante. Haber tocado con los Stones diez veces; me decís qué tienen que ver Las Pelotas con los Stones, nada, pero tocamos diez veces con ellos y eso ya es un recuerdo de vida maravilloso. No es que tiene que representar algo económicamente ni marketineramente porque de hecho no fue así, ni lo buscamos.

Desde que está Sebastián Schachtel en la banda hubo un cambio importante en la producción. Más allá de que haya más teclados, sin que por eso hayan tenido que resignar espacio las guitarras, hay un trabajo de producción más detallado.
A nosotros nos gusta experimentar en los estudios, y hubo discos que tuvimos más programaciones, y otros menos. Es cierto lo que vos decís, en muchos discos de Las Pelotas yo me encargaba de la producción, pero en un momento le pedí a Seba que lo hiciéramos juntos, ya te digo, son las químicas humanas, está bueno producir entre dos, más el técnico son tres, y siempre hay un punto neutro en las decisiones. Además, Seba tiene un gran don para ordenar (se ríe), es un placer laburar con él.

Además hay una mayor variedad de timbres: un glockenspiel en “Pasajeros”, una marimba en “Una tregua”, un Rhodes en “Personalmente”, sólo por mencionar canciones del Despierta. (Nota: el último álbum de Las Pelotas a la fecha).
Hay detallecitos, todo hace al tema. Sentíamos que faltaba esto y se lo metíamos, probábamos. Vos no sabés cómo trabajamos nosotros con los temas: sacamos, ponemos, desarmamos, cuando sabemos que el tema nos gusta no paramos hasta que no encontramos el espíritu. Actualmente todo en la música es muy encasillado, hacés reggae, hacés rock, hacés esto, y para mí lo más importante en una banda es la personalidad, el ser uno mismo: los Stones eran los Stones, los Beatles eran los Beatles, U2 es U2, los Redonditos eran los Redonditos; lo que más prevalece es lo que vos sos, más que (con tono pretencioso) “Mirá el efecto que le puse a la guitarra en esta parte”. La tecnología son herramientas, ahora, si no la sabés manejar, si no le sacás el jugo (se rie), no te sirve de nada.

Además, al trabajar en las sierras, tienen tranquilidad y tiempo.
Ahí tenemos el estudio (donde realizaron la preproducción de Despierta), es un lugar para experimentar. Con el ritmo de laburo de los últimos años, cuando estamos ahí es para equilibrar un poco, porque las presiones son muchas y siempre tiene que prevalecer un equilibrio, si no, el mundo del espectáculo te termina comiendo.

En todos sus discos siempre ha habido por lo menos un reggae, siguiendo la tradición de Sumo, que fue la primera banda que hizo reggae en serio acá...
Uno no puede alejarse de la raíz. Todo lo que aprendí, lo aprendí con un maestro como Luca, y concebí la música de una manera que por ahí no es común, ¿entendés? El reggae sale naturalmente, pero nunca lo utilizamos como una fórmula, hay algunos reggaes... ¿a qué iba la pregunta?, disculpame…

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Que, precisamente, a ustedes les sale con más naturalidad que a muchas bandas que se dedican al género. Quería preguntarte si te interesa algo de lo que actualmente forma la escena del reggae local.
Lo que pasa es como en la época en la Argentina en que todos tocaban blues, y querían parecerse a BB King o al que sea. Vos escuchás reggae y lo podés dividir en seis o siete bandas madre. Entre UB40, Marley, Linton Kwesi Johnson, y hay (una competencia) como quién hace el mejor reggae, quién es el más jamaiquino.

Todo un dogma.
Claro, y nosotros nunca nos guiamos por ese dogma.

Por eso creo que ahí está el atractivo de ustedes cuando hacen esa música.
Claro, pero vos me preguntas cómo lo veo, y tengo la misma sensación; hay bandas que me gustan, eh, Resistencia Suburbana me gusta, hay bandas de reggae que me gustan, pero es peligroso caer en decir “No, esto es lo más reggae porque es lo más jamaiquino”, volvemos a lo que hablábamos de la personalidad y la identidad propia, quizá podés inventar otro reggae (se ríe). Porque son fórmulas técnicas, yo lo veo así, con la experiencia del estudio.

Quizá sos uno de los autores que tienen más letras en segunda persona, interpelando al oyente. ¿Tomaste alguna vez conciencia de eso?
A mí no me gusta el artista que habla de sí mismo. “Y fui a Nueva York y caminé por Manhattan y entonces un negro me dijo...”. Vos me decís segunda persona, y en realidad es dejarle la posibilidad a la gente de que se sienta identificada, no estoy hablando de mí, sino que estamos hablando de nosotros (se ríe), creo que mucha de las cosas que uno siente con respecto a la vida son en común, quizá con vos, con otra persona.

Eso se ve en la letra de “Pasajeros”. En varias canciones hay una mano más pesimista de la realidad, como “Saben” y el “Dicen que cooperarán en arreglar el mundo, pero en realidad les chupa un huevo”, pero después en “Pasajeros” cantás “No hay que vivir fingiendo, la cosa es al revés.” Siempre tuviste una línea muy crítica con los dirigentes, o las instituciones, pero un optimismo en el ser humano como individuo.
Es tan evidente la mentira, el “Dicen que cooperarán en arreglar el mundo”, ¿no es una sensación que vos mismo por ahí tenés? Decís: “Estos hijos de puta en realidad les recontrachupa un huevo”. Esa es nuestra necesidad de tirar línea, pero por otro lado, la parte que vos hablás, tiene que ver con el proceso que uno está viviendo, que a la vez vivimos muchos, que es quizá perdonarse, reencontrarse, entender que todo el mundo nace primero dentro tuyo, aceptar tus propios errores o valorar tu propio presente, o proyectar cosas buenas; van para otro lado, porque si no es oscuridad, y no está bueno.

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