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“Uno se enamora del instrumento”

“Uno se enamora del instrumento”

El próximo 27 de septiembre se cumplen cuatro años de la partida del querido Negro García López. Quisimos recordarlo con la entrevista que publicamos en julio de 2010 mientras giraba por Latinoamérica e Israel con Charly García. Ahijado artístico de Pappo, integró La Torre y Zas en los ’80 y fue el violero icónico de Charly en diversos períodos durante más de una década.

Comienzos. «Armamos una banda donde Ángel Mahler tocaba el teclado y Charly Alberti la batería. Mi papá cantaba en la orquesta de Tito Alberti (padre de Charly), en la época en que estaban las orquestas típicas y las de jazz, mi viejo cantaba en las de jazz. Pero la conexión con Charly no vino por ahí sino porque con Ángel Mahler trabajábamos en Promúsica, ahí nos conocimos. Pero mis verdaderos inicios fueron con una banda que armamos con el baterista Norberto Topini a los 12 años, Kronos. Pappo fue nuestro padrino porque el representante de mi papá compartía oficina con el manager de Pappo, de ahí vino la relación. En aquella época también tocaba mucho la batería, que me encanta y sigo tocando aún hoy. No digo que sé tocar perfectamente pero me defiendo bien, sé afinarla por ejemplo. El resto de los integrantes de Kronos eran Jorge San Marcos en voz, Walter Oliverio en bajo y Mario Camilo en segunda guitarra, hasta llegamos a tocar en Uruguay, que para fue como ir a Londres.»

Maestros. «Mi viejo me traía maestros a casa. Tuve uno que en el ambiente del jazz de ese momento le decían Quique Viola, que había tocado con Baby López Furst, Astarita, Jorge “Pampero” Navarro, los hermanos Barbieri, etc. Era un ambiente muy bueno que yo en un momento empecé a curtir, más allá de que mi formación es netamente rockera. Yo soy más de estirar y los guitarristas de jazz tocan más limpio, tipo Ricardo Lew, pero son tipos súper capos. Y también estudié con Juan Barrueco, que tenía el dúo con Bernardo Baraj. Hay muy buenos músicos que por ahí no son tan buenos profesores. Yo me considero un buen profesor, tengo paciencia y me encanta. Hay que estudiar. Me pasó muchas veces de estar en un bar o en cualquier lugar con Charly y que el Flaco (García López se refiere a Charly como “el Flaco”) agarre un papel o una servilleta, trace cinco rayas y escriba ahí un arreglo para mí, sin tener referencia de nada y sin ningún instrumento para chequear lo que escribe. Es un ejemplo Charly, más allá de su genio natural, es un ejemplo de dedicación. Hay que estudiar, saber lo que pasa en el instrumento, cómo se forma un acorde.»

La Torre. «Yo soy de Flores, Patricia Sosa de Barracas y Oscar Mediavilla de Valentín Alsina, donde ensayábamos. Ellos me conocieron porque iban a comprar instrumentos a Promúsica. Siempre respeté a Oscar. El Mariscal Romero me decía que tener en la banda a un tipo como Mediavilla era un gol. Él era segunda guitarra de La Torre y yo le pasaba muchas cosas y las armábamos juntos. Pero él también era como el manager de la banda y siempre fue un tipo súper insistente y yo creo que La Torre llegó adonde llegó e hizo todo lo que hizo (grabaciones en Ibiza, giras por Europa, hasta llegaron a tocar en Rusia) por Oscar Mediavilla.»

Zas: el pase del año. «Me fui de La Torre porque (los representantes) Daniel Grinbank y Oscar López me habían dicho que éramos una banda. En el primer y segundo disco sale la foto de toda la banda; en el tercero la foto es de Patricia Sosa. No me gustó y me fui. Estaba dando clases en mi casa y me llamó el manager de Zas pero mucho no me convenció porque yo tenía una onda un poco más heavy. Le dije que no hasta que me llamó Cachorro López que en ese momento también se integraba a Zas luego de dejar Los Abuelos de la Nada. Me gustó lo que me dijo Cacho y arreglé. Sí, fue un poco el pase del año, tipo futbolista. Toqué un año y medio, grabamos Solos en América con el productor de Mr. Mister (Kim Bullard) una banda yanqui muy buena de la época.»

Por qué no vienes hasta mi. «Con Charly ya veníamos coqueteando desde la época de La Torre. Nos encontrábamos en La Esquina del Sol, siempre me tiraba onda. Después nos encontramos en el boliche Sobremonte de Mar del Plata, yo estaba yéndome de la banda de Mateos y quedamos en encontrarnos. A los pocos días me llama y me dice “¿Querés tocar conmigo?” y yo le contesto “¿Y vos querés tocar conmigo?”. Y ahí empezó mi historia con Charly. Esta es mi tercera etapa en una banda de él. Hay un cambio muy bueno, eso es indudable y está a simple vista. Pero por suerte algo no cambió, y espero que no cambie nunca, que es su cabeza musical. Aún en sus momentos más oscuros él siempre brilló, eso hay que decirlo, aunque tal vez en algún momento esa oscuridad opacó todo su brillo. Ahora con Charly podés hablar, está abierto, escucha. Podemos ir a ver un partido de fútbol en Ecuador y a comer quesadilla a un mercado en México. Y musicalmente cada vez está mejor, cada show es mejor que el anterior. Lamentablemente hay mucha gente que está esperando la patinada, me enteré que circuló una noticia que decía que se había bajado los pantalones en México. Dejate de joder, me da bronca todo eso, ¿por qué le tiran mierda? Es un artista híper respetado en todos lados, donde vamos es una locura, y no es de ahora, estuve muchos años de gira con él y siempre pasó lo mismo. Me muero con lo que suena la banda. Los chilenos son divinos, yo los adoro, eran un trío que tocaban en un bar pero Charly no es ningún boludo, por algo los eligió. Ahora hay temas como “Rock and roll yo” o “El amor espera” que Los Enfermeros no grabamos y me encantan, una onda Led Zeppelin alucinante.»

Guitarras dobladas. «Al principio me pareció muy raro estar tocando con otro guitarrista en la banda de Charly. Pero un día nos encontramos en el estudio de Palito y me dio la grabación de lo que habían tocado en la plaza de Luján y me dijo: “Meté tus violas acá arriba, doblá las guitarras”. Y ahí me empezó a cerrar la cosa, dos violas haciendo base... Y luego en los ensayos nos empezó a decir dónde debía tocar cada uno. Puede ser que la banda sea más contundente ahora que en los ’80, un sonido un poco más duro, siempre hay al menos una guitarra haciendo base, aún cuando yo estoy haciendo un solo, o Kiuge hace lo suyo. Es un placer, hay dos personalidades diferentes y las dos guitarras nunca se superponen. Pero yo miro videos de Ferro (1991) por ejemplo y lo que yo tocaba era súper rockero. Por eso yo relaciono mucho a Pappo con Charly, para mi son dos rockeros natos, uno es más pesado, puro riff, y el otro es rock and roll canción. ¿”Demoliendo hoteles” qué es? Rock and roll. Charly tiene una escuela de canción muy importante, una facilidad muy grande para la canción. Y como guitarrista es único, nadie toca como él, no sé qué es, como que traslada su formación como pianista a la guitarra y simplifica los acordes de un modo que suena maravillosamente. Ahora dejó de tocar la viola pero ya la va a agarrar de nuevo.»

Pinamar, verano de 1996. «Me enojé con Charly y fui de frente (durante
el famoso recital en que Charly pervirtió la célebre consigna “Sol sin drogas” en “Drogas sin sol”), hicimos un papelón los dos arriba del escenario, nos peleamos delante de toda la gente. Fue un horror. Le puse los puntos de lo que no me gustaba. Sentí que en ese momento era lo que tenía que hacer. Esa noche a mi me sacan del escenario y Charly agarra el micrófono y dice: “Esta es una banda muy rockera, chau”. Y se fue, terminó el concierto. A los tres días me llaman para tocar en Neuquén, yo pensaba que estaría enojado y me lo pasan al teléfono: “Negrito, te voy a dar un tirón de orejas, te espero en Aeroparque para ir a Neuquén”. Ya está, esas cosas fortalecieron la amistad.»

Los riffs de Charly. «“Rock and roll yo” tiene un riff tremendo (lo canta), complejo, emocionante (canta ahora “Whole lotta love” de Led Zeppelin). Muy bien Charly, híper musical. “No toquen”, qué querés que te diga, tiene una cosa media arabesca que me mata (se pone a bailar como un beduino mientras canta el riff de “No toquen”)... para mi es eso, súper rockero. El solo de “Cerca de revolución” me recontracabe, claro. Y algo que me vuelve loco es “Yendo de la cama al linving”... qué bien Charly... (canta)... toda la armonía y todo lo que usa Charly siempre es tan lindo, tan bello. Es una emoción verlo a Charly tocar, yo siempre le insistía para que tocara solos, me muero con sus solos, al piano y en el sintetizador, en el Minimoog, por ejemplo. Es que hay que estudiar. Siempre le digo a la gente que toma clases conmigo que tienen que estudiar, si no la cosa no tiene sentido. Mi profesor me decía: “Tenés que tocar media hora por día”. Pero no media hora de “La bamba” o “Satisfaction”, hay que hacer el trabajo sucio, escalas. Y hay que amar la música. Y con Kiuge me pasa eso: nos juntamos en el hotel y lo primero que hacemos es sacar las violas y nos ponemos a tocar, sin enchufar, sin nada.»

Guitarras. «Mi guitarra clásica es la Telecaster (que aparece en la tapa de su último disco), me acompaña desde que tengo 15 años. Se la compré a un guitarrista amigo de mi papá. A veces toco con mi banda en lugares pequeños y me gritan que toque con la Telecaster, muy loco ¿no?, piden la aparición de la Telecaster. Con Charly también usaba una Kramer blanca y negra, que compré en el 86 en Los Angeles, cuando fuimos a grabar con Miguel Mateos. Lo que pasa es que ahora estoy muy enamorado de una Les Paul y una SG que compré recientemente. Las Gibson tienen un sonido muy dulce, con Los Enfermeros tocaba una Les Paul negra de Charly creo que en “Adela en el carrousel” y me gustaba mucho. ¿A quién no le gusta una Gibson? La Les Paul se la compré a Fabián Giordano (actual sonidista de García), se la compré con los ojos cerrados porque si es suya está impecable. Tuve muchas guitarras pero siempre tenía que vender una para comprar otra. Pero de la Telecaster no me desprendo. Estuve en Rudy’s en New York y Rudy me dijo que me daba 7 u 8 mil dólares. Mi guitarra tiene palanca que le puse yo... Si la dejo original me daban esa plata. Pero no, ¿para qué? Uno se enamora del instrumento.»

“Uno se enamora del instrumento”

 

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