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Juan Subirá

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Por Matías Martínez

¿La composición en tu caso siempre es desde los teclados? Eso varía, he llegado a hacer cosas desde la guitarra o el acordeón, pero creo que tanto el piano acústico como la guitarra son instrumentos para hacer canciones, son como muy hermanos y la armonía está como muy cerca igual que la melodía. Con los teclados también está bueno, ya de hace tiempo tenía un Trinity y ahí comencé a trabajar con secuencias armándome estructuras y bases de batería y bajo buscando sonidos que me gustaban, cosas que por ahí no siempre quedaban. Todo ese laburo fue muy enriquecedor ya que pude definir cosas que terminaron quedando en muchos temas de Bersuit como “Porno star” o “Convalecencia en Valencia” ya que el beat de la batería o ciertos sonidos te definen la canción; son cosas que vienen de la mano de la técnica pero que ayudan a componer una canción.

¿Qué teclados utilizaste en vivo para la presentación de tu disco? Sintetizador vocoder Korg que no lo usé tanto en vivo pero da para usarlo, tiene variedad de sonidos mono y polifónicos. Ahora, el hecho de tocar y cantar me consume mucho la cabeza por eso lo uso poco, ya que este lugar es más demandante y no lo había hecho antes. El otro es un Korg Triton Extreme, que también lo utilizo en vivo. Tengo ganas de incorporar algo nuevo, los teclados Nord, por ejemplo, que son buenísimos, con sonidos de gran definición, sintetizadores y pianos que se pueden combinar siendo todo muy visible y fácil de manejar.

Ahora en tu proyecto solista sos el único “director de orquesta”. ¿Alguna sensación diferente? Sí, en el caso del disco es más definido ese rol ya que también hice la producción del mismo, y me gustó mucho asumir esa responsabilidad. A veces costó porque hubo días de entrar al estudio y tener que definir cosas y por ahí vienen las dudas, escuchar y que no guste, fue duro. Muchas cosas las definí solo y otras con la colaboración de Eduardo Pereyra y Martín Mariño, también consultando a alguno de los músicos. En especial al cantar, lo grababa, lo dejaba y lo escuchaba otro día con otra oreja más fresca; cantar y a su vez juzgarse fue difícil y pude rehacer algunas cosas y otras fueron quedando como estaban y por eso también en otros casos estuvieron los invitados para cantar el Pelado [Cordera] o Palo [Pandolfo] o Andrés [Calamaro].

El disco no tiene la “alegría” Bersuitera, contiene cierta tristeza y cierta cuota arrabalera. ¿Fue una necesidad tuya la de mostrar ese lado no tan festivo? Elegí que el disco fuera así, se encalló por esa zona después de venir de tanta “fiesta”, cosa que me gustó mucho también. De este tipo de canciones tengo muchas y fueron quedando afuera de los discos de Bersuit por diversas razones y creía que merecían una oportunidad. Sentí que podía hacerlo ya que yo tengo algo de eso también y me siento cómodo haciéndolos.

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Un tema como “Relatos de un antisocial” (instrumental de 4 minutos) ¿a qué influencias responde? ¿Frank Zappa? Ese tema está compuesto por Gabriel Abrego, bajista de La Salud de los Enfermos, una banda que yo tuve entre los años 89 y 93, una banda muy especial formada en el taller de composición de Ricardo Capellano, taller que todavía dirige, y en esa época estaba en el Centro Cultural San Martín. Nosotros armamos esa banda con una búsqueda estética muy jugada, sin estructuras de canciones, algo más abierto, improvisado, casi progresiva; si tuviera que buscarle un punto de referencia podría ser King Crimson, Van Der Graaf Generator o Zappa. La Salud... formaba con saxo, violín, teclado, bajo y batería y en el repertorio sólo había dos canciones, el resto era todo instrumental, de ahí que hoy, dos temas de aquella época forman parte del disco. Fue muy lindo poder volver a reunirnos con los músicos originales de esa formación y dejar registrado estos temas. Otras influencias, para mí, van por el lado del jazz, el rock progresivo, el free jazz, artistas como Gismonti, Hermeto Pascoal, Chick Corea, todo lo que tuvo que ver con el jazz-rock, como Weather Report o Brand X; extraño mucho el formato de la música de esa época, era más descomprimido, más libre, las estructuras de las canciones no eran tan rígidas.

¿Las condiciones en como se comercializa la música hoy, condicionan a los músicos en la composición o a la hora de pensar un disco? La industria discográfica, el mercado, la radio, creo que empezaron a pesar en la cabeza de los músicos, en la duración de las canciones y eso se fue metiendo en la cultura musical, con temas de 3 o 4 minutos y su formato radial. Bandas como Radiohead rompen con estas cosas y creo que es necesario el quiebre y hacer música con más libertad. Me parece que está bueno embarcarse en esa búsqueda, yo lo tomo como desafío. Después de tantos años de hacer música en este viaje, empecé a absorber tanto que este disco fue mi forma de canalizar todo, por eso conviven la improvisación con canciones más redonditas.

¿Entraste al estudio con todo el material definido? Ya tenía varias cosas grabadas con anterioridad, ideas que fueron tomando forma con el tiempo. Hubo temas, como “Grito feliz”, que lo teníamos hecho con Gustavo [Cordera] desde hacía mucho tiempo; de gira, en un hotel, Gustavo tocaba la guitarra en el baño y le dije “quiero grabar eso”. Fue algo que había percibido en el momento, yo tenía la letra para eso que él estaba tocando y lo grabamos con un grabadorcito, empecé a armar la secuencia con el teclado y eso terminó quedando. En ese momento tuvimos unos días libres y pasamos por el estudio de Santaolalla porque estábamos grabando los temas de la película Amores perros (2000), y bajamos el tema, lo cantamos y con la secuencia que le había armado terminó quedando.

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¿Tus comienzos musicales fueron siempre relacionados con los teclados? Fue muy lúdico mi comienzo. Con Carlitos [Martín] y Pepe [Céspedes], baterista y bajista de Bersuit, nos conocemos desde la escuela primaria, en el barrio de Barracas, ellos iban a una escuela y yo iba a la de al lado. Y con Albertito [Verenzuela] también nos conocemos desde esa época que vivíamos en el mismo barrio. Fuimos al secundario juntos y cuando salíamos de la escuela nos juntábamos a escuchar música. Todo comenzó golpeando cosas, haciendo ruidos y llevando el ritmo con vasos, caños, cajas de herramientas. Al año nos decidimos por comprar instrumentos y conseguimos una batería. Carlos fue el primero para anotarse en tocar la batería, Pepe pegó una guitarrita y empezamos sin saber tocar ningún instrumento pero así hicimos las primeras canciones. En el 82, en plena guerra, participamos en un festival en un colegio para recolectar fondos y ahí nos presentamos por primera vez con mi hermana, que se hizo cargo de las voces porque ninguno de nosotros cantaba. A partir de ese momento comencé a estudiar piano con una señora en el barrio, en el 85 ingresé al conservatorio, también estudié con Jorge Navarro un poco de jazz y dos años hice en la Escuela de Música Popular de Avellaneda, eso fue muy enriquecedor porque pude ver folklore, jazz y tango. El resto fue crecer con la música, aprender en la ruta, prueba y error y ver esas cosas que no se aprenden con ningún profesor.

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