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Dino Saluzzi: La música está desprotegida

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¿Cómo fue su acercamiento al instrumento? Aprendí a tocar el bandoneón con mi viejo, él era músico y fue mi primer maestro. Luego, todavía en Salta, tuve un maestro llamado Luis Vara, y ya en Buenos Aires tomé clases con Julio Mara, ya fallecido, rosarino, un capo total. Estudié música, estudié el instrumento, traté de informarme de toda la música para poder pelear la vida económica. Porque un tipo que solamente toca el bandoneón y toca tango o chamamé tiene menos posibilidades de desarrollar su carrera profesional que otro que sepa transcribir, orquestar o dirigir.

¿Con quiénes ha tocado en todos estos años de carrera? He tocado con todo el mundo. En el mundo del tango en la orquesta de Gobbi, Varela, la orquesta de Radio El Mundo, era muy jovencito. En el folklore desde siempre, fui uno de los primeros en tocar en el bandoneón con grupos de rock. Toqué jazz, música académica, música contemporánea.

¿Hay algún género que prefiera por sobre otro? A todos los géneros les veo posibilidades artísticas. Toda la música desde cierto punto de vista tiene belleza pero es cuando está bien hecha, cuando la hacen tipos que conocen lo que están haciendo.

¿Cómo fue la experiencia de su último disco que está compuesto casi íntegramente por improvisaciones?Es un disco que hice a dúo con un baterista. Se llama Senderos y fue grabado en Oslo para el sello ECM. Está todo improvisado con la excepción del tango de Francisco De Caro ?Loca bohemia? que es una de las cosas más lindas que escuché, por su síntesis, su belleza, su capacidad de evolución. Es difícil encontrar en Argentina los discos de ECM porque ellos no licencian sus obras a sellos de otros países. La única manera es exportarlos y para el mercado argentino resulta muy caro comprar discos del exterior. Sin embargo, ahora parece que volverán a distribuirlos en el país.

Nuestra argentina

¿Cuál es su opinión sobre el estado actual de la música argentina? Para ser honesto y sincero, tengo que decir que no conozco la actividad de los conservatorios o los centros donde se estudia música. Tampoco conozco el medio, paso mucho tiempo en Europa. Pero puedo atreverme a decir que, de acuerdo a lo que escucho por ahí, no parece que se le diera importancia a la música. Primero porque es innegable que en las grabaciones que se escuchan por televisión o en la radio, muy pocas veces se nota que son personas que hayan estudiado música. A casi toda esa música rara que suena por ahí le llaman música popular como una defensa anticipada o culposa. Para mí la música popular debería tener la belleza de Atahualpa Yupanqui, la belleza de Salgán, de Piazzolla, debería proponer o impulsar cierto desarrollo intelectual. Desde ese punto de vista yo creo que la música está completamente desprotegida en el país. Escucho la desvalorización de la música. En Francia o Alemania es el estado quien protege a sus músicos y su música. Nosotros no tenemos esa protección frente a otras músicas que no nos pertenecen.

¿Cómo ve la convivencia entre la música tradicional y la moderna? A veces uno le tiene un poco de temor a la palabra tradicional pero no hay camino para el artista si no es a través de su propia historia. Las mezclas atentan contra la variedad. La variedad en estos días es absolutamente imprescindible porque se cae por ignorancia en la generalización de la expresión desde el punto de vista de la forma, los modos, costumbres y usos. Se atenta contra lo que éticamente es importantísimo, la variedad. O sea, se uniforma la cosa desde el punto de vista de la uniformidad, el ciudadano no tiene chance como para elegir lo que realmente le gusta.

¿Ha visto alguna evolución en el tango? La única evolución verdadera es la de Piazzolla, lo demás es una mezcla de copias e intentos fallidos. Y esto se debe a la falta de formación y de incentivo hacia el trabajo artístico desde el punto de vista de la compensación y de la ética. La música como pensamiento no existe en la Argentina. Lo único que hay es Alberto Ginastera, Yupanqui, Falú. Yo tengo profundo respeto por la herencia artística que he recibido de la música argentina. No tenemos más identidad musical, lo que hay está maniobrado, manipulado, como para que esta identidad que nosotros tenemos se unifique en la búsqueda del negocio sin límite. La música que nosotros tenemos necesita protección. Tenemos que dejar de ser la cola del león y convertirnos de una buena vez por todas en la cabeza del ratón. Desde todo punto de vista.

¿Cómo se ve musicalmente a esta altura de su carrera? Cuando algunas cosas me empiezan a salir bien miro para un costado y escucho a Bach a Beetoven para no agrandarme demasiado y ser consciente de lo que sucede: que soy solamente un átomo de lo que pasa o de lo que pasó. No leo nunca los artículos que hablan sobre mí.

¿Por qué? No me gusta, no me interesa porque al leerlos traiciono mi honestidad. Porque lo que yo puedo hacer será aceptado por uno y negado por otro, y eso no va a influir sobre mis trabajos. Yo siempre voy a ir adelante. No siempre acierto, pero bueno, eso es normal.

En momentos de crisis como los que atravesamos, ¿cuál debería ser el papel del músico en este contexto? Ser un músico es de alguna manera tomar la responsabilidad de la educación musical a partir de uno, porque uno es parte de una sociedad. Un músico tiene un instrumento de educación muy grande y eso es una gran responsabilidad. Un músico es un canal por donde pasa cierta parte de la educación de la gente. Sin esa educación la gente no estaría completa, faltaría algo. Lo que se aprende en la exactitud no se aprende en los sentimientos. Por ejemplo, la música despierta sentimientos profundos que son necesarios para la realización de las personas. Porque para cualquier problema en la vida puede haber una solución basada en el cálculo o en la estadística pero si le falta esa cosa misteriosa llamada sentimiento el ser humano no está completo. La formación del músico es un hilo muy delicado por donde camina el quehacer musical y por donde pasa la sensibilidad, la cultura, el desarrollo de la propia cultura. Y lo que se escucha son cosas totalmente extrañas, como por ejemplo pretender ser alguien que uno no es. Por ejemplo, tocar algo que ya está hecho por otros músicos que lo hacen mejor que nadie. Y la protección de la música no debería venir del estado solamente, sino de los mismos músicos, de la consciencia de ser un buen músico. Y cuando digo buen músico quiero decir un músico que promueva y desarrolle su cultura.

En momentos de crisis como los que atravesamos, ¿cuál debería ser el papel del músico en este contexto? Ser un músico es de alguna manera tomar la responsabilidad de la educación musical a partir de uno, porque uno es parte de una sociedad. Un músico tiene un instrumento de educación muy grande y eso es una gran responsabilidad. Un músico es un canal por donde pasa cierta parte de la educación de la gente. Sin esa educación la gente no estaría completa, faltaría algo. Lo que se aprende en la exactitud no se aprende en los sentimientos. Por ejemplo, la música despierta sentimientos profundos que son necesarios para la realización de las personas. Porque para cualquier problema en la vida puede haber una solución basada en el cálculo o en la estadística pero si le falta esa cosa misteriosa llamada sentimiento el ser humano no está completo. La formación del músico es un hilo muy delicado por donde camina el quehacer musical y por donde pasa la sensibilidad, la cultura, el desarrollo de la propia cultura. Y lo que se escucha son cosas totalmente extrañas, como por ejemplo pretender ser alguien que uno no es. Por ejemplo, tocar algo que ya está hecho por otros músicos que lo hacen mejor que nadie. Y la protección de la música no debería venir del estado solamente, sino de los mismos músicos, de la consciencia de ser un buen músico. Y cuando digo buen músico quiero decir un músico que promueva y desarrolle su cultura.

¿Y cómo debería desenvolverse un músico ante lo que comúnmente se conoce como el mercado o la industria de la música? En estos momentos extremos es cuando el músico tendría que cuidar más que nunca su libertad. En situaciones como éstas, en la cual estamos al borde todo, las responsabilidades son mucho mayores porque carecemos de soporte de todo tipo. Espontáneamente el músico tendría que investigar, trabajar, tratar de realizarse de la forma más seria posible.

¿Encuentra algún síntoma de renovación en la música argentina? Están los que hace 40 años que repiten la misma cosa o están los otros en donde lo referencial se perdió. Evolucionar sin tener como referencia lo tradicional no es bueno, porque se puede evolucionar solamente desde ahí: evolucionar a través de lo tradicional para poder ofrecer algo verdaderamente propio. Hay gente nueva que está haciendo bien las cosas, pero falta aquel toque de genialidad que tenían algunos. Por supuesto que a esta edad ya me he puesto mucho más exigente conmigo mismo y con las cosas que escucho. Pero no veo cosas realmente interesantes, aunque sí un intento de evolución y de crecer. Yo ahora estoy proyectando la realización de una escuela para músicos jóvenes que no puedan pagar sus estudios. Para aquellos que no puedan viajar a Europa para perfeccionarse. Pero todo basado en la música de acá. Porque de nada vale ser un mero técnico de la música sino refleja una realidad histórica. Estoy montando como un instituto todo pagado por mí para el estudio de la música argentina. Más que clases vamos a hacer charlas o experiencias que he aprendido de los franceses.

¿No cree que la música ha perdido el rol social que cumplía en otros tiempos? Siempre la música cumple un rol social, hay que ver qué tipo de rol cumple actualmente. Por eso yo prefiero aferrarme a la cuestión de la responsabilidad. La música no tiene que tener un rol social como lo ha tenido desde el punto de vista de la demagogia. Se dice que cuando se terminan los esquemas, las fórmulas y las estructuras y la sociedad se encuentra desorientada viene lo que se llama el arte. En esa cuestión juega un papel muy importante la sensibilidad del artista que es el que capta lo que la sociedad está queriendo. No lo sabe convertir en una herramienta que promueva la solución de los problemas sociales, pero eso, acompañado de otras ciencias, la razón y la sensibilidad, serían el camino a seguir. Para eso hace falta sincerase verdaderamente. Estamos hablando de sociedades pero sin olvidar que la música es un elemento que compone la educación social. Porque no puedo imaginarme un tipo encerrado en una pieza componiendo aislado del mundo y olvidándose de todo lo que pasa.

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