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Kubero Díaz, y la vuelta de Los Abuelos de La Nada: “Pasaron treinta años y reaccionamos”

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Entrevista: Luis Mojoli


Guitarrista emblemático del rock argentino, Juan Fernando “Kubero” Díaz, formó parte de La Cofradía de la Flor Solar –mítico grupo surgido en una comunidad hippie de La Plata a fines de los 60´-, La Pesada, tocó con León Gieco y formó parte de otros grupos. Luego de una estancia en Ibiza, retornó al país para grabar Cosas Mías (1986) de Los Abuelos de la Nada, permaneciendo en el grupo hasta su disolución, tras el fallecimiento de Miguel Abuelo en 1988.

33 años después, Los Abuelos de la Nada vuelve al vivo este sábado 27 de marzo en el Teatro Opera. La formación incluye a Gato Azul Peralta (hijo de Miguel Abuelo en voz), Juan Del Barrio (director musical, arreglos y teclados), Kubero Díaz (en guitarra y voz), Sebastián Peyceré (batería), Gringhi Herrera (guitarras), Jorge Polanuer (saxo), Alberto Perrone (bajo) y Frankie Landon (voz). Además, estarán Gustavo Bazterrica, Alfredo Desiatta y varios artistas invitados.

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Sobre este regreso de Los Abuelos (“Hay que animarse y poner toda la carne al asador. Si te entregás, te entregás por completo”, asegura en la nota), sus años en La Cofradía de La Flor Solar, su paso por La Pesada, el show frustrado de Los Shakers en Nogoyá- ciudad natal del protagonista de esta nota- y su larga carrera, Kubero Díaz dialogó con REC Or Play:

¿Cómo va a ser el show de este fin de semana?
Vamos por más y estamos muy entusiasmados para el show del Teatro Ópera que se nos viene. Queremos que sea una fiesta. Habrá invitados como Los Tipitos, Bándalos Chinos, Benjamín Amadeo, Miguel Zavaleta, Hilda Lizarazu, Manuel Moretti (Estelares), Ricardo Mollo, El Kuelgue, Javier Malosetti, Gustavo Bazterrica y Gringhi Herrera, dos Abuelos maravillosos, y varios artistas invitados. En mayo vamos a estar en Rosario. Obviamente no pueden estar todos esos invitados también en Rosario, pero sí estarán algunos.

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Si bien está abocado más al tema de la producción, me extrañó que Cachorro López no forme parte de esto.
Cachorro está un poco frío por la situación, no sé. Es un amigo mío y hace bastante que no lo veo, pero seguramente estará haciendo alguna producción o de vacaciones quizá. Pero es un capo. Gustavo Bazterrica va a estar; no creo que venga Calamaro, pero a lo mejor da alguna sorpresa, no sé.


Los Abuelos de La Nada tuvo varias formaciones…
(Interrumpe) La cuestión es seguir. Un año antes de su muerte, Miguel Abuelo nos reunió a todos en su casa y nos dijo: “Muchachos, si yo ahora cruzo la calle y me atropella un camión. ¿Ustedes siguen con la banda o no? Yo le dije que sí, que obviamente. Al año siguiente Miguel se nos va y el grupo se separa. Pero bueno, ¡pasaron treinta años y reaccionamos!

Su muerte fue un baldazo de agua fría. Sin embargo, fijate que otras bandas han seguido. En el caso de Los Pericos no hubo ningún fallecimiento del cantante, pero el grupo decidió continuar sin Bahiano, la cara visible de esa agrupación durante décadas.
Sí, claro. Los músicos de The Doors siguieron tocando después de Morrison., por ejemplo. Entiendo a lo que vas. Yo quise ser el vocalista después pero no me pusieron fichas. Ahora en esta etapa el mánager me lo propuso y yo le dije que estaba loco. “¿Cómo hago para cantar ´Cosas mías´ después de Miguel Abuelo?”, pensé. Es un tema muy difícil de cantar. Y hace poco soñé que había grabado el tema y lo llamé a nuestro manager. Me dijo: “es un sueño premonitorio”. Así que me levanté, fui al estudio, me encerré con el técnico y lo grabé. Salió mejor de lo que imaginaba y todo el mundo me felicitó. Hay que animarse y poner toda la carne al asador. Si te entregás, te entregás por completo.


¿Cómo fueron tus inicios con la guitarra?
Agarré la viola a los 6 años. Mi viejo tocaba tango. Adoraba las milongas y la música brasilera. Él me dio mi primera clase. Mi tío era concertista. Mi viejo salía al campo y ponía equipos de sonido para los casamientos, en Nogoyá (Entre Ríos). Un día tuvo un accidente y se le cayeron los equipos al agua y le quedó mal un brazo. No pudo tocar más, mandó a fabricar una guitarra similar a esa que tenía, la achicó y me dio una guitarrita para mí. Así arranqué a tocar. Luego, a los 9 años, subí a un teatro lleno tocando folclore. Más tarde, cuando iba a cumplir quince, el mismo día, fallece mi madre. A partir de ahí me pasé a la eléctrica, porque estaba loco con The Beatles. Estábamos de luto, pero el mismo día que murió mi madre, me vinieron a buscar y después me integré al primer grupo beatle del pueblo: Los Grillos.


¿Qué escuchabas aparte de The Beatles?
Folclore, Tom Jobim y otras cosas.

¿Y Los Shakers?
También. Cuando los escuché me quedé enloquecido, me caí de culo. Los escuché por primera vez en Radio Sarandí. También aluciné cuando oí a Los Gatos Salvajes. Tenía 16 años y gracias a la radio del pueblo pude conocer a todos esos artistas. Ni te digo cuando Los Shakers fueron a dar un concierto a Nogoyá. Fuimos a verlos, eran The Beatles para nosotros. Éramos cuatro personas. ¡No había nadie! Nos fuimos llorando a moco tendido y no tocaron porque no había nadie. Tremenda frustración.


¿Cómo llegás después a La Plata?
Dos compañeros de mi banda se fueron a estudiar a La Plata y uno de ellos, Eduardo Paz, que estudiaba en Bellas Artes, se hizo amigo de Rocambole, Isabel Vivanco, y un montón de gente. Decidieron alquilar una casa entre todos y ahí empezó La Cofradía de la Flor Solar. Más tarde, vinieron varios amigos a mi casa en Nogoyá para convencerlo a mi papá para que me fuera a La Plata. Al año siguiente, volvieron, y mi hermana Hilda logró persuadirlo. Yo tenía una guitarra y quería hacer solos de rock con cuerdas…no sé… 0,14 (risas). Me estaba enterando de toda la movida y quería tocar la viola. Y llegué para a La Plata. Estaba enloquecido con Jimi Hendrix.


La Cofradía fue un grupo importante, una semilla en el rock argentino. ¿Qué te dejó esa experiencia?
La Cofradía me dio creatividad, ahí compuse muchos temas, porque me quedaba solo en la casa, comiendo pan duro y tomando mates, mientras el resto estaba en la facultad. Venían muchos músicos, Alejandro Medina, Javier Martínez… Después el grupo quedó conformado como un power trío. Con ellos tocamos en el primer B.A Rock (1970), en el Velódromo. La gente estaba sacada, furiosa, tiraba de todo. La Cofradía sembró algo muy importante, hasta un joven Federico Moura nos venía a visitar a casa. El grupo me dejó un viaje maravilloso y un disco hermoso.

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También estuviste en La Pesada.
Con La Pesada me entusiasmé mucho. Billy Bond nos vió con La Cofradía de la Flor Solar, apareció de traje y corbata y nos dijo: “¿No quieren grabar esto?”. Así que fuimos y grabamos el disco de La Cofradía al día siguiente en 25 horas. Dos días antes había compuesto el tema “Quiero ser una luciérnaga” en el jardín de la casa. Nos faltaba una voz y Billy se sumó nomás. Quedó genial, ese tema pegó mucho. Para mí es el más fuerte del disco. Lo grabamos en Phonal. Luego me sumé a La Pesada y Billy tenía muchas horas de grabación en el estudio así que nos dijo: “Laburemos todos y saquemos discos”. Así que un día fui a grabar mi disco Kubero Díaz y La Pesada. Cuando llego me encuentro un piano Steinway de cola, que estaba ahí para un concertista. Sin dudarlo, aproveché semejante piano y grabé el tema “Spirtrepus”.

En 2019 estuviste en el show del Festival Mariposas de Madera. ¿Cómo fue reencontrarte con amigos que hace años que no veías?
Fue maravilloso. Esa noche brilló María Rosa Yorio. Me emocionó. Y Alma y Vida, ni hablar. Tremendo.


¿Cómo fue la grabación de Cosas mías de Los Abuelos de La Nada?
Lo hicimos muy bien, fuimos re ensayados. La experiencia de grabación con Mario Breuer era telepática. Recuerdo que estábamos haciendo “Capitán calavera”, bien de película. Y en el momento que me voy acercando a Mario, se da vuelta y me dice lo mismo que yo le iba a decir. Que había que poner unas guitarras con un sonido similar a las gaviotas.
Otro día, tenía que grabar las guitarras de “Rock & roll sobre la alfombra” y no me salía el solo. Ni a palos. Vino Miguel Abuelo, se me sentó al lado y me dijo: “Negro, ¿vos sabés cuánto sale la hora de grabación acá?”. ¡Mágicamente el solo me salió y quedó perfecto! (risas).


¿Cómo era Miguel en el estudio?
Tenía chispa, era tranquilo y muy profesional. Recordá que, durante ese famoso show en Vélez en 1985 junto a Nina Hagen e INXS, Miguel recibió un botellazo en la cara y siguió cantando “Himno de mi corazón” con la cara ensangrentada, como si no hubiera pasado nada.


¿Qué momento musical mágico recordás en tu carrera?
La época de La Cofradía, sobre todo el primer B.A Rock. Subimos al escenario, estaban tirando de todo y sonamos afianzadísimos igual. Arrancamos y la gente súbitamente dejó de tirar cosas. Fuimos la banda que la gente aceptó ese día. Eso no salió en ningún lado. Fue tan fuerte el momento que terminamos los tres abrazados, llorando. Yo encima, un día antes, había propuesto disolver la banda. Y después, años más tarde, cuando tocamos con León Gieco por el Bicentenario de Argentina, en el Obelisco, fue increíble. Era un mar de gente. Ahí lo conocí a Gilberto Gil y me reencontré con Los Jaivas. Fue hermoso.

Insam

 

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